A contracorriente | ¿Toda la culpa fue de Cañero?

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El tiempo suele dar perspectiva, cuando estás abierto a mirar los acontecimientos con la apertura necesaria. Y, en ocasiones, no hace falta demasiado para apercirte de ciertos denominadores comunes, de ciertos esquemas insalvables. 

Uno de ellos parece estar en el área de Estación de Penitencia de la Agrupación de Cofradías de Córdoba. Decimos área, porque durante más de una década recuerda a un coto de caza, al que solo le falta la chapa con su blanca y negra en la puerta, cual alerta para que no te metas, ya que pueden escaparse balas (metafóricas, por supuesto), en forma de tiempos de paso, formas cuestionables y órdenes de carrera oficial inflexibles. 

En ese arsenal ilimitado de munición mayor de gobierno que parecen poseer los vocales de estación de penitencia, solo se moja la pólvora en las magnas, cuando la guerra de pasos en la calle aprieta y los órdenes saltan por los aires y vuelven a caer como napalm. 

Y esa gasolina le ha caído encima a la cofradía del barrio de las Palmeras, que tendrá que regresar a su templo cerca del amanecer del Jueves Santo, porque el orden de paso es el mismo, últimos, y de la comprensión que le ha faltado al Cabildo, también ha adolecido la vocalía y dos hermandades más. 

Es su problema, puede que hayan pensado los implicados, o no. Pero la situación es esa. Lo que lleva a pensar que, tal vez, lo que sucedió con la entrada fallida de la Presentación al Pueblo (la cofradía de Cañeto) al Miércoles Santo, a lo mejor no fue solo culpa de una de las partes y estos mismos actores también pusieron de su parte.