La Hermandad de la Paz y Esperanza de Capuchinos se suma el gran número de corporaciones cordobesas que en estos meses celebran elecciones al cargo de Hermano Mayor. Un periodo electoral que ha sido acogido con bastante desinterés, tanto por la opinión pública como por los hermanos de la corporación capuchina, habida cuenta de la escasa participación que se ha producido en el Cabildo Extraordinario de elecciones, comparado con convocatorias anteriores, alguna de ellas coincidente con partidos mundialistas de la selección española que gozó de una afluencia que triplicaba a la de este domingo.
Cabildo por cierto, cuya convocatoria podría haber sido perfectamente impugnada en la medida de que los hermanos de la corporación no han recibido en sus casas comunicación oficial individualizada al respecto, tal y como recoge el artículo 32 de la Normativa Complementaria al Estatuto Marco, que versa sobre las elecciones en las hermandades, que impone que “Una vez nombrada y constituida la Junta Electoral, ésta convocará las elecciones mediante comunicación personal a todos los hermanos con derecho a voto en la que deberán especificarse con detalle los plazos que regirán la elección, que deberán ser como mínimo los siguientes […]” La inexistencia de impugnación alguna evidencia la indiferencia con que el proceso ha sido recibido por quienes no apoyan la gestión del máximo representante de la corporación.
Enrique Aguilar, único candidato en liza, algo lógico teniendo el cuenta el préstamo suscrito por la hermandad franciscana hace apenas unos meses en condiciones manifiestamente mejorables, ha renovado la confianza mayoritaria de sus hermanos para los próximos cuatro años, en los que la hermandad tiene por delante la Coronación Canónica de su titular mariana, prevista para 2020. El hermano mayor electo ha recibido el apoyo de 117 hermanos, frente a 11 en contra y seis en blanco, lo que supone un apoyo de poco más del 43 % del recibido hace escasamente cuatro años (269 votos), lo que puede ser consecuencia de la inexistencia de candidatura alternativa, pero también del hastío de buena parte de los hermanos de la Paz que han vivido este proceso electoral como si jamás se hubiese producido. Todo ello pese a que, tanto desde la candidatura de Aguilar como desde las propias cuentas oficiales corporativas, se ha llamado insistentemente al voto apelando a la importancia de un proceso al que pocos han concedido la trascendencia deseada.
Sea como fuere, el resultado demuestra el indiscutible liderazgo entre sus partidarios del que goza Aguilar. Un liderazgo que se ha traducido en destituciones de capataces, cambios de estilos musicales e incluso en la modificación en la fisionomía de la cofradía el Miércoles Santo sin que su figura haya perdido ni un ápice del poder absoluto detentado, más bien al contrario, cualquier atisbo de oposición se ha diluido como un azucarillo, aunque el número de correligionarios, a la vista de los resultados se ha visto reducido a menos de mitad.





