El que fuera presidente de la Agrupación de Cofradías de Córdoba repasa sus dos etapas al frente de la institución
Hace más de una década que dejó de ser presidente de la Agrupación de Cofradías. Lo fue en dos etapas (ocho años entre finales de los 80 y la primera mitad de los 90 y otros cuatro más de 2008 a 2012). Fueron dos periodos en los que la institución que representa a las cofradías cordobesas logró diversos hitos de relevancia.
Ahora, desde un exilio pretendido (aunque también impuesto en cierto modo), Juan Bautista Villalba atiende a Gente de Paz, en una de las contadas entrevistas que ha concedido en estos años. En la misma hace balance del trabajo realizado, de algunas cuestiones de actualidad y, sobre todo, como es marca de la casa, no es políticamente correcto. Y es que a Villalba siempre le tocó luchar, como reconoce en las siguientes líneas, no pierdan detalle.
-Han pasado doce años y medio, desde que dejaste de ser presidente de la Agrupación y, en este tiempo, desde la distancia, ¿cómo ves la Semana Santa?
Con mucha distancia, porque, prácticamente, la única relación que tengo con la Semana Santa de Córdoba es a través de mi hermandad, con la que sí mantengo vínculos como es natural e intento asistir a aquello más importante que se organiza.
-Dejaste de ser presidente y, a diferencia de la mayoría, te has desvinculado completamente, no has querido tener presencia pública, ¿por qué?
No he tenido ningún interés, pero es verdad que tampoco he sido invitado nunca (risas), que son dos cosas independientes. No he tenido interés, es verdad, en absoluto, pero, naturalmente, tampoco he recibido invitación en ningún momento, para ninguna actividad, acto, ni aniversario, de ningún tipo. Tampoco me preocupa porque, como no tengo interés, no tengo el menor problema.
-Fuiste presidente en dos etapas, hermano mayor del Calvario, de toda esa trayectoria, ¿qué balance haces?
Muy positivo, sin ninguna duda. Tan positivo como que ahí están todas las realizaciones que se llevaron a cabo en mis mandatos y creo que, en toda la historia de la Agrupación de Cofradías, pocos presidentes pueden contar con tantas actividades como las que se llevaron a cabo en mis dos épocas. Estoy muy satisfecho naturalmente, muy orgulloso y, sobre todo, no solo de mi trabajo, porque eso no es el trabajo de una persona, sino de los equipos que a lo largo de esos doce años he tenido, que indudablemente son los que han hecho realidad todo lo que se llevó a cabo.
“Pocos presidentes pueden contar con tantas actividades como las que se llevaron a cabo en mis dos épocas”
-Y de ese tiempo, ¿qué destacarías?
Conseguimos la medalla de oro de la ciudad, algo que creo que tiene su importancia, aunque luego no se le ha dado la relevancia que se debía. Nombrar patrona a Nuestra Señora de la Fuensanta, llevar a cabo su coronación, algo que llevaban decenas de años los cordobeses, o al menos los devotos y los creyentes, luchando por conseguir y lo logramos nosotros. Creo que es súper importante.

La cantidad de publicaciones que se hicieron a lo largo de los mandatos, que creo que nadie lo ha conseguido. Publicaciones como la de los cincuenta años de historia de la Agrupación de Cofradías, la de Semana Santa en Córdoba, que hubo que reeditarla, la Pasión de Córdoba, la Pasión de la Virgen, el estudio socioeconómico. Logramos, de alguna manera, tener un reconocimiento de la ciudad y de las instituciones públicas que anteriormente no se tenía. Se podrían contar hasta cuarenta o cincuenta actuaciones que llevamos a cabo con éxito. Hubo una exposición grandiosa en la Catedral, que creo que no se ha repetido.
“Personalmente, tengo mucha experiencia en luchas personales. Hubo que luchar con el Cabildo, con la Iglesia institución, que no veían positivo eso”
Me siento muy, muy satisfecho de todo lo que se hizo. Que no ha tenido reconocimiento, bueno, tampoco hace falta. La historia está ahí y nadie puede borrarla. Pueden olvidarla, pero nunca borrarla.
-Has nombrado a la Fuensanta, ahora tiene su procesión siempre en la víspera, con un paso que ha pagado el Cabildo. Pero, en tu última etapa, la Virgen empezó a salir por el barrio. Fuiste el precursor.
Mi junta de gobierno, efectivamente, fue la primera que sacó a la calle a la Virgen. Y la que, de alguna forma, instituyó que anualmente pudiera procesionar. Algo con lo que tuvimos que luchar. Personalmente, tengo mucha experiencia en luchas personales (risas). Hubo que luchar con el Cabildo, con la Iglesia institución, que no veían positivo eso. Y, con el tiempo, se consiguió.

Igual que conseguimos que tanto el Obispado como el Cabildo se pusieran a favor de que las cofradías pudieran ir todas a la Santa Iglesia Catedral. Algo que no querían, indudablemente. Y se lo digo en voz alta, estaban en contra. Hasta que conseguimos convencerlos de que era lo mejor. Lo mejor para las cofradías, lo mejor para la Semana Santa de Córdoba, lo mejor para la ciudad de Córdoba. Pero, fundamentalmente, lo mejor para la Iglesia, por lo que supone de aportación de las cofradías a nuestra Iglesia.
-Ahora que todo el mundo da por algo natural la actual carrera oficial ¿Hay que recordar que se luchó mucho?
Hubo mucha lucha. Ya digo que, desde convencer al Cabildo hasta a la máxima autoridad. Y luego pelear con las instituciones, porque teníamos el problema físico de la puerta. Lógicamente, hay temas que no se pueden publicar, pero que yo he vivido personalmente en reuniones con los arquitectos; con la Junta de Andalucía -llegué a hablar hasta con el presidente de la Junta-.
“Conseguimos que tanto el Obispado como el Cabildo se pusieran a favor de que las cofradías pudieran ir todas a la Santa Iglesia Catedral. Algo que no querían”
Hubo una serie de anécdotas, de visitas y de encuentros que al final fructificaron y es lo único que vale la pena. El final es el fruto que se sacó del trabajo realizado.
-En los últimos diez años, en Córdoba, se han celebrado cuatro magnas. Ahora, recientemente, ha habido otra en Sevilla. ¿Crees que aportan o se va a producir lo que se suele denominar como “morir de éxito”?
No sé si va a morir de éxito, lo que sí creo es que no tiene demasiado sentido. Para mí no tiene sentido. Lo puede tener una vez cada 50 años, por un acontecimiento importantísimo para las cofradías o para la Iglesia. Lo que no hay duda es que aquí la que saca rédito es la propia Iglesia, porque dicen “aquí están los míos”, por decirlo de alguna manera. Las cofradías de penitencia están para salir en Semana Santa y hacer estación de penitencia. Y, en un momento determinado, excepcionalmente, pueden salir a la calle.
“Las cofradías de penitencia están para salir en Semana Santa”
-Y de todo lo que hiciste, te preguntaba antes que te destacarías.
Las publicaciones, que fueron unas pocas. Desde la revista Córdoba Cofrade, que nació con nosotros, a libros, grabación de nuevas marchas procesionales… la verdad es que el trabajo fue muy intenso.
-Pero ¿hubo algo que tú digas, me quedó por hacer?
Creo que no. La entrada en la Catedral, pero bueno, eso es algo que desde el primer día tenía muy claro, hay que trabajar para que un día se consiga, el nombre del presidente que lo logre no tiene la menor importancia. Lo que vale es el trabajo que estamos haciendo para que eso se alcance algún día. Por lo tanto, me siento súper orgulloso, porque fuimos los que lo comenzamos, los que lo batallamos, los que lo trabajamos, y otros después han recogido el fruto, fantástico, encantado, porque todo el trabajo que hicimos ha servido para que se consiga el fin.
“Ha habido una época (en el Calvario) más oscura, con diversos problemas, problemas siempre personales que no tienen ningún sentido en una hermandad. Y eso se superó y ahora mismo hay un grupo fantástico”
-De la Hermandad del Calvario también fuiste parte muy importante.
Aporté y sigo aportando, de vez en cuando se acuerdan para hacerme alguna pequeña consulta (risas). Ahora está funcionando muy bien y estoy encantado. Ha habido una época, como ocurre en todos los colectivos, más oscura, con diversos problemas, problemas siempre personales que no tienen ningún sentido en una hermandad. Y eso se superó y ahora mismo hay un grupo fantástico.
Cuando tengo oportunidad voy a convivir con ellos, son bastante más jóvenes, salvo el gran jefe intelectual y la mejor persona que puede tener la hermandad, que es Pepe Vivas, al que todos le debemos tanto, y que sigue ahí batallando en primera línea. Pero los demás son gente muy joven, muy capacitada, que están haciendo mucho por la hermandad, y la cofradía está resurgiendo otra vez, gracias a Dios, y estoy encantado.
-Recientemente, en una entrevista a Gente de Paz, el actual presidente de la Agrupación hablaba de recuperar el Salón Cofrade, que se hacía en tu última etapa ¿Lo ves positivo?
Sí, lo veo muy positivo. Aquello no salió mal, todo lo que sea el poder mostrar, sobre todo el trabajo de los artesanos, es muy interesante. Y el aunar esfuerzos de toda la provincia también es fundamental. Conocerse, tratar con hermandades de los distintos pueblos creo que es muy bueno. Y fue una de las razones por las que aquello se hizo. Creo que es muy positivo el retomarlo. Ya va siendo hora de que cosas del pasado, de la presidencia de Juan Villalba vayan retomándose, sobre todo en los éxitos, que no fueron pocos.
“Tengo como referencias a personas como Rafael Zafra. Llegué a ser presidente de la Agrupación de Cofradías por su estímulo”
-De toda la gente con la que trataste, que fue mucha, ¿qué Cofrade y qué político te sorprendieron para bien más?
Políticos pocos. Quizás alguno hay escondido, pero no quiero darle relevancia ninguna. Cofrades tengo como referencias a personas como Rafael Zafra. Para mí fue muy importante, súper importante. Llegué a ser presidente de la Agrupación de Cofradías por su estímulo y por su enseñanza, sinceramente. Lo que hizo como presidente de la Agrupación, está ahí. Creo que su aportación fundamental fue más con su hermandad que con la propia Agrupación. Le tengo un cariño especial.
Hay otras personas como Fran Mellado, con el que hace tiempo que no tengo contacto, pero que también me ayudó y aprendí mucho de él. Y ya te he nombrado a Pepe Vivas. Es una persona muy humilde, demasiado humilde y, desde luego, es un número uno.





