Entrevista | Ángel Carrero: “Nosotros nos hemos enfrentado a proyectos, que todo el mundo nos decía que nos estábamos metiendo en la boca del lobo”

Ángel Carrero


En la siguiente entrevista, el capataz del Señor de la Caridad, del Cristo de la Expiración y de San Rafael reflexiona sobre aspectos como el oficio y la fe que deben amparar al costalero 

Todo el mundo habla de una generación de capataces que aprieta en la Semana Santa de Córdoba. Ellos abandonaron hace no demasiado la juventud y transitan por una etapa de madurez, que se proyecta en los pasos que mandan. Se ponen en ese momento varios nombres sobre la mesa y uno es el de Ángel Carrero.

Coincidimos hace muchos años en una institución muy alejada del mundo del martillo y, desde entonces, tuve claro que sería lo que quisiera en el mundo de las cofradías. Y eso se debe, en buena medida, a que como él mismo reconoce, las hermandades no son el centro de su vida, sino un complemento de su fe.

Partiendo de ese contundente paradigma, Ángel se ha trabajado y ganado un nombre en el mundo del costal y al frente de pasos como los de la Expiración, la Virgen de la Salud, el Traslado al Sepulcro, el Señor de la Caridad y San Rafael. Su trabajo ahí está y es incontestable. En la siguiente entrevista habla sin paños calientes de su concepto, no se la pierdan.

-¿En qué momento te encuentras como capataz?

En un momento de reflexión. En el equipo nos reunimos sobre el mes de noviembre y yo, normalmente, los meses de antes empiezo a preparar un poco el siguiente año. Y estoy en un momento de reflexión, porque quiero buscar un equilibrio entre que las cuadrillas tienen que ser de oficio -tienen que ser costaleros- y que, cuando se conforman esas cuadrillas sea un sitio donde Dios campee a sus anchas. 

“No puede haber una cuadrilla que no tenga oficio y que solo haya fe. Tampoco puede haber una cuadrilla donde solo haya oficio y no haya fe”

El papel de los capataces es gestionar cuadrillas, pero también que sea un sitio donde tú des ese punto de religiosidad y de encuentro con Dios. Transmitir ese equilibrio, que tengas un concepto claro de lo que es tu fe, quieras un grupo de costaleros de oficio y que cuando lo confecciones quieras después hacer que en ese grupo se vea a Dios, creo que es lo complicado. Ese es mi concepto y hacia donde quiero ir, sin descuidar ninguna de las dos patas, porque para mí es un 50-50. 

No puede haber una cuadrilla que no tenga oficio y que solo haya fe. Tampoco puede haber una cuadrilla donde solo haya oficio y no haya fe. Las cosas tienen que ir en paralelo. De hecho, el concepto de devoción lo estoy sustituyendo por el concepto de fe, porque tengo mi devoción de cofradía de cuna y de las que he decidido ser parte, pero cuando tienes claro el concepto de fe en tu interior, después te da igual que se llame como se llame. Y estoy en ese momento.

-¿El concepto de fe está presente en las cofradías, debajo de los pasos, o no?

Entiendo que sí. De hecho, a ningún costalero le pregunto si tiene fe cuando iguala en una cofradía, porque eso se presupone. Si te gusta jugar al fútbol estarás en un equipo de fútbol; si estás en cofradías es porque tienes fe o, por lo menos, ciertas inquietudes. Creo que a Dios se puede llegar de muchas formas y, aunque a lo mejor estés pasando por una crisis de fe, te sirve para no desconectar. Lo importante es no desconectar. Y al Señor hay muchas formas de acercarse y, espero, que la gente que está en las cuadrillas de costaleros tengan esa fe. 

De todas formas, la fe se tiene también que cultivar con ejercicios espirituales, retiros, catequesis, al margen de las cofradías. Las cofradías  -y en el caso específico de los costaleros- tienen que ser un complemento y encima tienes que tener oficio, resistencia… los pasos de vuelta los trae el oficio. Tenemos que tener esa formación religiosa, cristiana, que eso es la base de todo.

-¿Y el oficio cómo está en las cuadrillas actuales?

Muy bien. Habrá como todo, pero está bien. Me preocupa que hay chavales jóvenes que se quieren incorporar a las cuadrillas y les está resultando complicado. En Córdoba hay un muy buen nivel de cuadrillas, de capataces, pero si esto sigue evolucionando de la forma que lo está haciendo (estamos viendo a muchísima gente en muchísimos pasos, el otro día en Humildad vinieron 80 personas a pedir hueco y el año pasado fueron 140 personas, cada uno con sus circunstancias y condiciones, y vino muchísima gente joven), puede haber algunas generaciones que les va a resultar más complicado de lo normal ser parte de todo esto. Eso me preocupa.

-Cada vez hay más costaleros jóvenes y ¿puede que los costaleros que pasan de cierta edad no estén bien vistos por esa misma necesidad de relevo generacional?

Espero que no, porque un paso que tenga ese equilibrio entre la gente veterana y la joven es lo ideal, para que se vaya mezclando el agua con el aceite y, al final, todo se impregne. La gente adulta es importantísima en los pasos porque te aportan. En la igualá de Expiración, uno de los costaleros más veteranos de la cuadrilla, candidato a hermano mayor de la Esperanza, Javi Luque, el comportamiento de la cuadrilla es exquisito, pero especialmente exquisito es el de Javi y el de la gente de esa edad. Con lo cual, cuando vienes ya de vuelta, para la gente joven es un reflejo importantísimo.

“Me preocupa que hay chavales jóvenes que se quieren incorporar a las cuadrillas y les está resultando complicado”

Eso sí, bien entendido todo esto. El problema es cuando se entiende mal, tanto por parte de los jóvenes como por parte de los mayores. Pero la gente adulta, para las cofradías es un seguro y, sobre todo, una forma de transmitir valores que los más jóvenes tienen que recoger. Y tú, como capataz, tienes que lanzar los mensajes para que unos tengan la virtud de enseñar de una forma sencilla, y otros tengan la humildad de que haya una persona que le esté enseñando. Cuando se juntan esas dos generaciones, unos con ganas de aprender y otros con ganas de enseñar, creo que se pueden conseguir cosas muy buenas y yo tengo varios ejemplos.

-Hace unos meses hubo un ejemplo de relevo generacional forzado en Tres Caídas de Triana, donde los costaleros se tienen que jubilar con 50 años ¿Entiendes que haya cofradías que tengan que recurrir a esa medida?

No lo comparto. Entiendo e problema y no sé si nosotros llegaremos al punto de tener que hacerlo. Creo que el costalero tiene que ser consecuente y saber cuándo se tiene que retirar. Es muy duro que una junta de gobierno o un capataz, por llegar a un número de edad, tenga que ceder el testigo. Es ser consecuente con tu forma de entender todo esto, con tu forma de pensar. El cuerpo te va preparando, te va empezando a dar señales de que esto se va acabando y esas señales son duras. Tiene que ser muy desagradable tener que decirle a alguien “hasta aquí has llegado”. Nunca se me ha dado y espero que nunca se me de. Normalmente, la gente más adulta ha sido la que ha dado un paso al lado. Personas que podían tener años buenos todavía, pero entiendo que querían recordar todo esto bien, sin pasar más penurias de la cuenta. 

No soy partidario. Además, tengo a grandísimos costaleros superando los 55 años, que son costaleros de verdad, con todo el entorno de la palabra costalero y no me imagino prescindiendo de un costalero por el mero hecho de llegar a una edad. 

-Has dicho que hay mucha gente pidiendo sitio ¿Es muy duro decirle a alguien que no va a entrar en la cuadrilla?

Es muy duro. Yo he vivido en la penuria (risas). Cuando has vivido en una época en la que no era todo tan fácil, cuando tenías que empezar a construir una cuadrilla de cero, ver que se queda gente fuera es muy duro. Recuerdas cuando empezaste en esto, que tenías muchísima rotación de gente, recuerdas muchas cosas y el que se quede gente fuera -cada uno con su motivación- es muy duro.

“Tengo a grandísimos costaleros superando los 55 años, que son costaleros de verdad, con todo el entorno de la palabra costalero”

El otro día en la igualá de Humildad se quedó mucha gente fuera. Pero tienes la otra parte. Un tío como un carro, con 46 años, que ha sacado muchas cofradías, llevaba varios años intentando igualar en Humildad, de oficio (cuando digo oficio no me refiero solo a la fortaleza física, sino a un conjunto de atributos y no siempre tiene que tener el mismo criterio que tú), con saber estar, de las típicas personas que te gusta tener en tus cuadrillas porque aportan; verlo emocionarse a lágrima viva por entrar es la otra parte. Pero, por supuesto, es muy duro ver a chavales venir un año y otro. Ojalá y le pudiese hacer hueco a todo el mundo.

 -Has dicho lo que entiendes por tener oficio, pero ¿qué debe tener un capataz?

Son un conjunto de variables, pero lo primero que tiene que tener es fe en lo que está haciendo. Tienes que entender que las personas no son como tu quieres, sino como cada uno es, con sus fortalezas, con sus debilidades, con sus egos. Tienes que gestionar todo eso, liderar al fin y al cabo. Si me preguntas qué palabra tiene que reunir un capataz, creo que tiene que ser liderazgo. Y en un sentido muy amplio. Tienes que manejar conceptos técnicos; tienes que saber manejar grupos de gente; tienes que saber relacionarte con las juntas de gobierno.

Ese es para mí el concepto de capataz y el liderazgo está íntimamente relacionado con la capacidad de ilusionar. Nosotros nos hemos enfrentado a proyectos, que todo el mundo nos decía que nos estábamos metiendo en la boca del lobo. Nosotros pensamos muy bien siempre dónde nos metemos. Un muy buen amigo, Juan Berrocal, siempre decía que él ha dicho que no a más pasos de los que ha sacado y, muchas veces, el no también te ubica, te conceptualiza como capataz. Cuando nos han propuesto esos proyectos y hemos tirado hacia delante, ha sido esa capacidad de ilusionar y de encontrarnos proyectos que, sobre la mesa, eran muy complicados, después han sido muy duros pero muy gratificantes. Y el concepto de liderazgo tiene que estar unido al de capacidad de ilusionar. 

-Proyectos duros. Pon algún ejemplo.

Los tres (risas). Las tres cofradías que trabajamos son proyectos duros. Cuando empezamos con Expiración en el 2012 fue muy duro. Tenía poca experiencia, llevaba desde 2006 con José Peña en la Caridad, tuve alguna experiencia en la Entrada Triunfal, pero ahí me aventuré y fue muy duro. Había gente que me decía que quien se acuesta con niños se levanta mojado y respondía “no te preocupes, que sé muy bien lo que hago”. Entendía que el proyecto de Expiración era darle una vuelta por completo al concepto. De hecho, esos chavales llevan muchos años sacando cofradías, trabajando con muchos otros capataces, que les ha servido para evolucionar una barbaridad, porque creo que es bueno trabajar con varios capataces.

En la Caridad nos encontramos un reto, porque queríamos también darle una vuelta de tuerca importante a esa cuadrilla. Es un privilegio, porque es una cuadrilla súper obediente, buena gente, y había que cambiar algunas cosas y están involucrados y se han impregnado del concepto.

“Si me preguntas qué palabra tiene que reunir un capataz, creo que tiene que ser liderazgo”

El palio de la Salud fue otra experiencia muy bonita. Al principio fue dura, antes incluso de empezar a trabajar, porque se prejuzgó antes de hacer nada. Y haciendo las cosas con sentido común, dándole cabida a todo el mundo, al final se entendió el concepto con el que íbamos y todo se fue suavizando, normalizando. Y el último ensayo dentro de la Catedral, para mí, fue una de las grandes experiencias cofrades. Gestionar ese grupo en el Naranjo ha sido una de mis grandes alegrías de mi experiencia en el mundo de las cofradías. 

Proyectos difíciles pero llevados a cabo con capacidad de ilusionar y poniéndote en las manos del de arriba. Porque puedes ser el número uno de todo esto, pero si no sabes que esto es orden divina y que te ayuda a gestionarlo y a ponerte en sus manos de verdad, no tiene otra cabida.

-Antes de empezar la entrevista hablabas de autocrítica ¿Cuánto de ella debe tener un capataz y cómo afectan las críticas, positivas y negativas?

La autocrítica tiene que ser la base del crecimiento. Cuando se reúne el equipo (lo reitero siempre, el equipo tiene que ser mejor que tú), la capacidad de autocrítica tiene que ser alta. Sin llegar a martirizar. Al principio, cometí el error de ser excesivamente autocrítico, hasta el punto de no disfrutar de todo esto. Pero ser crítico con tu propio trabajo te va a hacer evolucionar. Cuando haces cosas buenas lo sabes y no hace falta regocijarte en lo bien que haces ciertas cosas. 

La crítica es lo que va a ayudar a que hagas cada vez mejor tu trabajo sin martirizarte. Y hay que saber que cuando estás expuesto a un trabajo público -a esta misma entrevista-, lo estás a la crítica constructiva y destructiva. Entender que no le gustas a todo el mundo y no por ello tienes que ser peor o mejor. La autocrítica es necesaria y también esa espalda ancha para soportar lo bueno y lo malo. 

-Y cómo se lleva lo malo.

Años (risas), seguridad en lo que estás haciendo y madurez. Las críticas no las recibes igual con 25 años, que es cuando empecé, que con 41, porque no es lo mismo, porque estás más seguro de ti mismo, tienes más seguridad en lo que estás haciendo; cuando tienes momentos de debilidad o inseguridad, siempre tienes a tu equipo apoyándote para darte ese apoyo. En mi caso concreto ha sido la experiencia, la seguridad de que no le tienes que gustar a todo el mundo y la seguridad en ti mismo de que tu proyecto, de tu concepto de lo que estás haciendo es por algo bueno.

“Al principio, cometí el error de ser excesivamente autocrítico, hasta el punto de no disfrutar de todo esto”

-Has nombrado a tu equipo en varias ocasiones ¿qué destacas?

Es que mi equipo es lo que hace que nos ilusionemos; es lo que hace que todo salga bien. Edu Capdevila: juventud, conocimiento. Javi Aceituno: paciencia, el temple. Miguel Garrido: juventud, buen trato, conocimiento. Miguel Ángel Petit: orden, trato, conocimiento del oficio. José Jara: excelente trato, una persona que está para todo, una persona que te gusta estar con ella y que los costaleros valoran mucho el trato con él. David, que se incorporó el año pasado a la Caridad: experiencia y de un trato excelente. Manolo: mucha experiencia debajo de los pasos y fuera. 

Todo se resume en que sea gente normal, que las cofradías no sean el centro de su vida. No quiero a nadie que el centro de su vida sean las cofradías, ni tampoco que te acaricie el lomo. Quiero gente que tenga trato humano, que sea permeable a los problemas de los demás, al equipo, al proyecto. Eso es lo que voy buscando en el equipo y lo reitero muchas veces, sobre todo, que sea un equipo mejor que tú.

-¿Cómo fue la primera vez que te pusiste delante de un paso?

Fue sacando al Señor de la Caridad, el Jueves Santo de 2006, con José Peña (El Americano) de capataz titular. Pensé que me moría. En la salida, por el Compás de San Francisco, pensaba que me estaba dando un infarto, con un dolor en el pecho de los nervios que tenía. Es verdad que José tuvo mucha paciencia, porque aguantar a un primerizo al lado, pegando voces, atacado de los nervios, fue curioso. Lo recuerdo con muchísima ilusión, con muchísimos nervios, totalmente inexperto. Tengo muy buenos recuerdos, pero desde el punto de vista técnico, como capataz, malísimos.

“No quiero a nadie que el centro de su vida sean las cofradías, ni tampoco que te acaricie el lomo”

-El momento más duro como capataz.

Fue en la Catedral, el Jueves Santo de 2022. Me gusta que, cuando se hacen acciones, no generen reacciones. Llegamos al Señor de la Caridad con un concepto totalmente distinto, ni mejor ni peor, al que había, heredado de los anteriores capataces. Llegamos con ideas nuevas, pero queríamos empezar a meter nuestro concepto en 2022 y en el 2023 hacer muchos cambios. 

En 2022 no hicimos muchos cambios y nos encontramos con menos gente, y en la Catedral, en el Patio de los Naranjos, la cuadrilla iba muy tocada. Ahí tienes que sacar ese liderazgo y levantar una cuadrilla cuando viene tocada. Coincidieron varias cosas: varios años de pandemia, ensayos de lluvia, muy pocos ensayos… Nos encontramos con una cuadrilla muy tocada en el Patio de los Naranjos y lo recuerdo como un momento muy duro, pero muy bonito. Porque esa cuadrilla se rearmó y se llegó a San Francisco. Al año siguiente hicimos muchísimos cambios y la verdad que el 2023 fue mi mejor año con diferencia.

“Cuando crees que no vas a hacer un buen trabajo o consideras que no es tu momento para hacer el trabajo que te gustaría hacer, hay que saber decir que no”

-El mejor momento.

No tengo recuerdo del mejor momento. Para mí, el mejor se repite cada año cuando me levanto el Sábado Santo por la mañana. Ese momento de ha salido todo bien, no ha habido ningún costalero que se haya hecho daño, hemos podido hacer estación de penitencia. La sensación de plenitud me llega el Sábado Santo por la mañana. Tengo mis momentos en que me acuerdo de mi familia, pido por ciertas cosas. En la calle tienes que estar muy concentrado en lo que tienes que hacer y me intento forzar a mi mismo porque quiero rezar a la imagen, disfrutar de la imagen. Cuando el equipo es el que está mandando es cuando tienes ese diálogo, disfrutas de la imagen, de ver el paso venir.

-Recordabas antes a Juan Berrocal y que había dicho que no a muchos pasos ¿Tú has dicho no?

Sí, claro.

-¿A muchos?

A lo mejor no era el momento, sobre todo, por eso. Y cuando crees que no vas a hacer un buen trabajo o consideras que no es tu momento para hacer el trabajo que te gustaría hacer, hay que saber decir que no.

-¿Todos los capataces saben decir que no?

No lo sé. Los casos que conozco, creo que sí. Las charlas que he tenido con Juan Berrocal tienen varias cosas que me encantaron y cuando Juan me comentaba todo este me sirvió para aprender. Siempre lo comento con el equipo, tenemos que estar muy seguros de lo que hacemos, porque cuando lo estamos es cuando tenemos esa capacidad de ilusionar. Si hay algún proyecto que no tenga la capacidad de generarte esa ilusión, no te metes. 

-¿De qué capataces has bebido?

Mi fuente ha sido Juan Berrocal. Me gusta mucho, no ya solo el trabajar con los capataces, sino el hablar con ellos. Me gusta mucho Carlos Lara, me parece un capataz como la copa de un pino. He trabajado con Curro solo un año y me impactó mucho. Y me encanta Pepe Fernández, un señor que solo ha sacado a su Merced, toda la vida a su Merced, que después de cuarenta años en el oficio decide retirarse cuando la cuadrilla está de dulce y cómo lo hizo. Yo tomé muy buena nota de lo que hizo y no sé si sería capaz de hacer lo que él hizo. 

También bebo de las fuentes de los costaleros y del equipo. Sigo siendo costalero y mientras pueda lo seguiré siendo. En los ensayos, cuando hablas con unos y con otros, para mí ha sido una fuente súper importante de conocimiento, mis compañeros. Y después eso lo he aplicado a las cuadrillas.

-Tanto como costalero, como capataz, ¿qué cofradías te gustaría sacar?

De capataz no te la voy a responder, porque me parecería una falta de respeto al capataz actual y no me gustaría que un capataz leyera que quiero sacar un determinado paso. De costalero, me hacía muchísima ilusión sacar el Cristo de la Buena Muerte y este año, gracias al Toreri (Rafael Ramírez Galvín), lo voy a poder cumplir, porque es mi cofradía materna. Y a los 41 años, por fin se han dado las circunstancias para poder hacerlo.