Sevilla

Veinticinco años coronada

Fue el día 25 de Marzo de 1994 cuando, en el transcurso de la homilía de la Función del Triduo anual a Nuestra Señora de la Encarnación, el Arzobispo de Sevilla Fray Carlos Amigo Vallejo, anunció a los fieles que abarrotaban la parroquia de San Benito la próxima coronación canónica de la Virgen de la Encarnación, pues según sus palabras, al celebrarse el Año Internacional de la Familia, el acto serviría como “signo de veneración a la que es Madre de Dios y ejemplo de lo que debe ser una familia, y también para hacer un homenaje a la nobleza de nuestra familia, que son nuestros mayores, los ancianos”. Como pórtico a este acontecimiento se organizó un ambicioso programa de actos. 

El cartel anunciador de tan magno evento mariano fue obra del artista sevillano Antonio Joaquín Dubé de Luque; su presentación tuvo como marco los jardines de la residencia de ancianos de las Hermanitas de los Pobres. En el transcurso del acto se estrenaron tanto el Himno de la Coronación, compuesto por el artista sevillano Pascual González, a la sazón hermano de la Cofradía, e interpretado para los presentes por la Coral San Felipe Neri; como la marcha procesional Encarnación Coronada, del maestro Abel Moreno, a cargo de la Banda de Música del Regimiento de Soria nº9. El Pregón fue pronunciado por Manuel Rodríguez Hidalgo, en el Teatro Lope de Vega el domingo 27 de noviembre a las doce del mediodía; abrió el acto la Banda Municipal de Sevilla con la interpretación de Corpus Christi, que dio paso a la presentación del pregonero a cargo del cofrade y también hermano de la corporación Juan Antonio Martos Núñez. A continuación, la marcha Encarnación Coronada daría entrada a la exaltación del Sr. Rodríguez Hidalgo. 

El 6 de diciembre de 1994. La Hermandad tenía previsto un precioso y marianísimo acto como era el rezo del Angelus, y el lugar escogido para ello, como no podía ser otro, la Plaza del Triunfo, a los pies del monumento a la Inmaculada Concepción de María; con esta previsión, el itinerario previsto para llegar a la Catedral sería: San Benito, Luis Montoto, La Florida, Menéndez y Pelayo, Santa María la Blanca, San José, Madre de Dios, Fabiola, Mateos Gago, Rodrigo Caro, Plaza de la Alianza, Joaquín Romero Murube, Plaza del Triunfo, Santo Tomás, Avenida de la Constitución y Puerta de San Miguel. No obstante, las obras que se realizaban en el entorno del Templo Metropolitano imposibilitaron hacer ese recorrido, y hubo que escoger uno alternativo al llegar a la calle Mateos Gago, bajando por la misma hasta la Plaza Virgen de los Reyes, Placentines, Alemanes, Avenida de la Constitución y Puerta de San Miguel. Antes de la salida, y como si de un Martes Santo se tratara, el Jefe Superior de Policía Sr. Fernández Ramos, hizo entrega al Hermano Mayor de la imagen en plata del Santo Ángel, para la delantera del paso de palio.

Para su ida a la Catedral la Virgen se entronizó en su paso de palio, finamente exornado a base de claveles blancos; el ajuar era el de Martes Santo, aunque tocada con la diadema realizada por Manuel de los Ríos Navarro y que fuera ofrenda de la cuadrilla de costaleros; en el pecho lucía las medallas que le ofrecieron las hermandades de la Macarena, San Roque, Esperanza de Triana y María Santísima de las Angustias (Los Gitanos), además del broche del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla y la Medalla de la Ciudad. Alboreaba la mañana, sobre las ocho y media, cuando la Virgen, sobre su palio, asomó por el dintel de la Parroquia de San Benito, siendo recibida con una salva aplausos mezclada con la Himno Nacional, repique de campanas y una lluvia de pétalos a los sones de Encarnación de la Calzada. Desde ese momento, y acompañada por la Coral de Polifonía Sacra de Sevilla, se fue rezando hacia el templo metropolitano el Santo Rosario dirigido por el Rvdo. D. Pedro Álvarez Barrera, y a las doce de la mañana, como estaba previsto, se rezó el Angelus, que si no pudo hacerse en la Purísima, ello sirvió para vivir un emotivo momento en el Convento de la Encarnación, donde fue cantado por la comunidad de religiosas. Poco después de la una del mediodía entró en la Catedral por la Puerta de San Miguel, quedando el paso en el trascoro, y dirigiendo a continuación una alocución a los presentes Monseñor Amigo Vallejo, Arzobispo de Sevilla. 

El solemne Pontifical en el transcurso del cual sería coronada Nuestra Señora de la Encarnación se oficiaría en la seo hispalense el sábado 10 de diciembre de 1994 a las doce de la mañana; calculándose en más de cuatro mil las personas asistieron al histórico acontecimiento. El majestuoso altar de la coronación, al igual que durante el Triduo celebrado en las naves catedralicias, levantado en el trascoro sobre el entarimado del Monumento del Jueves Santo, tenía como fondo el tapiz oriental de la Catedral; y bajo el dosel, el paso aparecía rodeado por un frontal realizado con los respiraderos y faldones del palio de Nuestra Señora de la Hiniesta, sobre el que se situaron las jarras de este paso, exornadas con claveles blancos en fanal, entremezclándose a izquierda y derecha con los ciriales que acompañan a los pasos cristíferos de la Hermandad de San Benito Delante del palio de Nuestra Señora de la Encarnación se colocó parte de la candelería del palio de Nuestra Señora de Consolación de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Sed. La Santísima Virgen lucía su manto procesional de Fernández y Enríquez, toca de sobremanto de José Guillermo Carrasquilla Perea, saya de terciopelo azul marino también de Fernández y Enríquez; el día de la coronación, la Virgen estrenó un tocado de encaje antiguo de Chantilly.

Concluida la homilía, tomaron la corona los padrinos, Sor Cecilia Martín, Madre Superiora de las Hermanitas de los Pobres, y Pablo Gotor Arenas, residente en el asilo, entregándosela al Prelado que ascendió al paso por una escalinata situada en un costero del mismo, e imponiéndola solemnemente sobre las benditas sienes de la imagen, coronaba canónicamente a Nuestra Señora de la Encarnación, entre repicar de campanas de la Giralda y los majestuoso sones del órgano catedralicio, en el que el maestro Ayarra, canónigo de la seo hispalense, interpretaba Encarnación Coronada.

Tras las emociones vividas en la Santa Iglesia Catedral de Sevilla, ahora llegaba el momento de regresar al barrio de La Calzada, el mismo sábado 10 de diciembre. Monseñor Amigo, sobre las seis y media, dio la primera levantá, iniciándose así la procesión, que recorrió antes de salir a la calle, las naves catedralicias para hacer estación ante la Capilla Real y la capilla donde reposan los restos del Cardenal Bueno Monreal (allí levantó el paso Monseñor Cirarda); pasadas las siete de la tarde, cruzaba el dintel de la Puerta de San Miguel, y tras la Marcha Real los sones de Encarnación Coronada. Ya en el popular barrio de la Viña, núcleo histórico de La Calzada, con todas sus calles engalanadas y consecutivas lluvias de pétalos, y al paso por la Residencia de las Hermanitas de los Pobres, se vivieron los momentos más emotivos del triunfal regreso.


Fuente documental Hermandad de San Benito

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