Entrevista | Carlos Lara: «Intentar contentar a todos es un desgaste sin fin»

Carlos Lara es, por trayectoria, conocimiento y solvencia, uno de los capataces más respetados y contrastados de la Semana Santa de Córdoba. Actualmente al frente de las cuadrillas de la Cena, la Redención y la Soledad, tres pasos de perfiles y personalidades bien diferenciados —pero con una trayectoria que ha abarcado la responsabilidad de ejercer de capataz en otras cofradías—, ha construido una manera de entender el oficio asentada en la exigencia, el compromiso, la escucha y, sobre todo, en la capacidad de comprender que bajo cada paso hay mucho más que costaleros: hay personas, vínculos y hermandad.

En esta entrevista concedida a Gente de Paz Información, Carlos Lara aborda con naturalidad algunas de las cuestiones que vertebran el presente y el futuro del mundo del costal cordobés: desde el trabajo cotidiano y la evolución de las nuevas generaciones hasta la personalidad que debe imprimir un capataz, la importancia de la implicación en la vida de hermandad y las distintas formas de caminar de cada paso. Una conversación en la que también reivindica el verdadero sentido de ponerse debajo de un paso, más allá de técnicas, cambios o protagonismos, y sitúa el amor a Dios y a María como razón última de una forma de vivir la Semana Santa.

«Lo mejor es ser tu mismo. Total, te van a criticar igual»


— ¿Eres partidario de trabajar con cuadrillas con picos de costaleros? En caso afirmativo, ¿en cuál o cuáles de tus cuadrillas consideras que tiene más sentido?

Sí, yo trabajo con picos. Hay varios motivos. Desde que haces la igualá al día de salida pasan mínimo dos meses y, en ese transcurso de tiempo, puede caerse de la lista cualquier costalero, así lo tienes cubierto. En cofradías con recorridos largos, como las que llevo, tampoco viene mal que, en un punto del recorrido, estés un poco más de tiempo descansando. Y otra razón es que me cuesta mucho dejar a gente fuera, así que, si puedo, meto uno más por palo. Alguno se queja, pero la gran mayoría lo ven bien.

gente

— Gestionas tres cuadrillas muy diferentes entre sí. ¿Les exiges a tus hombres el mismo nivel de compromiso y entrega en las tres, o estableces diferencias en función de las características de cada cuadrilla?

Por supuesto que se exige lo mismo. Hay costaleros que salen conmigo en los tres pasos y ellos son conscientes de que, llegada la Cuaresma, prácticamente todos los fines de semana hay un ensayo o dos. Pero hoy en día el nivel de compromiso de las cuadrillas con el tema de los ensayos es altísimo.

«El capataz debe adaptarse al estilo de la cofradía he intentar pasar lo más desapercibido posible»

— En el misterio de la Redención, ¿eres partidario de realizar los giros andando o prefieres ejecutarlos sobre el terreno?

En Redención, en la Cena y en la Soledad, siempre andando. No me gustan esos giros eternos. Siempre que el terreno me lo permita intento darlos andando, aunque implique mayor dificultad.

— De los tres días de la Semana Santa en los que tienes responsabilidad como capataz, ¿cuál es el más complicado para ti y por qué motivo?

Pues, gracias a Dios, hoy por hoy salimos a la calle con mucha confianza y tranquilidad. Las tres cuadrillas están muy redondas. Lógicamente, no se le puede perder el respeto a ningún paso, porque lo que crees tener controlado se te puede poner complicado.

«Mi primer paso es siempre hablar con la junta de gobierno y escuchar que es lo que quieren»

— ¿Qué atractivo encuentras en las cofradías de corte serio y qué te atrae, en cambio, de aquellas de carácter más alegre?

Me encantan todos los estilos: clásico, bulla, silencio, todo. En todas encuentras momentos increíbles. Desde una chicotá con Redención haciendo cambios, la Cena comiendo metros con un andar largo y reposado o escuchar el racheo de la cuadrilla de la Soledad bajando San Pablo, sonando Margot.

Cada cofradía es única y particular. Desde cómo tocar el martillo o dar las órdenes en un tono u otro. El capataz debe adaptarse al estilo de la cofradía e intentar pasar lo más desapercibido posible. Que ves cada cosa…

«Cuando salgo de costalero, estoy a lo que me diga el capataz y, si no me gusta, lo hablo después del ensayo, pero el que manda es él»

— El hecho de ser el capataz titular de la Redención, una de las cuadrillas que diriges, ¿te ayuda a afrontar otras cuadrillas que pueden resultar más complicadas?

Redención ha sido siempre un paso muy atractivo en cuanto al mundo del costal. Si te refieres a si uso esa oportunidad de estar ahí delante para llevar gente a otros pasos, te diré que no. Cuando yo llego a Redención ya tengo una cuadrilla más que consolidada en la Cena, por ejemplo.

Es más bien al revés. Hay costaleros que ya salen con nosotros y quieren salir en Redención. El que un chaval quiera salir contigo en otro paso es porque le gustan tus formas, el trato que tienes con la cuadrilla, el ambiente o porque siempre ha querido sacar esa imagen y antes no ha tenido la oportunidad.

«Nunca dejas de aprender, por muchos años que lleves»

— ¿Eres partidario de formar cuadrillas estables que vayan evolucionando y pasando por tus distintos pasos, o prefieres crear cuadrillas nuevas y específicas para cada uno de ellos?

Pues en estos años he tenido de todo. He llegado a pasos donde la nómina era muy cortita y he tenido que rellenar de amigos costaleros, y he llegado a pasos donde la cuadrilla estaba más o menos cerrada. Lógicamente, siempre que puedes intentas hacerle hueco a gente de tu confianza que sabes que te va a responder.

Pero, si hay algo que me gusta, es que la cuadrilla se implique en la cofradía. Insisto mucho en las convivencias de los posensayos, de las igualás, en la asistencia de los Vía Crucis, rosarios, cultos, etcétera. Todos los ratos que compartamos pienso que nos hacen más fuertes como cuadrilla.

— Cuando llegas a una cuadrilla, ¿tienes desde el primer momento claro qué quieres conseguir con ella? ¿Te marcas un plazo corto para alcanzar esos objetivos o prefieres avanzar progresivamente, dando pequeños pasos hasta llegar al punto que buscas?

Mi primer paso es siempre hablar con la junta de gobierno y escuchar qué es lo que quieren, ya que, si hay un cambio de capataz, es por algo. En esa conversación transmites cómo visualizas tú ese determinado paso andando y, a partir de ahí, desde el primer ensayo empiezas a trabajar por tu objetivo.

No me pongo plazos ni largos ni cortos. Una cosa es la técnica que te llevará a esos resultados, pero siempre trabajando paralelamente a las personas como tales, no solo como costaleros. La palabra cuadrilla es más amplia en el diccionario.

«El verdadero motivo de meterse debajo de un paso ha de ser siempre por amor a Dios y María»

— ¿Hasta qué punto debe un capataz imponer su propia personalidad a una cuadrilla y hasta qué punto debe saber adaptarse a la personalidad de los hombres que la componen?

Hombre, yo pienso que tus formas, tu personalidad o como queramos llamarlo deben ir por delante, por lo menos durante los ensayos y el día de salida. Yo, cuando salgo de costalero, estoy a lo que me diga el capataz y, si no me gusta, lo hablo después del ensayo, pero el que manda es él, puesto por la junta de gobierno.

Esto no quiere decir que no escuches a la cuadrilla. Con el tiempo aprendí que intentar contentar a todos es un desgaste sin fin. Estás en un puesto donde las críticas te van a caer, te pondrán verde en corrillos y grupos de WhatsApp. Habrá gente que quiere que te quedes y otros que te vayas, así que lo mejor es ser tú mismo. Total, te van a criticar igual, jajajajaja.

cuadrilla

— ¿Crees que las cuadrillas cordobesas están viviendo un verdadero relevo generacional o existe todavía una dependencia excesiva de los costaleros con más experiencia?

El relevo está más que asegurado. Hay muchos chavales que poco a poco irán cogiendo su sitio, tanto debajo como fuera de los pasos. Vienen años muy buenos. Poco a poco hay que ir dándole sitio debajo, pero ¿sabes lo que pasa? Que hoy cuesta mucho que un costalero del paso se retire y no hay muchos huecos en las igualás.

«El relevo está más que asegurado (…) vienen años muy buenos»

— ¿Qué valoras más en un costalero: sus condiciones físicas, su experiencia debajo del paso o su capacidad de compromiso con la hermandad y con la cuadrilla?

Pues lo ideal es que tenga todo eso. Si el chaval, además de ser buen costalero, es buen compañero y participa en la vida de hermandad, genial.

— ¿Consideras que actualmente existe una mayor necesidad de explicar al costalero el porqué de las decisiones que toma el capataz o hay determinadas cuestiones que deben seguir entendiéndose desde la confianza y la obediencia?

Yo hoy y antes siempre he estado dispuesto a explicar lo que sea. No me molesta. Siempre que sirva para mejorar, daré las explicaciones que sean necesarias.

«No se le puede perder el respeto a ningún paso»

— Teniendo bajo tu responsabilidad tres pasos tan diferentes como la Cena, la Redención y la Soledad, ¿qué has aprendido de cada una de esas cuadrillas que te haya servido para mejorar como capataz?

Nunca dejas de aprender, por muchos años que lleves. Debajo de un paso hay personas y, como tales, siempre te van a enseñar algo. Lo bonito sería que tú les devuelvas lo mismo.

— Desde tu experiencia al frente de estas tres cuadrillas, ¿qué crees que necesita actualmente el mundo del costal en Córdoba para seguir creciendo sin perder la identidad propia de la Semana Santa cordobesa?

Estar muy pendientes de las nuevas generaciones que vienen de costaleros y capataces. El verdadero motivo de meterse debajo de un paso ha de ser siempre por amor a Dios y María.

Que no se caiga solo en ser el que mejor se hace la ropa, el que más pasos saca o el que marca los cambios en tal paso… Esto es mucho más.