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Inocencio Forcén: «Emigrantes es la única hermandad que no tiene nombre ni de barrio, ni de pueblo, ni de ciudad, es una hermandad universal»

El pasado mes de diciembre Inocencio Forcén tomaba posesión del cargo de presidente de la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Emigrantes tras el fallecimiento de su predecesor, Eduardo Fernández Jurado. De este modo, Forcén, hasta entonces vicepresidente, cogía las riendas de una de las hermandades filiales más entrañables de todas cuantas conforman el maravilloso conglomerado rociero, por todo lo que esta hermandad representa, sin imaginar que le tocaría vivir uno de los Rocíos más singulares y difíciles de la centenaria historia de la devoción mariana más importante del mundo.

Hombre de ciencias, ya que estudió Física, siempre ha estado muy vinculado a la hermandad por tradición familiar. No hay que olvidar que su abuela, gran amiga del desaparecido recientemente Juan Gil Zamora, fundador de Emigrantes, emigró a Alemania y, como no podía ser de otra manera, vivió sus orígenes. Una herencia que pasó a su hija, recogiendo más tarde el testigo él desde muy joven. Basta recordar que ya formó parte de una junta de gobierno a principio de la década de los 90.

Hombre muy humano, de talante conciliador y de grandes retos, tal vez al haber viajado durante 7 años con el siempre recordado Miguel de la Cuadra Salcedo. Rociero desde antes de su nacimiento, el presidente de Emigrantes ha atendido a Gente de Paz para transmitir sus emociones y sentimientos a las puertas de la celebración de un Pentecostés diferente.


 

«Fui al Rocío antes de nacer, en el vientre de mi madre»

– ¿Qué significa para usted la Virgen del Rocío?

La Virgen es la Madre de Dios y Patrona de Almonte, que me ha guiado siempre en mi vida, para dar lo mejor de mí. Siempre ha estado ahí tanto en los buenos como en los malos momentos. Desde pequeño siempre ha sido con la que he tenido confidencias y con la que he rezado.

– ¿Cuál es su primer recuerdo rociero? ¿Y el más entrañable?

Es difícil, ya que fui al Rocío antes de nacer, en el vientre de mi madre ya que ha sido quien me ha inculcado la fe rociera. Mis primeros recuerdos son haciendo la salida con la hermandad en una charré con mi madre, cuando tenía 5 años en el 1974. Entrañable siempre que he estado debajo de la Virgen llevándola a hombros hacia el Simpecado de Emigrantes. Siempre he intentado meterme debajo de la Virgen cuando estaba cerca del Simpecado.

«Es un auténtico orgullo poder seguir la senda que Eduardo nos marcó y, a la vez, una gran responsabilidad»

– Usted ha sucedido en el cargo a una figura tan importante para el universo rociero como Eduardo Fernández Jurado. ¿Para usted es más un orgullo o una responsabilidad?

Eduardo ha sido un amigo de mi familia y mío personalmente desde siempre. Le recuerdo en el camino hace muchísimos años montando a caballo. Fue un guía en el camino y en el sentir rociero. Desde el minuto uno en el que me llamó para participar con él en la junta de gobierno no lo dudé. Es un auténtico orgullo poder seguir la senda que Eduardo nos marcó y, a la vez, una gran responsabilidad mantener el buen hacer de Eduardo. Aunque sé que nunca podremos sustituirle porque Eduardo era único.

– Hace unos días nos dejaba Juan Gil Zamora, fundador de la hermandad. ¿Qué ha supuesto su figura para Emigrantes?

– Ha sido una gran pérdida la de mi amigo Juan, ya que era una maravillosa persona, un gran hermano, y el gran conocedor de los orígenes de Emigrantes. Juan siempre ha trabajado para hacer grande nuestra hermandad y para predicar la fe rociera.

«Este es un Rocío que nos tiene que llevar a la reflexión de la fragilidad del mundo en el que vivimos»

– En su opinión, ¿cuál es la seña de identidad más significativa de la Hermandad de Emigrantes?

Emigrantes tiene dos grandes señas de identidad. Su Concha Peregrina y es la única hermandad que no tiene nombre ni de barrio, ni de pueblo, ni de ciudad, es una hermandad universal ya que todos alguna vez hemos sido emigrantes a lo largo de nuestra vida.

– ¿Cómo va a vivir la hermandad este Pentecostés tan singular? Háblenos de estos proyectos y de sus frutos

La hermandad ha puesto en marcha diversas iniciativas de índole asistencial. Emigrantes ayuda en diferentes obras sociales cuando se lo demandan, tal es el caso de la corona de amor y obra social para la construcción de un centro de ayuda en el Hospital Virgen del Rocío en Sevilla, y durante todo el año colabora con el Banco de Alimentos, con hermanitas de la Cruz y con Cruz Roja.

«Este Pentecostés lo vamos a vivir desde nuestra fe y desde el interior»

– ¿Cómo puede vivir un rociero este Pentecostés tan duro?

Este Pentecostés lo vamos a vivir desde nuestra fe y desde el interior. Todos vamos a estar cerca de nuestra Virgen, rezando y pidiendo para que el próximo año podamos hacer nuestra presentación a sus pies. Es un Pentecostés del corazón, del interior, de luz y fe.

– ¿Piensa que este Rocío puede ayudar a valorar mejor lo que de verdad importa?

Si los rocieros siempre decimos que no hay un Rocío igual, con este será más fácil. Es un Rocío que nos tiene que llevar a la reflexión de la fragilidad del mundo en el que vivimos. Si la Virgen ha decidido ponernos esta prueba debemos demostrarle que nuestro amor hacia ella no tiene distancia.

– ¿Cuál es el momento más hermoso que cada año vive como rociero, ese que este año echará especialmente en falta?

Estar con la Virgen cuando llegamos a El Rocío después de dos días andando. Poder ver a la Virgen a los hombros de sus hijos, los almonteños, y ver como el Simpecado de Emigrantes saluda a la Virgen.

– ¿Qué ha aprendido de esta crisis sanitaria?

Pensamos que vivimos en un mundo muy seguro y la seguridad es mucho más frágil de lo que pensamos. Debemos tener fe en nuestras creencias católicas y trabajar juntos por una defensa universal de la salud.

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