Un reencuentro que Sevilla necesitaba
El restaurador Pedro Manzano ha acudido al plató del programa La Pasión TV, conducido por el periodista Víctor García Rayo, para compartir sus emociones e impresiones tras culminar la restauración de la Esperanza Macarena. La entrevista comenzó con García Rayo evocando la intensa emoción colectiva que rodeó el regreso de la Virgen, recordando “las lágrimas de las personas, en esas colas, en esos ojos vidriosos” y destacando que durante los días de ausencia la ciudad vivió un profundo desajuste espiritual que solo se reparó con su retorno. Explicó cómo una “muralla entera de gente” esperaba la aparición de la imagen y subrayó que confiaba plenamente en Manzano y en “las palmas espontáneas, nada prefabricado” que surgieron tras la restitución al culto. Incluso admitió que, al ver llorar al restaurador en varias ocasiones, él mismo se emocionaba, convencido de que la ciudad recuperaba su equilibrio con la presencia de la Virgen.
El regreso que puso todo en su sitio
Durante la emisión se rememoró el momento en que se abrieron las puertas del templo y la imagen apareció al fondo del pasillo central, rodeada de rosas y bajo la mirada de su Hijo. Según García Rayo, todos “encajaron el cuerpo y suspiraron”, como si la vida devocional de Sevilla hubiera retomado su curso natural. La redacción del programa recogió numerosos testimonios en redes sociales, que aludían a “la niña de San Gil”, a la orfandad emocional causada por su ausencia y al alivio de volver a ver a “la de los ojitos bonitos” sin filtros ni pantallas.
La devoción que traspasa hermandades
En el plató se subrayó que la Macarena forma parte del sentimiento común de la ciudad. García Rayo recordó que “la Macarena es de todos aunque no seamos hermanos”, señalando que la devoción popular no entiende de límites formales. Solo tras esta reflexión intervino Pedro Manzano, responsable del proceso de restauración que devolvió la estabilidad estética y material a la imagen.
“Siento una enorme felicidad y tranquilidad”
Manzano explicó que atraviesa días de enorme felicidad tras la restitución de la Virgen al culto, impresionado por la acogida unánime. Relató que los casi cuatro meses de intervención transcurrieron con rapidez sorprendente, pese a tratarse de jornadas continuas y la compatibilidad con otros proyectos. Admitió que comenzó la restauración con alta concentración y preocupación, siguiendo estrictamente el plan aprobado por los hermanos. Hubo momentos complejos, pero también decisivos, como la recuperación de la línea palpebral original, que devolvió a la imagen la profundidad característica de su mirada y que supuso para él un alivio determinante.
Un proceso técnico minucioso y documentado
El restaurador confirmó que el comunicado de la hermandad describía con exactitud lo realizado, una intervención que resolvió problemas estructurales y recuperó la integridad artística y cromática de la talla. Explicó que combinó criterios de restauración y restitución postraumática según cada área, eliminó barnices y añadidos, repuso pestañas siguiendo fotografías históricas, limpió la policromía respetando su envejecimiento natural y trató la mancha histórica de la mejilla izquierda estabilizando su soporte sin borrar su memoria visual. Conservó surcos de lágrimas y otras anomalías históricas, “muy matizadas”, y realizó un procedimiento similar en las manos, retirando reintegraciones recientes para permitir que la huella devocional reaparezca de manera natural.
Detalló que se emplearon todas las técnicas disponibles, desde radiografías y endoscopia hasta análisis físico-químicos, quedando pendiente solo el resultado del carbono 14. Para retirar materiales añadidos utilizó bisturí y aumentos ópticos con extrema precisión, apoyándose en documentación radiográfica que mostraba la ubicación exacta de los párpados. También consolidó un diente fisurado detectado mediante endoscopia.
La presión emocional y el ruido externo
Reconoció que la restauración coincidió con un periodo de tensión interna en la hermandad debido al contexto electoral y otras controversias, aunque aseguró que logró mantenerse al margen para centrarse exclusivamente en la recuperación artística y espiritual de la imagen y en los plazos previstos, considerando primero los cultos de diciembre y, si no era posible, la Cuaresma.
La Macarena, a centímetros
Recordó la impresión que le produjo la evaluación inicial de la imagen. A pesar de las alteraciones visibles, afirmó que “en el fondo estaba la Macarena”, una certeza que resultó fundamental para todo el proceso. Elogió su modelado, construcción formal, la policromía original preservada y el valor que aporta el paso del tiempo, algo que “no se consigue en un rato”. Contó que le hablaba con naturalidad durante los trabajos y que incluso llevó consigo peticiones de devotos, como la de un vecino cuya emoción compartió al mejorar la salud de su madre.
El reconocimiento espontáneo de la gente
Las imágenes de la ovación que recibió al salir al atrio lo dejaron completamente abrumado. Confesó que no está acostumbrado a ese tipo de manifestaciones públicas y que se sintió desorientado hasta el punto de que “se me cayeron los guantes”. Explicó que acciones cotidianas como aparcar su moto se han convertido en momentos de encuentro con devotos que desean agradecer su trabajo. Interpretó estas muestras como signo de cariño, aunque reiteró que el protagonismo es exclusivamente de la Virgen. Tomó con naturalidad comentarios humorísticos difundidos en redes, como la propuesta de levantar una escultura en su honor o plantar un árbol con su apellido.
Una restauración integral, no una corrección parcial
Ante quienes creen que su intervención corrige la de Arquillo, Manzano aclaró que no se trató de rectificar un trabajo anterior, sino de una intervención integral que abarcó estructura, policromía y unidad estética. Señaló que el objetivo era llegar a la esencia, retirar capas superpuestas y reintegrar cromáticamente con rigor para evitar disonancias. Insistió en que no se ha retrocedido ni avanzado históricamente en su apariencia, sino que se ha llegado exactamente “hasta donde había que llegar”. La similitud con fotografías antiguas se debe al estado óptimo de la policromía limpia y estabilizada.
El instante en que supo que había terminado
Explicó que el final del proceso consistió en múltiples revisiones sucesivas, dejando reposar el trabajo para evaluarlo después con distancia, un ciclo que podría haberse prolongado indefinidamente. Alcanzó un punto en el que comprendió que no había nada más que mejorar. Tras ello, la comisión técnica revisó la intervención y señaló algún pequeño detalle que fue corregido. Subrayó la importancia de reproducir en el taller la misma iluminación de la Basílica, medida previamente junto al fotógrafo Emilio Sáez, para asegurar una percepción cromática idéntica a la real.
La dimensión humana del restaurador
Manzano admitió que aún no ha vivido su despedida interior de la Virgen porque ha ido y venido varias veces y todavía debe regresar. Confesó que las muestras de afecto de personas mayores, jóvenes y niños lo han conmovido profundamente; muchos se acercaron con los ojos vidriosos, algo que para él demuestra la fuerza de la devoción.
Una intervención que marca una trayectoria
El entrevistador destacó que esta restauración marcará un antes y un después en su carrera. Manzano afirmó que trabajar sobre una imagen con semejante carga devocional deja una huella inevitable y señaló que, como creyente, siente que Dios y la Virgen lo han guiado hasta este trabajo. Recordó que su vocación nació en Sevilla en 1979 al llegar para estudiar Bellas Artes y descubrir la restauración gracias al profesor Arquillo, y consideró una auténtica fortuna haber podido dedicar su vida a esta profesión.
Mirar a la Esperanza después de la Esperanza
Explicó que siempre ha tenido presente la advocación de la Esperanza por haber intervenido en otras imágenes con ese nombre, pero reconoció que tras esta restauración la relación adquiere una dimensión distinta. Lo que comenzó siendo una labor técnica se ha convertido también en una experiencia espiritual. La entrevista concluyó con el reconocimiento unánime del programa a un profesional que, según él mismo expresó, “solo ha dado un paso al lado”, convencido de que la protagonista absoluta seguirá siendo la Esperanza Macarena.
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