El hermano mayor de La Confianza desgrana todos los detalles de la estación de penitencia del Viernes de Dolores de 2027
La primera estación de penitencia de la prohermandad de la Confianza por las calles de Córdoba constituirá uno de los acontecimientos más significativos de su trayectoria. El próximo Viernes de Dolores, el impresionante crucificado de Castillo Lastrucci llegará a la Santa Iglesia Catedral para realizar su estación de penitencia, en un proyecto que exige un importante trabajo previo tanto en la preparación de la salida como en la configuración del cortejo, la definición del itinerario y la consolidación de la vida interna de la corporación.
Al frente de esta etapa se encuentra José Luis Díaz, hermano mayor de la Confianza, quien desgrana los preparativos de una jornada histórica para la prohermandad y explica las decisiones que se están adoptando para que el crucificado pueda recorrer la ciudad con la mayor dignidad posible. La adaptación de la puerta del templo, las incógnitas que todavía rodean la salida del paso, los avances patrimoniales, el recorrido previsto hasta la Catedral, la continuidad del vía crucis por la feligresía y el compromiso con la formación y la caridad componen una conversación en la que también aflora una reflexión personal sobre el verdadero sentido de las hermandades.
La adaptación de la puerta del templo, un paso decisivo para la salida del crucificado
Uno de los trabajos fundamentales para hacer realidad la estación de penitencia ha sido la adecuación de la puerta del templo, una intervención que ha requerido actuaciones en diferentes fases y que, según explica José Luis Díaz, ya se encuentra concluida. El hermano mayor recuerda que los trabajos comenzaron el año pasado, cuando se emprendieron las primeras actuaciones para resolver las limitaciones que presentaba el acceso.
«La puerta solamente abría hasta el medio punto, hasta donde empezaba la curva, por decirlo de alguna manera», explica. Aquella configuración impedía disponer de toda la altura necesaria para el paso, por lo que fue preciso intervenir en la propia estructura. Para ello, se adaptó la puerta y se modificó su apertura con el propósito de aprovechar toda la altura del vano y permitir el tránsito de la imagen por ese acceso.
La actuación continuó durante el verano, cuando se ejecutaron las obras de la rampa y se adaptó la reja. Este último elemento también requería una modificación específica, puesto que únicamente abrían dos hojas y era necesario conseguir que pudieran plegarse sobre sí mismas para liberar completamente el espacio.
«Este verano se ha hecho ya la obra de la rampa y la adaptación de la reja, de la puerta de la reja, que también era necesario adaptarlas, ya que solamente abría dos hojas y tenemos que doblarlas sobre sí mismas para que pueda entrar entera», detalla.
El resultado de estas intervenciones permite afrontar la preparación de la salida desde una perspectiva mucho más favorable. La puerta ya está adaptada y la rampa se encuentra terminada, de manera que el acceso reúne las condiciones necesarias para que el paso pueda entrar y salir del templo.
«Eso ya está terminado, ya está listo y ahora mismo es viable entrar y salir con el paso por esa puerta», afirma Díaz, que considera resuelta una de las cuestiones materiales imprescindibles para que el crucificado pueda emprender su recorrido por Córdoba.

Una salida todavía pendiente de los ensayos
Resuelta la adaptación del acceso, queda por determinar cómo se efectuará exactamente la salida del paso. La posibilidad de realizarla de una manera u otra, atendiendo a las características de la puerta y a las dimensiones de las andas, es una cuestión que todavía no está cerrada. La decisión corresponderá al equipo de capataces, que deberá estudiar sobre el terreno las alternativas disponibles.
Díaz precisa que, por el momento, no existe una referencia práctica que permita anticipar con seguridad la fórmula elegida. «La manera de salir es algo que está puesto en manos del equipo de capataces y, hasta que no empiecen los ensayos, no lo sabremos, ya que no tenemos ninguna referencia más allá de las medidas», señala.
Será durante esos ensayos cuando se compruebe cuál es la solución más adecuada desde los puntos de vista técnico y logístico. La intención es determinar el procedimiento que permita franquear la puerta con garantías, teniendo en cuenta tanto las dimensiones del paso como las condiciones del acceso.
En cualquier caso, el hermano mayor no considera que deba convertirse en una dificultad especialmente compleja. «No parece que tenga un mayor problema ni una complicación excesivamente grande la salida», indica, aunque insiste en que la decisión definitiva dependerá de las pruebas que realice el equipo de capataces.
«Estamos a expensas de los ensayos para poder decidir de qué manera se sale. Es el equipo de capataces el que tiene la decisión al respecto», concluye sobre una de las incógnitas que todavía permanecen abiertas en la preparación de la primera estación de penitencia.
El paso y el cortejo, una preparación condicionada por los plazos y los recursos
La configuración definitiva del paso constituye otro de los asuntos sobre los que todavía se trabaja. La prohermandad mantiene objetivos patrimoniales y materiales que pretende alcanzar antes del Viernes de Dolores, aunque su consecución dependerá del tiempo disponible y de las posibilidades económicas de las que disponga la corporación.
El hermano mayor explica que la evolución de las andas continúa abierta y que, por el momento, no puede asegurarse hasta dónde llegará el proyecto antes de la salida. «Tenemos un tiempo todavía por delante y una serie de objetivos previstos que, en función de los tiempos y las posibilidades económicas, podemos llegar a un punto o a otro», expone.
La aspiración, en cualquier caso, es que tanto el paso como el cortejo presenten el mayor grado de desarrollo posible cuando el crucificado recorra las calles de Córdoba. La prioridad es que la imagen salga con la dignidad que merece, dentro de las posibilidades reales de la prohermandad y del calendario que todavía resta hasta la jornada prevista.
«Evidentemente, trataremos de que el paso, tanto el paso como el cortejo, salgan de la manera más avanzada y más digna posible. Seguiremos trabajando en esa dirección hasta el último momento para poder conseguir la mayor dignidad del Cristo en la calle», asegura Díaz.
Su planteamiento no se limita, por tanto, a la evolución material de las andas. El hermano mayor considera que la presentación de una imagen procesionando depende también del conjunto que la acompaña y de la configuración del cortejo que precede al titular. El paso concentra buena parte de la atención, pero la procesión debe entenderse como una unidad en la que cada elemento contribuye a transmitir el sentido de la presencia del crucificado en la vía pública.
«No solamente estamos trabajando en la evolución del paso, que muchas veces puede ser lo que más llama la atención y, por supuesto, tiene una importancia vital, ya que no deja de ser el soporte itinerante de nuestro titular. Pero creemos que ese paso precisamente lo dignifica el cortejo que lo precede», argumenta.
De ahí que la prohermandad esté dedicando esfuerzos a construir un cortejo que reúna las condiciones necesarias para acompañar al Cristo de la Confianza con coherencia y solemnidad. Díaz reconoce que la corporación se encuentra todavía en una fase inicial de su desarrollo, pero subraya que esa circunstancia no impide trabajar con una idea clara de lo que se quiere conseguir.
«También estamos tratando de formar un cortejo digno y sólido dentro de nuestros incipientes momentos», explica.
Entre las actuaciones patrimoniales que se preparan para esta primera estación de penitencia destaca, además, la elaboración de una pieza destinada al guion procesional. Se trata de un proyecto que todavía está condicionado por los plazos de ejecución, aunque la intención de la prohermandad es que pueda incorporarse al cortejo el próximo Viernes de Dolores.
«Estamos trabajando en una pieza para el guion que, de poder cumplir los plazos y llegar a buen puerto todo, la intención es que salga el próximo Viernes de Dolores», adelanta.
Díaz considera que esta incorporación supondría una aportación relevante al patrimonio artístico cofrade de la ciudad. Sin ofrecer detalles concretos sobre la naturaleza o la configuración de la pieza, sí manifiesta su convicción de que su incorporación tendrá un significado que trascenderá la propia organización de la estación de penitencia.
«Sin duda, creo que va a ser una aportación significativa para el patrimonio artístico de la Semana Santa de Córdoba», afirma.

Un itinerario desde Ciudad Jardín hasta la Santa Iglesia Catedral, con regreso por el centro de Córdoba
La prohermandad trabaja también en la definición del recorrido que permitirá al crucificado alcanzar la Catedral acompañado de la Banda de Cornetas y Tambores Caído y Fuensanta que interpretará un repertorio clásico, y regresar posteriormente a su templo. Aunque el itinerario se encuentra más perfilado que otros aspectos de la salida, todavía quedan cuestiones por resolver en coordinación con el Ayuntamiento, especialmente aquellas relacionadas con la poda del arbolado y la presencia de cables que puedan condicionar el tránsito del paso.
Díaz explica que las conversaciones con la Administración municipal continúan abiertas para adecuar determinadas calles y garantizar que el crucificado pueda avanzar por el recorrido previsto. A pesar de esas gestiones pendientes, la corporación ya dispone de una propuesta que permite conocer con bastante precisión por dónde discurrirá la estación de penitencia.
La salida se realizaría por la calle Diego Serrano, para continuar por la calle Alcalde Sanz Noguer, según la denominación que se desprende de la transcripción, y alcanzar después la calle Damasco, considerada por el hermano mayor una de las arterias principales del barrio. Desde allí, el cortejo avanzaría hasta la avenida del Aeropuerto, en dirección a la zona de los juzgados.
Este tramo tendrá, además, una significación especial por la intención de incorporar un espacio adaptado para las personas con trastorno del espectro autista y otras sensibilidades auditivas. La prohermandad pretende aprovechar las características de la zona de los juzgados para establecer allí el denominado tramo azul, una iniciativa que busca facilitar que estas personas puedan contemplar las imágenes procesionales en unas condiciones más adecuadas a sus necesidades.
«Cruzaríamos por los juzgados, que aprovecharíamos también en ese espacio seguramente para incluir el tramo azul», explica Díaz.
La elección responde a las posibilidades que ofrece un entorno amplio y abierto, en el que las personas asistentes pueden regular la distancia respecto al paso y la banda de música según sus preferencias y necesidades. El hermano mayor considera que estas condiciones favorecen una experiencia más accesible que la que podría ofrecer una calle estrecha, donde el sonido puede resultar más difícil de gestionar para quienes presentan hipersensibilidad auditiva.
«Facilita mucho al estar en un espacio amplio y abierto. No es lo mismo que en una calle estrecha, donde se lleva bastante mal y les va a costar más estar allí esperando. Es un espacio al que pueden acercarse y alejarse en función de su apetencia y sus necesidades», argumenta.
La incorporación de este tramo no constituye una decisión aislada del recorrido, sino que se relaciona con el compromiso que la corporación mantiene con las personas con autismo y con la voluntad de hacer de la Semana Santa una manifestación accesible para un mayor número de ciudadanos. La ubicación elegida pretende ofrecer un entorno que permita disfrutar del crucificado y del acompañamiento musical sin que las condiciones acústicas y espaciales se conviertan en un obstáculo añadido.
«Creemos que era un buen espacio para incluir ese tramo azul», resume el hermano mayor.
Tras abandonar la zona de los juzgados, el itinerario continuaría por los jardines de Vallellano. Desde allí, el cortejo tomaría la calle Doctor Marañón, cuya denominación exacta todavía no queda confirmada en las palabras de Díaz, para enlazar con la calle Torrijos y dirigirse hacia la Catedral.
La entrada al primer templo de la diócesis se efectuaría por la Puerta del Perdón, donde la prohermandad realizaría su estación de penitencia. Una vez concluido ese momento, el crucificado saldría nuevamente por el mismo acceso para continuar su recorrido por la ciudad.
«Subimos la calle Torrijos, entramos por la Puerta del Perdón, hacemos estación de penitencia en la Catedral, salimos igualmente por la Puerta del Perdón y subiríamos para coger el centro», detalla.
La decisión de prolongar el recorrido más allá del entorno inmediato del templo responde a una aspiración evangelizadora que Díaz considera inherente a la propia misión de la corporación. La prohermandad desarrolla su labor durante todo el año en su barrio, donde concentra sus esfuerzos pastorales y sociales, pero la estación de penitencia representa una oportunidad para trasladar esa presencia a otros puntos de Córdoba.
«Nosotros trabajamos en la evangelización en el barrio 364 días y ese día tenemos la ilusión de poder acercar a Cristo y evangelizar con él en el resto de Córdoba», afirma.
Desde esa perspectiva, la llegada al centro histórico no se contempla únicamente como una cuestión estética o logística, sino como una forma de acercar la imagen del crucificado a ciudadanos que habitualmente no participan en la vida cotidiana de la corporación. La intención es que la presencia del Cristo de la Confianza trascienda los límites de su feligresía y pueda encontrarse con otros espacios y públicos de la ciudad.
Por ello, después de salir de la Catedral, el cortejo subiría hacia el centro para alcanzar la plaza de las Tendillas y continuar por la calle Concepción. A partir de ese punto, el recorrido iniciaría el regreso hacia el templo por la calle Antonio Maura, que se recorrería hasta alcanzar la calle Albéniz.
El itinerario proseguiría después por Vázquez Aroca y la plaza de Cisneros, desde donde la prohermandad emprendería el último tramo hasta su sede.
«Veíamos interesante e importante que pisásemos el centro. Subiríamos hasta las Tendillas, calle Concepción. Después ya bajaríamos hasta Antonio Maura. Cogeríamos toda la calle Antonio Maura hasta llegar a Albéniz, subiríamos la calle Albeni, Vázquez Aroca, plaza de Cisneros y ya tendríamos la entrada de nuestro templo», explica Díaz.
De este modo, el recorrido proyectado conectaría el barrio con el primer templo de la diócesis y con algunos de los principales espacios del centro cordobés. La estación de penitencia permitiría que el crucificado abandonase su entorno habitual para recorrer una parte más amplia de la ciudad, sin que ello suponga renunciar a la vinculación con la feligresía que constituye el núcleo de la vida diaria de la corporación.
El itinerario, no obstante, continúa sujeto a las gestiones municipales necesarias para resolver las dificultades relacionadas con la vegetación y el cableado. La propuesta está definida en sus líneas principales, pero su configuración definitiva dependerá de que puedan garantizarse las condiciones necesarias para el paso del crucificado.

El vía crucis continuará celebrándose de manera independiente a la estación de penitencia
La incorporación de la estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral no supondrá la desaparición del vía crucis que la prohermandad viene desarrollando por las calles de su feligresía. Ambas manifestaciones de culto externo se mantendrán diferenciadas, con sus propias características y con una participación que responde a objetivos distintos.
Díaz aclara que la intención de la corporación es conservar el vía crucis tradicional y añadir a su actividad cultual la estación de penitencia del Viernes de Dolores. No se trata de sustituir una celebración por otra ni de integrar necesariamente el rezo de las estaciones en el recorrido hacia la Catedral.
«El vía crucis se va a hacer independiente. Se va a seguir manteniendo la procesión del vía crucis por las calles de la feligresía y, además, se va a hacer la estación de penitencia. Es algo que se añade a lo de culto externo de la hermandad», señala.
La diferencia entre ambas convocatorias reside también en la participación. Mientras que la estación de penitencia estará reservada exclusivamente a los hermanos de la corporación, el vía crucis continuará abierto a los feligreses y devotos que deseen acompañar al crucificado durante el rezo.
«El vía crucis tiene una peculiaridad y es que está abierto, aparte de los hermanos, a todos los feligreses y devotos que quieran participar en él. La estación de penitencia es sola y exclusivamente para los hermanos», explica.
Esta apertura responde a la voluntad de mantener un vínculo estrecho con la comunidad parroquial y de ofrecer a quienes forman parte de ella la posibilidad de acompañar a la imagen de una manera más cercana. El hermano mayor entiende que el vía crucis posee una dimensión pastoral propia, precisamente porque permite la participación de personas que no necesariamente pertenecen a la corporación.
«En el vía crucis tratamos de hacer partícipes de una manera más cercana y especial a todas las personas de la parroquia, feligreses y devotos que quieran participar en esa procesión y acompañar a Cristo rezando el vía crucis», manifiesta.
La celebración adquiere una especial relevancia cuando el crucificado se acerca a las personas enfermas del barrio que, por sus circunstancias personales o de salud, no pueden abandonar sus domicilios para participar en los actos de culto. La posibilidad de contemplar la imagen desde la cercanía de sus hogares constituye uno de los momentos que Díaz recuerda con mayor emoción.
«Creemos que es bastante importante, ya que tratamos de acercarlo a las personas enfermas del barrio que, por circunstancias, no pueden salir de su domicilio. Es un momento muy bonito y muy emotivo cuando le acercamos al Cristo para que puedan disfrutar de él», relata.
La continuidad del vía crucis permite, por tanto, preservar una forma de acompañamiento espiritual que va más allá del recorrido procesional y que sitúa a las personas de la feligresía en el centro de la actividad pastoral. La estación de penitencia y el vía crucis convivirán como dos expresiones complementarias del culto al Cristo de la Confianza, sin que la nueva convocatoria reste importancia a la dimensión comunitaria de la celebración que ya venía desarrollándose.
«El vía crucis se mantendrá, pero de una manera independiente a la estación de penitencia ante el Santísimo en la Catedral el Viernes de Dolores», concluye.
Formación y culto, dos pilares para preparar a los hermanos
La actividad de la prohermandad no se limita a los preparativos de la salida procesional. Díaz subraya que el trabajo cotidiano comprende también los cultos internos, la formación de los hermanos y el desarrollo de una conciencia corporativa que permita comprender el significado religioso de cada una de las actividades que se realizan.
Los cultos internos y externos ocupan una parte importante del calendario, no solo por su propia relevancia espiritual, sino porque su preparación repercute en la manera en que la imagen del crucificado se presenta ante los fieles. Para el hermano mayor, la dignidad con la que el titular aparece en la calle está relacionada con el trabajo que se desarrolla previamente dentro de la corporación.
«No nos centramos ni mucho menos únicamente en los cultos internos y externos, aunque ciertamente nos ocupan muchísimo tiempo, porque cuanto mejor preparados estén, al final repercutirá en la dignidad del Cristo en la calle y en la función evangelizadora y catequética de ambos, tanto en la calle como en los cultos internos y externos», explica.
Junto al culto, Díaz sitúa la formación y la caridad entre los pilares fundamentales que deben sostener la vida de cualquier corporación religiosa. En el ámbito formativo, la prohermandad mantiene las líneas de trabajo que venía desarrollando, pero ha incorporado nuevas iniciativas destinadas a fortalecer el conocimiento que los hermanos tienen de su propia pertenencia eclesial.
Una de las novedades de este año consiste en la elaboración de un documento de bienvenida dirigido a quienes se incorporan a la corporación. La Junta de Gobierno considera que la entrada en una hermandad debe ir acompañada de una explicación clara y cercana de lo que significa formar parte de ella, de sus responsabilidades y de su vinculación con la Iglesia.
«Creemos que cuando alguien se apunta o se inscribe en una hermandad hay cosas que la propia hermandad tiene que transmitirle», afirma Díaz.
El documento se ha remitido a los hermanos y está concebido para incorporarse al mensaje de bienvenida que reciben las nuevas incorporaciones. Su propósito es explicar, en un lenguaje accesible y afectuoso, el sentido de la pertenencia a una corporación religiosa, sin perder de vista que esta se integra en una estructura eclesial más amplia.
«Hemos preparado un dosier que desde hace una semana se ha enviado a todos los hermanos y será el documento que se adjunte al mensaje de bienvenida que se manda a los nuevos hermanos, en el que explicamos de una manera cercana y cariñosa lo que supone pertenecer a una hermandad», detalla.
Díaz insiste en que la Confianza no puede entenderse al margen de la Iglesia ni de la diócesis a la que pertenece. Por ello, considera esencial que quienes se incorporen a la corporación conozcan el significado de la medalla que llevan y comprendan las implicaciones de formar parte de una hermandad.
«No dejamos de ser una entidad dependiente de la Iglesia y, por supuesto, de nuestra diócesis. Creemos que es muy importante que todo el que se cuelga la medalla del Cristo de la Confianza sepa lo que supone ser hermano, ya no simplemente de nuestra corporación, sino ser hermano de una hermandad», señala.
La formación tendrá también una aplicación específica en la preparación de la estación de penitencia. La próxima salida a la Catedral será, para muchos integrantes de la corporación, su primera experiencia de este tipo, por lo que la Junta de Gobierno considera necesario explicar con claridad los protocolos que deberán observarse durante el recorrido y en el interior del templo.
El hermano mayor recuerda que la devoción al titular constituye una realidad muy presente entre los hermanos, pero entiende que esa vinculación afectiva debe ir acompañada del conocimiento de los aspectos litúrgicos y ceremoniales de la celebración.
«Tenemos mucha devoción. Hay hermanos con muchísima devoción al titular, pero posiblemente sea la primera vez que realizan una estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral», expone.
Por ello, la prohermandad pretende definir de forma precisa tanto el protocolo que se seguirá durante la procesión por las calles como el comportamiento que deberán mantener los hermanos al entrar en la Catedral y participar en la adoración al Santísimo. El objetivo es que todos conozcan previamente el sentido de cada momento y sepan cómo actuar.
«Vamos a definir muy bien el protocolo, tanto de la procesión en sí en la calle como del momento en el que entramos en la Catedral y hacemos adoración al Santísimo. Creemos que es fundamental que ese tipo de situaciones estén totalmente controladas por parte de todos los hermanos», afirma.
La preparación de los acólitos constituye otro de los ámbitos en los que la corporación viene insistiendo desde sus primeros pasos como prohermandad. Desde el principio se estableció un curso formativo obligatorio para quienes desempeñan esta función, con la intención de que comprendan el significado litúrgico de su cometido y no lo reduzcan a una cuestión meramente estética.
«Desde el principio de la prohermandad se hizo un curso formativo obligatorio para los acólitos, con la intención de que la persona que salga de acólito no se disfrace de acólito, sino que conozca lo que supone y significa, a nivel litúrgico, el puesto que ocupa», explica Díaz.
La formación se entiende así como una herramienta para dotar de contenido a la participación de los hermanos en los actos religiosos. No basta con ocupar un lugar determinado en el cortejo o cumplir una función concreta durante la celebración: resulta necesario comprender su significado y asumirla desde el conocimiento y la responsabilidad.
Fuera de la preparación específica de la estación de penitencia, la Confianza mantiene asimismo un programa de formación mensual. Estas actividades buscan acercar los contenidos a los hermanos de una manera cómoda y atractiva, de modo que la asistencia no se convierta en una obligación rutinaria, sino en una oportunidad para profundizar en la vida cristiana.
«Seguimos trabajando con unas líneas formativas mensuales en las que tratamos de acercar la formación de una manera cómoda y atractiva para que resulte algo realmente interesante al hermano y, poco a poco, vayamos creando ese hábito formativo», señala.
La intención última es que los hermanos no se limiten a acudir a las actividades, sino que encuentren en ellas una motivación propia para seguir aprendiendo. «No solamente acudamos, sino que vayamos a disfrutar de esa formación», añade.

La caridad como compromiso permanente con quienes más lo necesitan
La acción social constituye otro de los ejes esenciales de la actividad de la Confianza. La corporación viene desarrollando distintas iniciativas de ayuda y colaboración, desde la recogida de ropa y enseres hasta la recuperación de gafas para personas que carecen de recursos económicos suficientes para acceder a ellas.
Díaz explica que una parte de estas actuaciones se ha articulado a través de las necesidades que les ha trasladado el padre Marco, vinculado a los Esclavos de la Eucaristía. A partir de esas peticiones, la prohermandad ha procurado localizar y reunir los materiales solicitados para facilitar su entrega a quienes los necesitan.
«Veníamos desarrollando diferentes funciones, como la recogida de ropa y enseres. El padre Marco, de los Esclavos de la Eucaristía, nos solicitaba lo que necesitaban y nosotros se lo hemos estado buscando durante todo este tiempo para facilitarlo a personas que lo necesitan», explica.
La corporación participa también en campañas de recogida de gafas mediante su colaboración con Aceruc, entidad con la que contribuye a facilitar el aprovechamiento de monturas destinadas a personas que no disponen de recursos para adquirirlas. Las gafas se envían a lugares donde existen dificultades para acceder a este tipo de productos y profesionales especializados se encargan de graduarlas y adaptar las monturas para que puedan utilizarse de nuevo.
«Hacemos también recogida de gafas, con la que colaboramos con Aceruc para que las manden a lugares en los que no tienen posibilidades. Hay una serie de profesionales que se dedican a graduarlas y aprovechar esas monturas para que las personas que no tienen recursos puedan acceder a ellas», detalla.
A estas actuaciones se suma la recogida de productos destinados a los carritos parroquiales, además de las distintas iniciativas que la corporación desarrolla durante la Navidad. Díaz menciona estas actividades como parte de una labor continuada que se ha mantenido a lo largo del tiempo, aunque no todas sus vertientes se exponen públicamente con el mismo grado de detalle.
El hermano mayor explica que la prohermandad llevaba tiempo planteándose la necesidad de dar un paso más en su acción caritativa. Hasta entonces, buena parte de sus esfuerzos se dirigían a reunir recursos y atender necesidades concretas, pero la Junta de Gobierno quería avanzar hacia un modelo que permitiera establecer una relación más directa con las personas beneficiarias.
«Llevábamos tiempo queriendo trabajar en un aspecto caritativo en el que pusiésemos cara a esas personas por las que trabajábamos y estableciésemos un vínculo», afirma.
La razón de este planteamiento es que el contacto directo permite comprender mejor las circunstancias de quienes reciben ayuda y evita que la acción social se reduzca a una colaboración distante o impersonal. Para Díaz, conocer a las personas y acercarse a su realidad constituye una parte fundamental del compromiso que debe asumir una hermandad.
«Pensamos que ese vínculo que estrechas con esas personas te hace ser consciente de la situación que viven y no estar al margen de ello», explica.
Con esa filosofía, la Confianza estableció en febrero, según recuerda el hermano mayor, un acuerdo de colaboración con Autismo Córdoba, entidad con la que ha desarrollado distintas iniciativas. Una de las líneas de trabajo se ha centrado en promover la incorporación del tramo azul a los recorridos de las hermandades, con el propósito de que las personas con trastorno del espectro autista puedan disfrutar de la Semana Santa en condiciones más adecuadas a sus necesidades.
Díaz recuerda que la corporación ha trabajado junto a la entidad para favorecer que un mayor número de hermandades incluyan esta iniciativa en sus itinerarios. La intención es que las personas con autismo puedan contemplar las imágenes titulares y participar de la experiencia cofrade sin que las dificultades derivadas de la sensibilidad auditiva o de otros factores sensoriales constituyan una barrera insalvable.
«Estuvimos trabajando codo con codo con ellos para que cada vez haya más hermandades que incluyan en su recorrido el tramo azul y estas personas con TEA puedan disfrutar de nuestra Semana Santa y de ver a los titulares, a los que posiblemente tengan la misma devoción que cualquiera de nosotros», señala.
La colaboración también se ha extendido a la carrera organizada por Autismo Córdoba, para la que la prohermandad realizó un donativo destinado a contribuir a la labor de la entidad. Se trata de otra forma de apoyo que, junto con la promoción del tramo azul, refleja la voluntad de mantener una relación activa con las personas a las que se dirige esta acción social.
«Los hemos ayudado también en la carrera que hacen, haciéndoles un donativo para facilitarles los beneficios», explica.
A estas actuaciones se incorporó durante el verano una nueva medida: la concesión de una beca para facilitar que usuarios con menos recursos económicos pudieran participar en la escuela de verano organizada por Autismo Córdoba.
Díaz subraya que la prohermandad decidió realizar un esfuerzo económico para contribuir a que las dificultades financieras no impidieran el acceso a esta actividad. La iniciativa responde a la convicción de que la colaboración no debe limitarse a respaldar proyectos de manera general, sino que también puede concretarse en medidas que permitan a personas determinadas beneficiarse directamente de ellos.
«Hemos incluido este verano, haciendo un esfuerzo, una beca para que usuarios cuyas posibilidades económicas sean más complejas pudiesen acceder a la escuela de verano que organiza Autismo Córdoba», detalla.
El hermano mayor considera que esta aportación era necesaria y que la corporación debía contribuir dentro de sus posibilidades. «Entendíamos que era un aspecto importante y se ha hecho un esfuerzo para aportar en la medida de lo posible», afirma.
La colaboración con Autismo Córdoba representa, de este modo, una de las iniciativas en las que la Confianza ha buscado combinar la atención a las necesidades sociales con una relación más cercana con las personas destinatarias de su trabajo. La accesibilidad, la participación y el acompañamiento se integran así en una acción caritativa que pretende conocer de primera mano las circunstancias de quienes necesitan apoyo.
La cabalgata de Reyes, una forma de contribuir a la vida de Ciudad Jardín
La actividad social y formativa de la Confianza se proyecta igualmente sobre la vida cotidiana del barrio a través de su colaboración con la Asociación de Comerciantes de Ciudad Jardín, especialmente en la organización de la cabalgata de Reyes.
La prohermandad realiza una aportación económica para contribuir al desarrollo de esta celebración, convencida de que su presencia en el barrio implica también una responsabilidad hacia el tejido comercial y las iniciativas que contribuyen a mantener viva la comunidad.
«Entendemos que, si somos parte del barrio, debemos contribuir a él y fomentarlo, no solamente a nivel religioso, sino también mirando por nuestros comercios», explica Díaz.
La colaboración se materializa asimismo en la participación de la corporación en la carroza del rey Melchor. La Confianza aporta a las personas que acompañan al monarca durante el recorrido, una participación que añade un componente de ilusión para los niños del entorno y que se organiza mediante un sorteo entre los menores vinculados a la iniciativa.
«En la carroza del rey Melchor nosotros ponemos a los componentes, con lo cual para los niños también es un aliciente muy bonito el poder ir en ella, que se sortea entre los niños hermanos», detalla.
La experiencia se amplió el año pasado con la incorporación de la animación que precede a la carroza. La prohermandad decidió asumir también esa participación y abrirla a los niños de catequesis que no eran hermanos, de manera que la actividad pudiera beneficiar a un grupo más amplio de menores de la parroquia.
«El año pasado ya lo hicimos, lo ampliamos y la animación que iba delante de la carroza también la pusimos nosotros, haciendo partícipes incluso a los niños de catequesis que no eran hermanos para que fuesen en esa animación», señala.
Esta colaboración presenta, además, una dimensión religiosa que la corporación considera especialmente significativa. La organización de la cabalgata ha facilitado que la celebración comience con una adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús en la parroquia y que, como ya sucedió el año pasado, pueda concluir también en el propio templo.
Díaz destaca que estas circunstancias permiten recuperar y expresar de manera explícita el sentido religioso de una celebración que forma parte de la tradición navideña. La participación de la prohermandad no se limita, por tanto, a una aportación económica o a la presencia de sus integrantes en el cortejo, sino que contribuye a vincular la cabalgata con la comunidad parroquial.
«La cabalgata empieza con una adoración de los Reyes al Niño Jesús en la parroquia y ya el año pasado terminó también en la propia parroquia. Con lo cual acabamos dándole el sentido religioso que realmente tiene la cabalgata de Reyes», explica.
El hermano mayor se muestra satisfecho con una iniciativa que permite conjugar la participación vecinal, la colaboración con los comerciantes, la atención a los niños y la transmisión de valores religiosos. A su juicio, este tipo de actividades demuestra que la labor de una hermandad puede extenderse a ámbitos que, sin formar parte estrictamente de los cultos, contribuyen a fortalecer la vida comunitaria.
«Creemos que es importante seguir trabajando tanto a nivel formativo como a nivel de barrio. También estamos muy contentos con esta iniciativa», concluye.
«Las hermandades son para servir y no para servirse de ellas»
Más allá de los preparativos materiales de la primera estación de penitencia y de la actividad cotidiana de la corporación, la conversación con José Luis Díaz permite adentrarse en una reflexión personal sobre el significado que el Cristo de la Confianza ha adquirido en su vida. La pregunta sobre el mayor aprendizaje recibido durante estos años encuentra una respuesta que conecta la experiencia cofrade con una revisión de las propias motivaciones y con una determinada manera de entender el servicio a los demás.
El hermano mayor considera que una hermandad no debe convertirse en un instrumento al servicio de intereses personales ni en un espacio destinado a alimentar el ego, sino que su razón de ser debe encontrarse en la entrega, la fe y el compromiso con los hermanos. Se trata de una conclusión que formula desde la experiencia, sin eludir la posibilidad de que su propia trayectoria haya estado marcada en algún momento por motivaciones diferentes.
«Las hermandades son para servir y no para servirse de ellas para temas personales o sencillamente alimentar el ego», afirma.
Díaz reconoce que el contacto con el Cristo de la Confianza le ha permitido comprender que la verdadera plenitud no procede del protagonismo personal, sino de la capacidad de convertir las imágenes sagradas en instrumentos para acercar a otras personas a la fe y para prestar servicio a quienes comparten el camino de la vida cristiana.
«El Cristo me ha demostrado que lo que realmente llena es que las imágenes sean instrumento para acercar a la fe y servir a tus hermanos», explica.
En esa reflexión introduce también una mirada crítica hacia su propia trayectoria como costalero. Díaz admite que algunas personas podrían interpretar que buscó protagonismo para alimentar su ego, una posibilidad que no niega y que, precisamente, le permite hablar de esa cuestión desde el conocimiento directo de la experiencia.
«Algunos podrán decir que, a lo largo de mi trayectoria como costalero, busqué el protagonismo para alimentar mi ego, y es cierto», reconoce.
Lejos de plantear esa confesión como una justificación, el hermano mayor la incorpora a un aprendizaje que considera decisivo. La experiencia le ha permitido revisar el sentido de su vinculación con el mundo cofrade y comprender que la devoción adquiere su expresión más auténtica cuando se traduce en una forma de servicio, tanto hacia la comunidad como hacia quienes necesitan acompañamiento.
En ese proceso, el Cristo de la Confianza ocupa un lugar fundamental. Díaz atribuye a la imagen una enseñanza que trasciende la preparación de una estación de penitencia o el desarrollo de una responsabilidad dentro de la prohermandad: una lección que ha contribuido a dar sentido a su manera de vivir la fe y su pertenencia a las hermandades.
«Precisamente por eso puedo hablar con conocimiento de causa. El Cristo me ha regalado esa lección de vida y de fe que realmente ha dado sentido a mi vida como cristiano y como cofrade», concluye.
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La Hermandad del Museo defiende la legalidad del aplazamiento electoral y reclama respeto al buen nombre de la corporación 




