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Sergio Sopeña: «Ha sido muy triste esta Semana Santa, como lo está siendo esta propia Pascua, pero a pesar de todo, la fe no ha dejado de aflorar»

Sergio Sopeña se convierte en Hermano Mayor de la Esperanza de Triana en julio del pasado año. Hermano de la hermandad desde su nacimiento hace 46 años, en el domicilio familiar de la Plaza del Altozano. Ha sido, desde su más tierna infancia, un cofrade plenamente involucrado en el día a día de la hermandad, habiendo sido monaguillo y nazareno desde su niñez. En su adolescencia fue presidente del grupo joven y más tarde auxiliar de la priostía. Con este bagaje recibió el ofrecimiento, en 1997, de José Manuel Campos López para formar parte de la junta de gobierno como secretario 2º. Más tarde, en 2006, sería Adolfo Vela Rey quien lo requeriría para ser miembro de la mesa de oficiales, ocupando el cargo de diputado mayor de gobierno. Finalmente, en 2012, le propuso Alfonso de Julios-Campuzano González que formase parte de sus juntas de gobierno como teniente de hermano mayor.

Casado con Carmen López Díaz, nieta de otro antiguo hermano mayor de la hermandad, Francisco López Cantero, son padres de tres hijos y vecinos de la capilla de los Marineros. Licenciado en Biología por la Universidad de Sevilla posee, además, estudios de doctorado en la Facultad de Farmacia, Máster Executive en Administración y Dirección de Empresas y Experto Universitario en gestión de Aguas, desarrollando actualmente su actividad como asesor y auditor de empresas en el ámbito de la seguridad alimentaria. Como cofrade, es hermano, así mismo, de la Hermandad del Rocío de Triana, a la que acompaña en su peregrinación a la aldea almonteña cada pentecostés.

Sergio Sopeña repasa en esta entrevista estos últimos meses al frente de la hermandad y los próximos actos a celebrar.


«Que no hayan podido salir las cofradías creo que puede suponer un punto de inflexión para darnos cuenta que somos siempre hermandades antes que nada»

– Su hermandad fue la primera en suspender el traslado de una imagen, en este caso de la Esperanza a Santa Ana. ¿Cómo vivió esta decisión?

Éramos conscientes de que ello generaría una preocupación muy generalizada más allá del propio ámbito cofradiero porque era ya una señal inequívoca de que el virus era más serio de lo que parecía en un principio. Es más, con los datos que se manejaban el jueves 12 de marzo, día previo al previsto para el traslado de la Esperanza a Santa Ana y jornada en la que celebramos cabildo de oficiales extraordinario de urgencia, al menos podían celebrarse los cultos internos con unas condiciones similares a las que hemos tenido en la fase 1 de la desescalada.

«Esa noche me acosté inquieto porque tenía el pálpito de que la situación podría ir empeorando con rapidez»

Sin embargo esa noche me acosté inquieto porque tenía el pálpito de que la situación podría ir empeorando con rapidez. Y así fue, porque finalmente el viernes 13 de marzo ya hubo que suspender el propio septenario, y el sábado 14 por la mañana se anunció la suspensión de las estaciones de penitencia y por la tarde, el arzobispado ordenó el cierre inmediato de los templos. Ha sido todo tan raro por lo atípico y por lo inédito de lo que hemos vivido que pienso que todos en esos momentos iniciales nos sentíamos muy desorientados, no sabíamos ubicarnos.

– La Esperanza sorprendió ataviada de luto. ¿Cómo se tomó esa decisión? ¿De quién partió la idea?

La idea parte de la propia junta de gobierno al intercambiar impresiones en conversaciones telemáticas mantenidas durante el confinamiento. Así, de manera muy natural. Es algo que en la historia de las cofradías de Sevilla ya se ha hecho anteriormente por otros hechos luctuosos y lo consideramos oportuno. Y pienso que ha sido un acertado homenaje a las almas de tantísimos que han perecido durante este mal sueño.

«La Virgen descenderá de su camarín para que todos puedan tenerla a su lado»

– Recuerda a las estampas en las que aparecía en los años XX del pasado siglo. Es innegable la recuperación que desde hace unos años ha experimentado la imagen de atavíos que se han convertido en seña de identidad. Suponemos detrás un esfuerzo de búsqueda de material fotográfico y documentación innegable, ¿no?

Por fortuna, conocemos muy bien nuestra historia y toda esa documentación la tenemos bien controlada al alcance de nuestra mano. Además, el vestidor, Francisco Javier Hernández, conoce igualmente muy bien la documentación gráfica e histórica existente, y ello contribuye mucho a la hora de evocar estas estampas que rememoran otros tiempos.

«Ha sido una situación inédita para las generaciones actuales, pero los padres, abuelos o bisabuelos de muchos de nosotros han vivido ya algo similar»

– Treinta y seis años se cumplen en junio de la coronación de la dolorosa. ¿Qué actos se llevarán a cabo?

Recuerdo perfectamente aquel día memorable, pues yo tenía por aquel entonces diez años de edad y lo viví con mucha intensidad, como así continúo haciéndolo cada aniversario. Por fortuna el 2 de junio se encuadra dentro de la fase 2 y ello facilitará un poco más la celebración y participación en el culto que cada año realizamos ese día tal y como indican nuestras reglas. El aforo será limitado para dicha eucaristía, y mantendremos todas las medidas de seguridad, si bien la santa misa será retransmitida en directo por las redes de la hermandad. Pero como esta función no podrá ser multitudinaria desde el punto de vista de una presencia física, queremos que todos puedan sentir cerca a la Esperanza. Por ello, desde ese martes 2 y hasta el domingo 7, la Virgen descenderá de su camarín para que todos puedan tenerla a su lado, y con esa cercanía de la Esperanza, y presidido por Ella, tendrá lugar un triduo de rogativas por el fin de la pandemia y en la memoria de las víctimas que han perdido la vida a causa del coronavirus. El triduo se desarrollará entre los días 3 y 5 con distintos predicadores, y el sábado 6 será la misa solemne con monseñor Asenjo, nuestro arzobispo.

«Para la historia de las cofradías un siglo es relativamente poco tiempo»

– Como creyente y cofrade. ¿Qué lecciones cree que hemos aprendido de una Semana Santa sin cofradías? ¿Cómo la ha vivido personalmente?

Ha sido una situación inédita para las generaciones actuales, pero los padres, abuelos o bisabuelos de muchos de nosotros han vivido ya algo similar. Para la historia de las cofradías un siglo es relativamente poco tiempo y hace 87 años de la última Semana Santa en la que ni una cofradía pisó la calle aunque las circunstancias y el contexto fuesen otros muy distintos a los de ahora. Hemos podido leer y escuchar tantas veces historias de aquella época que se nos hacía inimaginable que nosotros, en pleno siglo XXI, pudiéramos conocer algo similar. Que no hayan podido salir las cofradías creo que puede suponer un punto de inflexión para darnos cuenta que somos siempre hermandades antes que nada, y que la cofradía es sólo un día al año, y sin ese sentido de hermandad, la cofradía perdería todo su significado. Pienso que todas las hermandades han hecho un esfuerzo muy grande, desde el punto de vista sentimental y anímico, para que sus cofrades y devotos sintiesen cerca a sus corporaciones.

A mí me ha conmovido la cantidad de testimonios que la gente manifestaba a nuestros titulares a través de las redes sociales, o las ofrendas florales que anónimamente en muchísimos casos dejaban los fieles a las puertas de nuestra capilla. Todo ello refleja que la fe está viva, y aunque no salgan nuestras cofradías, al igual que ahora tampoco pueden salir las de gloria o las del Rocío, por ejemplo, no han podido hacer su peregrinación hasta la aldea en Almonte, o incluso el Santísimo Sacramento, que tampoco podrá salir este año en los diferentes Corpus o procesiones de impedidos que colman nuestro calendario, la gente no deja de aferrarse a Dios y a su Santísima Madre. Ha sido muy triste esta Semana Santa, como lo está siendo esta propia Pascua, pero a pesar de todo, la fe no ha dejado de aflorar y hasta de generarnos emociones muy intensas. Insisto, considero que ahí es donde radica nuestra fuerza como cristianos, en la fe, porque esta, como ya sabemos, mueve montañas.

«Me ha conmovido la cantidad de testimonios que la gente manifestaba a nuestros titulares a través de las redes sociales, o las ofrendas florales que anónimamente en muchísimos casos dejaban los fieles a las puertas de nuestra capilla»

– ¿Cómo está siendo la vuelta de la normalidad en la Capilla de los Marineros?

Diría que sensata y prudente. Creíamos que íbamos a poder tener más problemas los primeros días por ese anhelo o necesidad de todos en ver ya, otra vez, a nuestros titulares, pero por fortuna, la gente está siendo muy responsable. La capilla nunca está sola, pero los fieles parecen como si se pusieran de acuerdo para ir acudiendo a lo largo de las horas del día y así no acumularse en un momento concreto, que es lo que generaría el problema. Aprovecho para pedir que sigamos manteniendo ese orden y buen hacer cuando la Esperanza baje en los próximos días al presbiterio. Ella va a seguir ahí, como lo está ahora, y hay días y horas para verla. Haciéndolo como hasta ahora con la Virgen en su camarín, no habrá problema alguno. Confío en mis hermanos. Y ojalá pronto podamos retomar también nuestra vida de hermandad y volver a tomarle el pulso a nuestro día a día tanto en nuestra capilla como en nuestras dependencias, y recuperar con ello la convivencia entre los hermanos.

«De la responsabilidad de todos depende que cuando llegue el 31 de diciembre, nos tomemos las uvas y nos felicitemos el año nuevo, lo hagamos siendo conscientes de que ese 2021 que se estrenará el próximo 1 de enero sea, sin duda, más feliz y próspero que 2020»

– Este año Triana se quedará sin una de sus fiestas más emblemáticas, el Corpus Chico por las calles, que organiza la Sacramental. ¿Qué actos se celebrarán?

La Hermandad Sacramental de la Esperanza de Triana va a celebrar, como siempre, el triduo sacramental en Santa Ana, con las medidas de seguridad correspondientes y el aforo que permita en ese momento el gobierno de la nación, pues si todo va bien ya estaríamos en la fase 3 de la desescalada en esas fechas. Y el domingo celebraremos la función, que no será a las 9 de la mañana como siempre, ya que luego no habrá que sacar el Corpus Chico muy a nuestro pesar, sino que será a las 12 del mediodía, y a su conclusión realizaremos una procesión claustral con Su Divina Majestad bajo las naves de la parroquia. Al menos ya estos cultos podemos celebrarlo así después de una segunda parte de Cuaresma y una Semana Santa confinados en casa.

– En caso de que hubiera Semana Santa el año próximo. ¿En qué cree que sería diferente?

Prefiero que sigamos viviendo el año 2020 y que vayamos superando las etapas que aún hemos de seguir pasando y afrontando a corto plazo. De la responsabilidad de todos depende que cuando llegue el 31 de diciembre, nos tomemos las uvas y nos felicitemos el año nuevo, lo hagamos siendo conscientes de que ese 2021 que se estrenará el próximo 1 de enero sea, sin duda, más feliz y próspero que 2020. Por eso mismo, no bajemos la guardia, no cometamos errores, y haciendo las cosas bien el mal sueño se quedará atrás y no cambiará de año.

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