La corporación presenta una obra de 1,90 metros de diámetro inspirada en la célebre Virgen de los Navegantes y ejecutada por destacados artistas del arte sacro contemporáneo
La Hermandad Sacramental de la Esperanza de Triana ha dado a conocer una de las incorporaciones más significativas realizadas en los últimos años para el retablo del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, con la presentación del gran medallón central dedicado a la Virgen de los Mareantes, una pieza concebida para coronar el conjunto artístico y reforzar el patrimonio destinado al culto de sus sagrados titulares.
La nueva obra supone la culminación de una importante etapa dentro del desarrollo del retablo y responde a la voluntad de la corporación de seguir enriqueciendo y dignificando su legado artístico y devocional, apostando por creaciones que combinan excelencia técnica, profundidad simbólica y una marcada dimensión catequética al servicio de la fe.
Una compleja obra escultórica desarrollada durante más de una década
El medallón presenta unas dimensiones extraordinarias, alcanzando los 1,90 metros de diámetro y adoptando una configuración circular concebida a modo de gran rosetón escultórico. La pieza ha sido ejecutada en dos fases separadas por once años, un prolongado proceso creativo que ha concluido recientemente con los trabajos finales de acabado y policromía.
Tallada íntegramente en madera de cedro, la obra ha sido enriquecida mediante un elaborado proceso de dorado en oro fino Magnetti italiano, complementado con policromías realizadas a través de la tradicional técnica del estofado, utilizando temple al huevo, cincelado y encarnaduras al pulimento del óleo, recursos artesanales que aportan al conjunto una notable riqueza plástica, una extraordinaria calidad técnica y una cuidada fuerza expresiva.
La Virgen de los Mareantes preside una composición inspirada en la Sevilla del siglo XVI
La iconografía elegida encuentra su principal referencia en el célebre lienzo de la Virgen de los Navegantes, realizado en el siglo XVI por el pintor Alejo Fernández para la Casa de la Contratación de Sevilla. La hermandad ha trasladado al lenguaje escultórico una de las representaciones más emblemáticas de la capital hispalense durante la denominada Era de los Descubrimientos, un periodo de enorme relevancia para la historia de España y para el papel que desempeñó Sevilla como puerta de conexión con el Nuevo Mundo.
En el centro de la composición emerge la figura de la Virgen de los Mareantes, elevada sobre un conjunto de nubes y ángeles que parecen apartarse ante la luminosidad de un amanecer celestial. La imagen aparece con los brazos abiertos, simbolizando la protección, el amparo y la intercesión mariana hacia quienes emprendieron las expediciones transoceánicas rumbo a América.
Un recorrido escultórico por los protagonistas de la evangelización y los descubrimientos
El amplio manto azul de la Virgen se despliega sobre numerosos personajes vinculados a la empresa descubridora y evangelizadora. Bajo su protección aparecen representados Cristóbal Colón, fray Bartolomé de las Casas, fray Martín de Valencia, el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros y diversas religiosas de la Orden Concepcionista, destacadas por su labor educativa, evangelizadora y de difusión de la fe.
La composición incorpora igualmente a numerosos indígenas pertenecientes a distintas tribus, representados bajo el amparo del manto mariano e incorporados a la fe cristiana mediante el sacramento del bautismo, formando parte esencial del relato iconográfico desarrollado en la obra.
En el lado opuesto se sitúa el emperador Carlos V, representado arrodillado, en actitud de oración y revestido con la dignidad propia de la corte española. Su presencia evoca el papel desempeñado por la Corona española en la consolidación de los territorios americanos. Junto a él figuran personajes estrechamente relacionados con la expedición colombina, entre ellos Rodrigo de Triana, conocido por haber avistado tierra por primera vez, así como uno de los hermanos Pinzón, cuya participación resultó fundamental para el éxito de aquella histórica travesía.
Símbolos marianos y referencias al barrio de Triana
Entre las nubes que sustentan la escena puede leerse la inscripción “STELLA MARIS”, expresión latina que significa “Estrella de los Mares” y que constituye una antigua advocación mariana asociada a la protección de los navegantes y de todos aquellos que depositan su confianza en la Virgen durante sus travesías.
A los pies de la Señora se dispone una esfera terrestre que reproduce de manera idealizada la Sevilla del siglo XVI. En ella aparecen representados elementos tan característicos como la Giralda, la muralla medieval, la Torre del Oro y el histórico puente de barcas sobre el Guadalquivir, configurando una detallada evocación de la ciudad en pleno auge de la expansión ultramarina.
La obra incorpora además un significativo guiño simbólico y afectivo al barrio de Triana. De forma deliberadamente anacrónica aparecen representadas la Capillita del Carmen, los arrabales trianeros y la Real Parroquia de Señora Santa Ana, estableciendo un vínculo emocional entre la historia de Sevilla, la devoción mariana y el enclave donde hunde sus raíces la corporación.
Un horizonte de esperanza iluminado por la fe
La parte inferior del medallón se abre hacia un paisaje marino en el que la luz divina transforma las aguas oscuras en un auténtico camino de esperanza. Desde el firmamento descienden potentes rayos dorados que iluminan el océano mientras varias carabelas avanzan hacia el horizonte portando las enseñas reales.
La escena representa la confianza, la fe y las oraciones depositadas a los pies de la Virgen de los Mareantes por quienes se aventuraban a cruzar los mares, convirtiendo el conjunto en una compleja alegoría sobre la protección mariana, la esperanza cristiana y la providencia divina en uno de los capítulos más trascendentales de la historia española.
Una obra colectiva para culminar una fase decisiva del retablo
La ejecución del medallón ha requerido la intervención coordinada de diversos artistas y artesanos especializados en arte sacro contemporáneo. Los trabajos de dorado han corrido a cargo de Francisco Pardo y Carli Lora, mientras que la orfebrería ha sido realizada por el taller de Ramos.
Por su parte, la imaginería y la policromía han sido ejecutadas por Lourdes Hernández, quien ha contado con la colaboración de Irene Dorado Miret en las labores de estofado, completando así un proyecto de gran complejidad técnica y artística.
Con esta incorporación, la Hermandad de la Esperanza de Triana concluye una de las fases más relevantes del desarrollo artístico del retablo del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, reforzando de manera significativa su patrimonio devocional, ampliando la riqueza de su legado artístico y poniendo de manifiesto su firme compromiso con la belleza al servicio de la fe, la conservación del patrimonio y la transmisión de su identidad espiritual a través del arte sacro.
















Hdad Sacramental Esperanza de Triana





