La hermana mayor de la Sangre de El Higuerón da las claves, en la siguiente entrevista, del ascenso y los retos de la cofradía del Sábado de Pasión
Poner en pie una hermandad desde cero es algo que, en el caso de Córdoba, hicieron varias cofradías a partir de los años 70 del pasado siglo. Algo que ya suena lejano, pero que en una barriada de la capital se ha hecho en poco menos de diez años.
Se trata de la Hermandad de la Sangre de El Higuerón que, en estos últimos años, ha pasado de ser agrupación parroquial a hermandad, ha visto llegar a una nueva imagen que, desde el primer momento, ha resultado muy devocional y que no ha parado de crecer desde entonces.
¿El secreto de su éxito? En la siguiente entrevista lo desvela su hermana mayor, Milagrosa Quiles, que da las claves del pasado, presente y futuro de la cofradía. No se la pierdan.
-¿En qué momento se encuentra la hermandad?
Avanzando. La verdad es que se nota, llevo aquí desde el año 2016 y estamos en un momento de avance, de muchos cambios, de mucha ayuda de la gente que tenemos en la hermandad. Un avance positivo.

-En nueve años habéis crecido mucho.
Yo no puedo hacer mucho. Los avances son porque hay gente que nos respalda, que nos ayuda y se ha avanzado muchísimo.
“Recuerdo que, cuando entramos, los respiraderos eran cartulinas doradas. Lo que se podía, porque tampoco se podía mucho más. Hay que respetar y agradecer el trabajo de los que estaban”
-¿Cómo estaba la hermandad cuando te hiciste cargo de ella?
No era hermandad; era un grupo de personas que sacaban la imagen del Cristo de la Sangre. Sí que tenía su grupito de costaleros jóvenes que luchaban, pero fondo económico no había, empezamos desde cero, primero solucionando problemas internos y, después, engrandeciendo un poquito.
El trabajo de las personas que había antes había sido muy intenso, pero ellos no se salían de lo que era sacar a la imagen. Recuerdo que, cuando entramos, los respiraderos eran cartulinas doradas. Lo que se podía, porque tampoco se podía mucho más. Hay que respetar y agradecer el trabajo de los que estaban.

En 2014 no salió (el Cristo de la Sangre), porque no había nadie que lo sacara, en 2015 salió y en 2016 fue posible empezar de nuevo y hacer todos los cambios que se han ido haciendo. En la pandemia se decide hacer la imagen nueva. Lo veía un imposible, pero gracias a todo lo que habíamos conseguido, a todas las colaboraciones que teníamos, a un fondo económico que teníamos, dijimos invertimos, hacemos una imagen. En tres años se ha avanzado muchísimo.
-¿Cuál ha sido la fórmula para conseguir ese avance?
Álvaro Jiménez, junto a mis hijos, son los que han dicho vamos a tirar para adelante y a engrandecer (la cofradía) un poquito, porque aquí no había nada. Y, para hacernos hermandad, el consiliario, don Germán, ha tenido muchísimo que ver. Nos ha apoyado mucho desde el principio, se ha ofrecido para todo lo que necesitáramos, ha luchado en el Obispado para que fuera posible, nos ha ayudado a hacer todo el papeleo y no esperábamos nunca que el paso de ser una agrupación parroquial ser hermandad fuera tan directo, y estamos un poquito orgullosos de lo que hemos conseguido, porque no ha sido fácil. No ha sido fácil. Internamente los problemas fluyen, porque hay diferentes opiniones. Al estar (en la junta) con mis hijos, somos los tres la familia, pues los problemas iban a casa. Pero la satisfacción la tenemos.

-Cómo viviste el momento en que os declaran hermandad?
La comunicación llegó a la casa parroquial, donde vive el sacerdote, y salimos un día de la parroquia y a las once y media de la noche vino don German a casa corriendo, “Mila, Mila, que ha llegado una carta”. La abrimos y no nos lo creíamos. Para nosotros fue un orgullo haber llegado a dónde llegamos.
-Hubo otro hito, que fue la llegada del Señor de la Compasión.
Eso ya fue lo más. No ya solo la llegada, sino cuando ya estaba la cara del Señor hecha en barro, que la vimos en casa de Manuel Luque, y el proceso de cada dos o tres meses, llamarnos, ir a su casa, ver la imagen, no nos lo creíamos.
“Salimos un día de la parroquia y a las once y media de la noche vino don German a casa corriendo, ‘Mila, Mila, que ha llegado una carta’. La abrimos y no nos lo creíamos”
Personalmente, hay otras imágenes que me tocan y me llenan, pero no solo a mí, había mucha gente que me decía, “le falta hablarnos”. Lo miras y esa expresión, que si la boca por una cosa, que si los ojos… Hay personas de fuera de la hermandad que lo dicen también, que parece que le falta hablar. El otro día vino un sacerdote, el de Trassierra, y no se había dado cuenta de que estaba la imagen y a la vuelta del Evangelio, lo miró y dijo “qué Nazareno y qué mirada”. Me sentí orgullosa porque reconocen y se fijan en lo que tenemos.

-Cuándo ves el proceso de cómo se hace una imagen, y luego llega, la tienes aquí todos los días, se recuerdan esos momentos?
Sí, sí. Y el día que llegó fue grande, el verlo aquí, el vestirlo, ponerlo y poder presentarlo. Ese día y los siguientes llorábamos. Una cosa que no te crees, a los días siguientes entrábamos y decíamos, es que lo tenemos aquí. Manuel Luque y su señora son los más orgullosos de tenerlo aquí. Están encantados, dicen que ya era de su familia, y vienen y disfrutan viéndolo y ayudándonos. Cuando el primer día se bendijo y se presentó tuvimos la parroquia llena y gustó. Todo el que viene se fija en él. De hecho, vienen personas que entran a la capilla, están un ratito con él, y es porque algo les llega.
“El otro día vino un sacerdote, el de Trassierra, y no se había dado cuenta de que estaba la imagen y a la vuelta del Evangelio, lo miró y dijo “qué Nazareno y qué mirada”
-Fue bien recibido por el barrio.
Totalmente. Y la (primera) salida fue espectacular. El 90% de las personas del barrio ni se imaginaban que por esa puerta iba a salir ese día. Hubo mucha gente. Los comentarios fueron todos positivos y la expectación grandísima.

Ya tenéis la imagen, sois hermandad ¿Os habéis planteado ingresar en la Agrupación de Cofradías?
El otro día de hecho estuvimos allí en una reunión. Somos una hermandad de barrio y el barrio nos quedaremos, mientras yo esté. La posibilidad de llegar y salir en Córdoba, ni se nos pasa ahora mismo (por la cabeza), ni creo que más adelante. Somos del barrio y del barrio seguiremos siendo. Estuvimos el otro día en la Agrupación y Álvaro (Jiménez) lo comentó, que nuestras expectativas no son llegar a Córdoba. Por lo menos las mías. El poco tiempo o el mucho, no sé lo que me quedará, no, porque es complicado. Sí dije que, si algún día hay que llevar (al Señor de la Compasión) a la Catedral, hacer una eucaristía y tenerlo allí, a mí no me importa. Pero ya el hecho de procesionar y llegar a más de la avenida principal de El Higuerón, yo no lo firmo, ahí me quedo.
“Y el día que llegó fue grande, el verlo aquí, el vestirlo, ponerlo y poder presentarlo. Ese día y los siguientes llorábamos”
-¿Pero el hecho de ingresar en la Agrupación?
Se está planteando. Fuimos el otro día, no fue complicado hablar con ellos. Se está viendo la posibilidad y se va a estudiar. Tenemos los estatutos de ellos, ya preguntamos qué obligaciones teníamos. Posiblemente se entre, si nos admiten. No depende de nosotros, depende de todas las hermandades. Pero intentándolo estamos.

-Estamos a poco más de una semana del Sábado de Pasión, estáis inmersos en los preparativos ¿qué novedades vais a traer este año?
Faroles nuevos. Tenemos ya la bandera de la hermandad, el escudo también, hemos hecho unas varas y las medallas nuevas, llevamos cuatro incensarios nuevos, la corona que procesiona este año es la del Cristo de la Sangre. Este año hemos avanzado un poquito.
“Posiblemente se entre, si nos admiten. No depende de nosotros, depende de todas las hermandades. Pero intentándolo estamos”
-Para los cofrades que, por así decirlo, están más cerca del centro de Córdoba cómo les explicarías si es muy difícil partir de una agrupación parroquial casi de cero.
Es complicado. El proceso no es fácil y más cuando estamos cuatro o cinco. Lo que pasa es que se dan pasitos. Esto no es cuestión de dos semanas, sino de todo el año. Todos tenemos nuestro trabajo, muchos problemas, dedicamos mucho tiempo a esto. Y hasta donde hemos llegado nos ha costado, pero si nos vamos a los últimos cinco años es donde hemos echado la fuerza.

Ahora tenemos una junta de gobierno en la que nos respaldamos. Siempre ha habido unos que han entrado y otros que han salido, pero ahora estamos una pequeña familia que tenemos diversidad de opiniones, pero influye mucho el tener a gente que te acompañe, que te aconseje, que te oriente, que entienda. Yo entiendo hasta donde puedo entender, soy cofrade desde chica de una hermandad en Córdoba, pero no tiene nada que ver ser cofrade y hacer tu salida, que estar un año entero luchando por una cosa de estas, que no es una misión muy fácil. Si me lo llegan a decir, a lo mejor me lo hubiera pensado (risas).
Sigo por mis hijos, por Álvaro -que es como un hijo también, sigo por ellos, porque aquí se sufre mucho y la responsabilidad prefiero que recaíga en mí, que no en mis hijos. Por eso sigo, pero ha habido momentos que he dicho no puedo más y no sigo. Pero ellos me han empujado.

-Has mencionado momentos negativos, pero cuál ha sido el más gratificante.
El traer a la imagen, el poder tener nuestra imagen y el ser hermandad, el haber llegado hasta ese punto -que es complicado-. Eso es lo mejor. Y que la gente reconozca -aunque no en todo momento- la labor que se hace. Cuando llega el Domingo de Ramos y llegan los comentarios, nos quedamos con lo positivo, aunque los haya de toda índole. A mí, con que haya un simple comentario positivo es lo más gratificante, porque hay alguien que reconoce la labor.
“Sigo por mis hijos, por Álvaro -que es como un hijo también, sigo por ellos, porque aquí se sufre mucho y la responsabilidad prefiero que recaíga en mí”
-¿Qué retos tenéis por delante?
Tener un salón y salir por la puerta principal, que son cosas que queremos hacer. Si sigo, me plantearía poder tener más hermanos, que la gente se involucre más en el barrio, es un barrio muy complicado. Que reconozcan lo que es una hermandad. Que el barrio se dé cuenta de lo que hacemos y que el Señor salga a la calle, pero que no sea solo ese día venir a ver al Señor, que sea un continuo.





