A punto de comenzar una nueva Cuaresma, Gente de Paz vuelve a rescatar la memoria de una figura trascendental en la historia de la Semana Santa: Fray Ricardo de Córdoba. Su legado, tanto en el ámbito espiritual como en el artístico, sigue presente en numerosas hermandades de toda Andalucía. Su visión renovadora, su carisma y su profunda fe marcaron un antes y un después en la manera de concebir la estética de la Semana Santa.
Uno de los cofrades que mejor conoce su vida y obra es Alejandro Aguilar (Córdoba, 1993), historiador, hermano de la Hermandad de la Paz y autor de un libro que en unos meses verá la luz, sobre el legado histórico-artístico de Fray Ricardo de Córdoba, con la editorial Almuzara. Un libro que será prologado por Juan José Primo Jurado, director del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía.
Alejandro Aguilar es graduado en Historia y experto en Archivística por la Universidad de Córdoba, técnico superior en Gestión y Marketing, además de contar con un máster en Liderazgo y Oratoria: Desarrollo personal y gestión de equipos por la Universidad de Málaga. Aguilar se ha sumergido en la vida de Fray Ricardo con el objetivo de reivindicar su importancia en la Semana Santa andaluza.
En esta entrevista, nos adentramos en la vida y legado de este fraile capuchino y en la necesidad de darle el reconocimiento que merece en su ciudad natal.
«En su juventud, Fray Ricardo tuvo ciertas dudas sobre si ingresar en la Orden Carmelita o en la Orden Capuchina»
–¿Cómo nace la idea de realizar este libro?
La idea surge de la necesidad de rescatar y documentar la inmensa labor de Fray Ricardo en el ámbito de la Semana Santa, no solo en Córdoba, sino en toda Andalucía. Su figura ha sido clave en la evolución estética y espiritual de muchas hermandades, pero hasta ahora no existía una obra que recogiera de forma rigurosa su legado. Quise llenar ese vacío y, sobre todo, ofrecer un testimonio fiel de su influencia. Desde siempre me ha fascinado la Semana Santa y su evolución a lo largo del tiempo. Fray Ricardo de Córdoba es una figura clave en esta transformación, no solo en Córdoba sino en gran parte de Andalucía. Su visión estética, su entrega a la religiosidad popular y su papel en multitud de hermandades lo convierten en un personaje fundamental. Me di cuenta de que su legado merecía un estudio profundo y serio, y así nació la idea de este libro. Me sirvió como base el trabajo final de grado que realicé sobre su legado, cuando finalicé mi etapa universitaria. Ahora es un proyecto de ampliación y mucho más minucioso.
«La figura de Fray Ricardo ha sido clave en la evolución estética y espiritual de muchas hermandades, pero hasta ahora no existía una obra que recogiera de forma rigurosa su legado»
–¿Qué nos vamos a encontrar en esta obra?
El libro es un recorrido por la vida y la obra de Fray Ricardo de Córdoba. Se estructura en diferentes secciones que abarcan desde su infancia, formación y vocación religiosa hasta su impacto en la Semana Santa andaluza. También se analiza su pensamiento, su particular manera de entender la religiosidad popular y su forma de transformar la estética cofrade. Incluye testimonios de personas que lo conocieron de cerca y un análisis detallado de sus aportaciones artísticas.
«No se cansaba nunca de hablar de san Francisco ni del carisma franciscano»
–En tu investigación, ¿Descubriste algo sobre los primeros años de vocación de Fray Ricardo?

Sí, y es un aspecto muy interesante de su biografía. En su juventud, Fray Ricardo tuvo ciertas dudas sobre si ingresar en la Orden Carmelita o en la Orden Capuchina. Su vinculación con los carmelitas venía del Colegio del Carmen, donde estudió, lo que lo acercó mucho a esa espiritualidad. Pero, por otro lado, vivía en la Puerta del Rincón, junto a la Plaza de Colón, y acudía asiduamente a Capuchinos para escuchar misa. Fue su relación con los frailes capuchinos, y en particular con Fray Alejandro, lo que terminó inclinando la balanza. Según el fraile Fernando Linares, Fray Alejandro era muy amigo de la familia, principalmente, de las tías y de la madre de Fray Ricardo. Él fue, de alguna manera, el enlace para que descubriera su vocación Capuchina.
La cercanía, el carisma y la sencillez franciscana lo conquistaron. Ese contacto directo con los capuchinos fue determinante para que decidiera seguir su camino dentro de la Orden Capuchina, donde dejó una huella imborrable. En una entrevista concedida a la Televisión Municipal en el año 1995, en primera persona, el fraile consideraba el modelo de vida de san Francisco como envidiable. Su manera de querer e interpretar a Jesucristo fue lo que más le llamó la atención. No se cansaba nunca de hablar de san Francisco ni del carisma franciscano.
–¿Ha supuesto mucho trabajo?
Muchísimo. Ha sido, y sigue siendo, un proceso largo de investigación, entrevistas y documentación. Además de las entrevistas a personas que lo conocieron, estoy trabajando con actas y boletines de hermandades, así como con el legado personal que su familia donó a la Agrupación de Hermandades y Cofradías, que actualmente se custodia en el Archivo del Obispado de Córdoba. Todo esto ha supuesto un trabajo exhaustivo de recopilación y análisis de información.
La envergadura del proyecto es considerable, ya que es la primera obra de investigación sobre la figura de Fray Ricardo de Córdoba. De hecho, con la propia editorial Almuzara hemos tenido que demorar unos meses su publicación debido a la profundidad del trabajo y a la cantidad de material que estamos manejando. Queremos que sea una obra rigurosa y bien fundamentada.

–¿Cómo fue la vuelta de Fray Ricardo a Córdoba después de tantos años?
Fray Ricardo regresó a una Córdoba cofrade muy distinta a la que dejó. Aunque nunca perdió el contacto con las hermandades con las que trabajó en su época de plenitud, se encontró con una Semana Santa que había evolucionado en muchos aspectos. Nuevas hermandades estaban surgiendo, había cambios en la estética procesional y en la forma de vivir la religiosidad popular.
Aun así, él venía a disfrutar. Venía a disfrutar de todo lo que había hecho, de todo lo que había creado y, al mismo tiempo, de lo que estaba descubriendo. Le fascinaba ver cómo nuevas cofradías tomaban forma y aportaban su propia identidad. Sin embargo, creo que, aunque nunca perdió su genialidad ni su espíritu dinámico, su regreso a Córdoba fue más pausado. Venía a observar, a dejarse sorprender. Quizás con menos ímpetu que en otros tiempos, pero con la satisfacción de quien sabe que ha dejado una huella imborrable. Aún así, le dio tiempo a reorganizar el Redil Eucarístico de la Divina Pastora de Capuchinos.
«Fray Ricardo fue, sin duda, un artista en mayúsculas. Autodidacta incansable que, a lo largo de su vida, asumió facetas tan diversas como la de predicador, pintor, diseñador, pregonero, exaltador y, por supuesto, sacerdote»
-¿Qué supone para ti la figura de Fray Ricardo?

Para mí, Fray Ricardo es una de las figuras más importantes de la Semana Santa contemporánea. No solo por su capacidad artística y su influencia en el diseño de hermandades, sino porque tenía una visión muy clara de lo que debía ser la religiosidad popular. Su amor por la Semana Santa, su cercanía con la gente y su empeño en dignificar las cofradías lo convirtieron en un referente. Desgraciadamente, al fallecer con 72 años y de manera repentina, dejó mucho por hacer y por descubrir.
–Has realizado varias entrevistas a distintas personalidades para dar luz a Fray Ricardo ¿Qué aportan a la obra?
Las entrevistas aportan una visión muy humana y cercana de Fray Ricardo. Cada testimonio añade matices a su figura: anécdotas, recuerdos y detalles que nos permiten comprender mejor su carácter y su obra. Son testimonios de personas que lo conocieron de primera mano y que ayudan a construir un retrato más completo. Fray Ricardo fue, sin duda, un artista en mayúsculas. Autodidacta incansable que, a lo largo de su vida, asumió facetas tan diversas como la de predicador, pintor, diseñador, pregonero, exaltador y, por supuesto, sacerdote. Todas esas vertientes, aparentemente dispares, se resumían en una sola persona: un hombre profundamente culto, que con su formación autodidacta y su incansable deseo de aprender, alcanzó un nivel de conocimiento que sobrepasaba lo meramente religioso.
«El Capuchino ha sido, hasta la fecha, el sacerdote que más veces ha predicado el Septenario de la Esperanza Macarena, incluso superando al sacerdote jesuita Ramón Cué»
-¿Vamos a descubrir nuevas facetas de su figura en este libro?

Sí, sin duda. Hay aspectos de su vida y su obra que no se han tratado en profundidad hasta ahora. Por ejemplo, su faceta como predicador, su relación con los jóvenes de las cofradías o su proceso creativo a la hora de diseñar pasos y hermandades. También su manera de entender la religiosidad popular y la influencia que tuvo en otras ciudades fuera de Córdoba.
Fray Ricardo tuvo mucha vinculación con hermandades fuera de Córdoba. En Sevilla tuvo vinculación con la hermandad de los Negritos, Montserrat, los Panaderos, la Lanzada…En la hermandad de la Macarena tuvo una gran amistad con José Mena Martagón, prioste de la Virgen, y con Manolo García, quien llegase a ser Hermano Mayor (2009-2017) y Medalla de Oro de la hermandad, actual número dos en la nómina de hermanos. Fray Ricardo lo casó en segundas nupcias. El Capuchino ha sido, hasta la fecha, el sacerdote que más veces ha predicado el Septenario de la Esperanza Macarena, incluso superando al sacerdote jesuita Ramón Cué. Su vinculación con la Macarena fue a través de su contacto con el grupo “Donantes de flores del mercado de la Encarnación”, al que se unió siendo joven.
“Mis apellidos son muy bonitos, pero me gusta más Córdoba que mis apellidos”
–El religioso utilizaba el apellido ‘De Córdoba’ ¿Se le ha hecho justicia en su ciudad?
“Mis apellidos son muy bonitos, pero me gusta más Córdoba que mis apellidos”. Esta frase, del propio sacerdote, nos da ya una muestra de lo importante que para él era la ciudad de Córdoba. Pienso que Córdoba todavía tiene una deuda con Fray Ricardo. Su aportación a la Semana Santa de la ciudad es incuestionable, pero quizás no se le ha reconocido lo suficiente. Me ha sorprendido gratamente la valoración y el buen recuerdo que de él tienen en otras ciudades donde dejó también su huella, como Sevilla o Cádiz. En Córdoba aún son muchos los amigos y familiares del sacerdote que siguen reivindicando un espacio que esté a la altura de lo que él hizo. Es cierto que se le dio nombre a un jardín, actualmente denominado Jardín de Fray Ricardo de Córdoba, lo cual fue un bonito gesto. Este espacio se encuentra entre la calle Burell y la plaza de Capuchinos, lugares donde desarrolló gran parte de su vida sacerdotal y personal. Sin embargo, quizá el reconocimiento debería ser mayor, con un homenaje más significativo, como una calle de mayor relevancia o incluso un busto que perpetúe su memoria en un espacio emblemático de Córdoba.
«En Córdoba aún son muchos los amigos y familiares del sacerdote que siguen reivindicando un espacio que esté a la altura de lo que él hizo»
–¿Cómo de importante es su aportación para las cofradías cordobesas?
Su aportación es inmensa. Transformó la Semana Santa de Córdoba, tanto a nivel estético como espiritual, me atrevería a decir. A la faceta de sacerdote debemos añadirle otras muchas: predicador, pregonero, diseñador, vestidor…Revitalizó la vida cofrade cordobesa. Sin su influencia, la Semana Santa cordobesa no sería lo que es hoy. Es obligación de todos los que tuvimos la suerte de conocerlo que su legado sea transmitido y que los más jóvenes sean conocedores de su trabajo. Su forma de entender la Semana Santa sigue inspirando a hermandades y a cofrades.
«Transformó la Semana Santa de Córdoba, tanto a nivel estético como espiritual»
-¿Cuál fue el punto de inflexión del sacerdote Capuchino?
Sin duda, la enfermedad y el fallecimiento de su madre lo marcaron profundamente. Fray Ricardo la cuidó hasta el final y siempre la tuvo muy presente en su vida. Aquella experiencia no solo reforzó su carácter, sino que también influyó en su forma de entender la fe y su dedicación a los demás. Su amor por la Virgen María, tan presente en su obra y en su discurso, también estaba ligado a esa figura materna que tanto significó para él.
–¿Qué es lo que más te llama la atención de Fray Ricardo?

Su pasión. Fray Ricardo vivía la Semana Santa con una intensidad única. No era un simple diseñador o director espiritual de cofradías; era alguien que creía profundamente en lo que hacía y que transmitía esa pasión a los demás. El espíritu dinámico de fray Ricardo supo contagiarlo a los que le rodearon. Sin duda, se encontró en la década de los 70 con un movimiento juvenil de la época que vio en él las ganas de transformar la Semana Santa. Se dio una simbiosis perfecta. Las ganas de ciertos cofrades que fueron claves en el devenir de la vida de fray Ricardo, como veremos en el libro. Él fue el artífice de que los mejores artistas de Sevilla empezaran a introducirse en la capital, pero sin las ganas y el deseo de cambio de aquel entonces, quizá la figura del sacerdote hubiese quedado diluida. Quiero que su legado quede documentado para futuras generaciones.
-Fray Ricardo de Córdoba era una persona con un carácter muy fuerte y una gran personalidad. ¿Cómo describirías su forma de ser y cómo se relacionaba con quienes le rodeaban?
Fray Ricardo era, ante todo, una persona humilde y entregada a su vocación, pero es cierto que todos los artistas tienen su puntito de ego, por así decirlo. A él le gustaba que le dieran su sitio, y con razón, porque se lo había ganado a pulso en muchas hermandades y en muchos lugares de Andalucía. No buscaba protagonismo, pero sabía perfectamente el valor de su trabajo y la importancia de su visión en la transformación de la Semana Santa.
«Sin duda, la enfermedad y el fallecimiento de su madre lo marcaron profundamente»
Además, fue una persona que no dejó indiferente a nadie, como suele ocurrir con todos los artistas. Su carácter fuerte iba de la mano de una sensibilidad enorme, y quienes lo conocieron de cerca destacan tanto su genio creativo como su capacidad de entrega y sacrificio por lo que amaba.
–De todas sus obras, ¿Cuál es tu favorita?
Es difícil elegir solo una. De hecho, Fray Ricardo dijo en cierta ocasión lo siguiente: “Mis cosas de la Semana Santa de Córdoba son todas distintas. ¿Qué tienen que ver el palio del Rosario con el de mi Virgen de los Ángeles de Capuchinos? ¿O el de la Merced con el de la Encarnación o el de la Virgen del Buen Fin? Puede haber siete chalets diferentes y hermosos, aunque todos se construyan con cemento, ladrillos y hierro. La obra artística es un todo, y cualquier elemento extraño o discordante desentona”.
«Su forma de entender la Semana Santa sigue inspirando a hermandades y a cofrades»
No obstante, si tuviera que destacar una, diría que su mejor legado ha sido y será la hermandad de la Sangre de Córdoba. Es un ejemplo perfecto de su estilo y de su manera de concebir una cofradía desde la raíz. Su impronta en esta corporación es total y resume bien su forma de entender la estética cofrade. Logró diseñar al completo una cofradía, desde el principio hasta el final.
Sin duda alguna, su aportación a la hermandad de la Expiración, destacando el diseño del palio y el manto de la Virgen del Rosario, también son muy significativos.
«No buscaba protagonismo, pero sabía perfectamente el valor de su trabajo y la importancia de su visión en la transformación de la Semana Santa»
–¿Cómo era la relación de Fray Ricardo con el Cardenal Carlos Amigo Vallejo?

La relación entre Fray Ricardo y el Cardenal Carlos Amigo Vallejo fue siempre cercana y de gran respeto mutuo, dado que ambos pertenecían a la Orden Franciscana. De hecho, Fray Ricardo solía dirigirse al Cardenal como «mi rey», según me ha podido atestiguar quien fuera su secretario personal, el hermano Pablo Noguera.
Como anécdota, cabe destacar que el Cardenal usaba con cierta frecuencia una mitra que Fray Ricardo diseñó y donó a través de las Madres Filipenses de Sevilla. Esta mitra tenía un significado especial, y fue precisamente la que el Cardenal Carlos Amigo Vallejo utilizó en el funeral que se ofició por Fray Ricardo justo un mes después de su fallecimiento, en el convento de Capuchinos de Córdoba. La mitra, que destaca por su diseño, presenta en el centro el emblemático abrazo franciscano.
–Como cofrade, ¿Cómo ves actualmente la Semana Santa?

Las hermandades gozan, por lo general, de un gran potencial, pero creo que debemos apostar más por el pensamiento crítico y el debate interno. Nunca he ocupado un cargo en junta de gobierno, pero si algo he aprendido en mi trayectoria cofrade es que una hermandad debe guiarse por la reflexión y el compromiso con sus valores fundacionales. Más allá de lo estético o lo organizativo, lo esencial es tener una visión clara de hacia dónde queremos ir. En ciertas hermandades se priman mucho, hoy en día, aspectos que deberían ser secundarios, sin tener un horizonte definido. Creo que las hermandades necesitan voces que piensen con independencia y que no se limiten a seguir inercias. Es fundamental preguntarnos si estamos realmente cumpliendo con los valores esenciales que deben guiar una cofradía. Las hermandades deben ser espacios donde se fomente el debate y la participación de todos los hermanos, sin miedo a las ideas nuevas o a la autocrítica. El saber adaptarse sin perder la esencia es vital para los años venideros.
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