Hablar de Juan Berrocal es detener el tiempo para escuchar a uno de los grandes. Capataz de Honor de la hermandad de la Paz y Esperanza, hermano mayor con apenas 18 años de la hermandad del Resucitado y figura imprescindible para entender la Córdoba cofrade de las últimas décadas. Ya retirado del martillo, su hijo Juan Luis ha recogido con elegancia el testigo al frente del paso de la Virgen de la Alegría. Pero Juan sigue ahí, observando con serenidad, dejando que la Semana Santa le siga hablando al corazón desde otro lugar. Hoy, en esta conversación, recorremos con él su historia, su visión del presente y lo que queda de todo aquello que en su día protagonizó.
-¿Cómo fueron tus primeros años delante del martillo? ¿Qué recuerdas de aquellas primeras veces mandando una cuadrilla?
Era una época llena de ilusión en un mundo apasionante que se abría de par en par a la juventud a la que nos gustaba que nuestra Semana Santa fuese a costal. De esta manera, hasta los rosarios de la aurora si se podía salían a costaleros. Esa fue la primera vez que pude mandar un pasito de tres trabajaderas en el que calzaban nueve hombres todos amigos de Santa Marina y de la sección juvenil del Resucitado. La sagrada imagen a la que aquella mañana rezamos con nuestro patoso andar era nuestra Señora Madre de los Desamparados del Cristo de las Penas de Santiago.

Después ya con veinte años fue mi debut en la Semana Mayor con el palio de María Santísima de la Caridad del Buen Suceso. Y Humildad y Paciencia desde 1984. Esos años me dejaron marcado, con un número amplio de ensayos con un patrimonio humano escaso, con técnicas aplicadas por influencias divinas, pero todos teníamos que aprender rápido y nos aplicamos al máximo.
«Yo decía: dame un hombre y lo haré costalero»
-Fuiste hermano mayor con dieciocho años. ¿Qué te movió a asumir una responsabilidad tan grande? ¿Qué aprendiste de aquella etapa?
Tengo que dejar constancia de que me acompañaban en esta locura todo el grupo de hermanos y hermanas que formábamos parte de la sección juvenil de la Hermandad, de los que hoy en día un buen número continuamos. Sólo formaba parte de aquella Junta una persona adulta, Manuel Murillo (padre de nuestro actual presidente de la Agrupación de Cofradías) miembro de la anterior junta a la que yo propuse que formaran parte de esa travesía, sólo él tuvo el valor de confiar en aquella juventud, pues desde aquí mi homenaje porque además perduró en la cofradía como Hermano Mayor y otros cargos hasta su muerte.
Lo positivo es que en esos momentos no había quien nos parara, además coincidimos con la regeneración impulsada por Rafael Zafra. Lo negativo es que prácticamente todo, reitero todo, estaba por hacer, pero algunos sueños se hicieron realidad, el desierto lo dejamos atrás, hoy en día la Hermandad del Resucitado es un hermoso vergel.
«En esos momentos no había quien nos parara»
-En tu trayectoria hay un momento especial: el nombramiento como capataz de honor de la Paz. ¿Qué supuso para ti y qué sentiste cuando se te concedió?
Es mi tesoro, porque además fue por sorpresa. En aquel momento yo ostentaba el cargo de teniente de Hermano Mayor de la Cofradía, que, aunque todo se hizo por el conducto reglamentario protocolariamente, se las ingeniaron para que no me enterara.
Llegó la misa del Miércoles Santo, en la mañana. Capuchinos repleta para celebrar la eucaristía conforme a nuestras reglas, y, de pronto, la materialización de aquel regalo que me hicieron nuestros Titulares. Sabes lo que es la ofrenda de tantos años hacia Ellos, pero en ese momento se revierte el camino y en forma de ovación unánime con casi cinco minutos quedó recompensado el sacrificio gustoso de mi familia y por supuesto el mío.

-Has estado más de dos décadas al frente del misterio de Humildad y Paciencia. ¿Qué legado piensas que has dejado?
Estarás conmigo que tantos años dan para mucho. Me propuse desde el principio después de salvar los primeros tiempos, el enriquecimiento devocional de esa cuadrilla. Por Dios que lo conseguimos, con la fabulosa ayuda de Fray Ricardo quien colaboró activamente en la meta religiosa, y mis auxiliares, a los cuales tengo mucho que agradecer también en este aspecto. Éramos una familia, una piña y todo giraba alrededor de nuestros Titulares. Y por supuesto el aspecto técnico fundamental en la estación de penitencia para seguir una línea que perdurara en el tiempo. Pero todo cimentado en el respeto y el amor, la comprensión y por supuesto el esfuerzo físico que cada uno de nosotros en el puesto que ocupara daba en cada ensayo, en cada Miércoles Santo, en esa estación de penitencia que nos llenaba tanto.
Doy fe de que el capataz actual Vicente Mengual lo continúa llevando a gala en los cultos, en su bendito besapiés, en su vía crucis…
«Las cuadrillas no son trabajadores a cuenta de las directivas, ni tienen que someterse al beneplácito de las mismas porque todo tiene su límite»
-Hablemos de evolución: has sido testigo privilegiado de cómo ha cambiado el mundo del martillo en Córdoba ¿Cómo era mandar ante una cuadrilla y como es ahora?
He tenido la gran fortuna de junto con mis compañeros capataces de aquellos tiempos de «reinventarnos» pero en cada paso o cofradía con la que trabajabas, las circunstancias del número de costaleros, la calidad de los mismos y la propia Junta de Gobierno porque tú sacabas la misma cofradía, pero seguro que algo cambiaba de unas personas a otras que formaran parte de la directiva. Fíjate qué problemón, así que te lo resumo: seguro que los capataces actuales son mucho mejores que nosotros, pero nosotros éramos muy muy buenos.
En otro orden de cosas no concibo alrededor del paso un 4-4-2, creo que se me entiende, porque además las incidencias continúan, la misma voz u orden se repite hasta tres veces o se solapan unos a otros. En fin, no estoy en contra ni tampoco a favor, lo asumo, trato de asimilarlo. Después ha surgido el capataz de redes sociales que por otra parte es una herramienta magnífica si somos capaces de darle su cometido y no el de sacar los 365 días del año un paso.
«Éramos una familia, una piña y todo giraba alrededor de nuestros Titulares»
Y lo que me llama más la atención, que, en un Vía Crucis o un Rosario con una parihuela al hombro, vayan también, como no, capataces auxiliares en un número aproximado al infinito… es broma. Mis declaraciones no son de crítica mala, no lo pretendo, solo que hay una esencia que no deberíamos de perder nunca y que cada traje negro la busque con ahínco en cada paso con el que trabaje.
Por último, tengo que manifestar que quiero y disfruto muchísimo con cada uno de los pasos y capataces actuales, el trabajo es fuera de serie, no tenemos que envidiar nada, técnicamente es maravillosa la evolución, con sentido estético, con arte, todo en general, porque no todos los años son iguales.
«Estamos en un momento dulce. Juntas de gobierno y trajes negros que no entendáis esto, por favor, no estropeadlo»
-También los costaleros han cambiado. ¿Notas diferencias en el compromiso, en la preparación, en la forma de entender el trabajo bajo el paso?
Bueno, hemos llegado al punto clave del nivel, bajo mi punto de vista, tan alto que existe en Córdoba. El costalero patrimonio humano diferenciador del pasado al presente, persona fundamental que transforma el andar en arte transmitido al pueblo religioso para estar más cerca de los titulares que portan.
Pero ojo con las juntas de gobierno: las cuadrillas no son trabajadores a cuenta de las directivas, ni tienen que someterse al beneplácito de las mismas porque todo tiene su límite. El abusar de este colectivo es peligroso por mucho compromiso devocional que se tenga. Creo que se me entiende. La preparación de ellos y ellas ha cambiado para bien. Las herramientas que utilizan como costales. O parihuelas, con su progresión, han dado un mejor campo de trabajo… Por último, se ha unificado mucho la manera de trabajar física y técnicamente. Estamos en un momento dulce. Juntas de gobierno y trajes negros que no entendáis esto, por favor, no estropeadlo.
Por último: yo decía «dame un hombre y lo haré costalero». Hoy en día normalmente la mujer y el hombre que se faja, que se pone un costal, que trabaja, ya viene con ese maravilloso título: «costalero».

-Hay quien habla de profesionalización, de técnica, de disciplina casi deportiva… ¿Crees que todo eso ha sumado al mundo de las trabajaderas o se ha perdido algo por el camino?
No me gustaría que se perdiera el aspecto religioso-devocional. Entiendo, porque yo he sido también beneficiado de que grupos trabajen con un capataz en concreto, que antes íbamos más a la aventura, los pasos nos daban unas cornás de tres o cuatro trayectorias, revolcones por doquier. Hoy, afortunadamente, no ocurre, luego pienso que son mejores los tiempos. Eso no quita que el costalero sea capaz de compartir capataces y pasos. Que la amalgama de colores hace un preciso y precioso cuadro. La devoción no es al capataz, es a las imágenes. Es necesario que nuestro sacrificio físico-mental debajo de las trabajaderas los hagamos oración y, que yo sepa, al capataz no se le reza.
«(Un capataz) necesita (tener) «respeto» a los costaleros. Ellos son nuestro medio de vida, sin olvidar, por supuesto, en que existen grupos que te pretenden chantajear o secuestrar»
-Las redes sociales han irrumpido con fuerza en las cuadrillas, en los ensayos, incluso en la forma de vivir la Cuaresma. ¿Qué opinas de todo esto?
Hay que convivir con el presente y el futuro. Las redes llegaron para quedarse, son influencias notorias, no nos engañemos. Bien entendidas o utilizadas es un medio positivo para desarrollar labores, para ayudar, no para defenestrar. Siempre he dicho que las mentiras y los malos olores no los aguantaba. Cada uno expresa o cuenta la feria como le ha ido, pero nadie está en posesión de la verdad absoluta.
Hacer en las redes algo bueno que ha sido regular o al contrario es despreciativo, es desinformación, al igual que publicar imágenes negativas hasta de ensayos, no beneficia en nada a nuestro mundo. Es que nos estamos examinando continuamente. Tiene la importancia que tú quieras darle. En mi organigrama, mi fiel amigo Antonio Alcántara se encargaba de la prensa, relaciones externas, coloquios, debates y redes sociales. Desde el respeto y la sensatez podemos construir una línea muy positiva, pero todos sabemos que no siempre es así.
«Un capataz que se precie tiene que tener carisma, personalidad y humildad. No tiene que ser autoritario, la autoridad te la dan los propios costaleros»
-Hoy es tu hijo Juan Luis quien se pone al frente de las cuadrillas del Resucitado. ¿Cómo viviste ese relevo? ¿Qué se siente cuando el testigo lo toma alguien de tu sangre?
No soy un padre al uso, todo auxiliar que ha trabajado conmigo sabe que pedagógicamente soy duro. Él no iba a ser menos así que ha soportado mi camino hacia la excelencia. Dicho esto, con confianza plena cuando se hizo cargo del palio del Buen Fin le dio un aire nuevo, un clásico modernizado, de barrio sin caer en el populismo, pero si en lo popular. Y lo más importante, desde el respeto, la devoción y el buen hacer de los costaleros del Campo de la Verdad.
Después le ha venido la responsabilidad de nuestros titulares de Santa Marina, Tierra Santa. Todos sabemos que un año no lo tuvo fácil por las circunstancias que rodearon al palio. Pues mire usted por donde, las decisiones que tomó que he de confesarte que yo no hubiese sido capaz, han devuelto a la cuadrilla a lo más alto. Así que siento la más absoluta confianza; los nervios siempre me afloran en un principio, pero con solo ver las primeras manos de ambos pasos este año sabía, a ciencia cierta, que el éxito era rotundo. Se lo ha currado él y su excelente equipo de auxiliares.

– ¿Te ves reflejado en él? ¿Le diste algún consejo o preferiste que forjara su propio camino?
Él ha forjado su propio camino. Cómo será que mis hermanos de capataces retirados de la tertulia «La Recogida» manifiestan que es mejor que yo, claro que eso es fácil.
Sí le he dado muchos consejos. Un capataz que se precie tiene que tener carisma, personalidad y humildad. No tiene que ser autoritario, la autoridad te la dan los propios costaleros. Ellos, además, se tienen que preparar físicamente pero mentalmente es parte de tu labor. Respeta y serás respetado. Administra bien las fuerzas de la cuadrilla.
«Respeta y serás respetado. Donde te llamen para trabajar respeta la devoción y con más razón siendo tú el nuevo. Y lo más importante: sé tú mismo, con tus defectos y virtudes. De esa manera te aceptaran o no, pero la superficialidad no trae más que engaños»
Deja que expresen sus sentimientos y vivencias. Infunde amor, fraternidad, amistad… Toca las veces que sean necesarias elementos de las parihuelas, porque es fundamental que el costalero se sienta cómodo para hacer un buen uso de esas herramientas. Donde te llamen para trabajar respeta la devoción y con más razón siendo tú el nuevo. Y lo más importante: sé tú mismo, con tus defectos y virtudes. De esa manera te aceptaran o no, pero la superficialidad no trae más que engaños.
Y sí, en muchos aspectos me veo reflejado. Hay un número importante de costaleros míos de toda la vida que así lo manifiestan.
«Mi momento está por venir»
– Ya retirado del martillo, ¿cómo vives ahora la Semana Santa? ¿Se disfruta más desde fuera o pesa la nostalgia?
He de reconocer que soy un pésimo nazareno, sufro por todo lo que me rodea en la estación de penitencia, pero ese es mi sacrificio. No tengo nostalgia o para ser sincero no me la reconozco, pero es verdad que la pasión no se va nunca. Admiro enormemente a cada uno de los trabajos de las cuadrillas con sus capataces al frente. Me siento identificado porque conozco el esfuerzo que se tiene que realizar. Disfruto del momento.

Este año ha sido especial, sé que buena parte del mundo cofrade se sintió preocupado por mi salud. Las muestras de cariño en cada abrazo, en cada estampita, en cada levantá, eran un bálsamo a la vez que una fuerza indescriptible. Por lo cual quiero transmitir mi agradecimiento desde el corazón por los momentos que me habéis hecho vivir. Recordad que os quiero.
«He de reconocer que soy un pésimo nazareno, sufro por todo lo que me rodea en la estación de penitencia, pero ese es mi sacrificio»
-Desde tú experiencia, ¿cómo ves el crecimiento de la Semana Santa cordobesa en estos años? ¿Qué se ha ganado y qué, quizá, se ha perdido en el camino?
Vivir el presente nos lleva a un futuro ideal. Somos conscientes de que se va como en un cohete en todos los estamentos que conforman una cofradía. La riqueza patrimonial humana trae consigo mayor riqueza material. Córdoba es un ejemplo para otras localidades, pero dejémonos llevar por los especialistas en cada aspecto. De lo que no se sabe, ni se opina siquiera. No queramos saber de todo que muchas veces por la ley de la escoba nos creemos con el derecho de resolver, solucionar o decidir sin estar capacitados. Y, por supuesto, no olvidemos que somos Iglesia… en esto no voy a entrar porque escribiría un libro con polémica.
–¿Hay momentos, pasos, detalles que cada año, siguen emocionándote como el primer día?
Con los pasos que mandaba me ocurría que levitaba, entraba en éxtasis. Ahora, lógicamente, no me ocurre, pero sí tengo unos momentos cofrades de emoción total. Tengo la gran suerte de ser querido por muchos cofrades, capataces y costaleros lo que me da cierta ventaja y beneficios para que me lleguen más y mejores momentos prácticamente delante de los pasos, siempre sin molestar, con el debido respeto y agradeciendo el detalle.
«De lo que no se sabe, ni se opina siquiera. No queramos saber de todo que muchas veces por la ley de la escoba nos creemos con el derecho de resolver, solucionar o decidir sin estar capacitados. Y, por supuesto, no olvidemos que somos Iglesia… en esto no voy a entrar porque escribiría un libro con polémica»
– ¿Qué necesita hoy un capataz para ganarse el respeto de su cuadrilla y de su hermandad?
Siempre habrá quien te ponga faltas, sea tu hermandad o no. Las cofradías no tienen memoria, las cuadrillas, sí. Sabes que necesita el capataz «honradez». Hay, por ejemplo, capataces que han servido de instrumento de las juntas de Gobierno para tirar a la calle a hermanos costaleros que les molestaban juntas. El propio capataz ha tirado a la calle a otro hermano costalero por opiniones encontradas. Qué valientes somos… Se es valiente cuando haces tu trabajo en toda la amplitud sin importarte ninguno de los aspectos referidos.
Sabes que necesita «humildad». El mismo capataz, con casi la misma cuadrilla, en una cofradía bien y en otra regular. No saquemos pecho porque la caída te puede dejar muchas cicatrices. Sabes que necesita «continuidad» y «fidelidad» a su estilo. Por coger un martillo somos capaces de todo. Sabes que necesita «respeto» a los costaleros. Ellos son nuestro medio de vida, sin olvidar, por supuesto, en que existen grupos que te pretenden chantajear o secuestrar.
«Este año ha sido especial, sé que buena parte del mundo cofrade se sintió preocupado por mi salud. Las muestras de cariño en cada abrazo, en cada estampita, en cada levantá, eran un bálsamo a la vez que una fuerza indescriptible»
-Si tuvieras que dejar un mensaje a quienes vienen detrás, a los que están empezando, ¿qué consejo o enseñanza te gustaría transmitirles?
Las chicotas, las manos que ya se han dado son inamovibles, no nos llevan ya a ningún sitio. Por lo tanto, dos cositas claras y concisas:
Primero, el presente y futuro. No quedaros estancados, buscad la progresión año a año. La excelencia nunca llega, pero si lo hacéis así siempre estará más cerca.
Segundo, tenéis en vuestras manos un gran legado, que ha costado mucho. No perder la «esencia» en un mundo lleno de complicaciones, traiciones… Pero es una pequeña parte. Hay otro campo de fraternidad, amor. Ser solícitos, pero no siervos de nada (el martillo) ni de nadie.
«El mismo capataz, con casi la misma cuadrilla, en una cofradía bien y en otra regular. No saquemos pecho porque la caída te puede dejar muchas cicatrices»
-Después de tantos años dedicados a esta pasión, si tuvieras que elegir un momento de tu extensa vida cofrade, ¿cuál sería?

Por la amistad que nos une, querido Alejandro, es el momento para que quede constancia de dar las gracias con mayúsculas a los doctores y doctoras, que esos sí están luchando por mi vida. Yo solo pongo mi cuerpo. Todos con don y doña.
Mi cirujano, Diego Cobo Padilla, mis especialistas, Rosa Rodríguez, milagros Rodríguez y la doctora Molina. Nutricionistas, internistas y enfermeros, enfermeras, auxiliares de los hospitales Reina Sofía y provincial… Mientras que mis titulares me den salud, os llevaré en mi corazón. Muchas gracias y nos seguiremos viendo si Dios lo quiere.
Ante esto, estarás conmigo en que mi momento está por venir. Amo mi Semana Santa de Córdoba y a sus cofrades de buena voluntad.





