Málaga, Nazareno Púrpura, 💙 Opinión

Esto no va ni de hombres ni de mujeres

Voy a contar algo que no he contado nunca.

Vestí la túnica morada de nazareno de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia durante 18 años.

Durante 18 años acompañando a mi Cristo Guapo, viví cosas que sólo él y yo sabemos.

Dieciocho años. Dieciocho años portando una vela o una bocina. En la bendita soledad del capirote y sólo buscando su mirada, en los momentos más débiles del largo recorrido.

Pero yo tenía una inquietud, que no era otra que probar el varal. Esa droga dura, que para muchos  cofrades, se vuelve adictiva.

Y en el año 2007, contacté con alguien que tenía cierto peso en la cofradía, para conseguir el puesto debajo del trono de Pérez Hidalgo. Hasta ahí, todo era más o menos normal. Pero había un contratiempo, y es que yo mido 1,56 cm, no tenía la talla suficiente para meter el hombro.

Pero la Cofradía encontró el puesto ideal. Pegado a la mesa, y donde yo pensé que me pondrían el llamado “Taco”.

Cual fue la sorpresa el Martes Santo del año 2007, cuando me presenté en mi puesto, que no había “Taco”. Un Capataz me comentó “no te preocupes, cuando el trono baje a mitad del recorrido, ya notarás el varal”. Este hecho no se produjo en ningún momento, con lo cual acabe la procesión sin que mi hombro tocará el varal, pasando vergüenza y enfadado y mucho con la cofradía.

Y ahora veo que hay quién cree que no se le permite llevar un trono porque es una mujer. Vamos que se le discrimina por razón de sexo.

Y es que hay una realidad. Nos guste o no, algunos no hemos nacido para llevar un Trono. Es así. Si yo voy ahora mismo a tallarme para llevar cualquier trono de Málaga, me dirán que no puedo. Y no voy a pensar que me están discriminando por bajito.

Esa es la realidad con la que yo me encontré, como una bofetada en el año 2007. Tres años después me desquité debajo de un Submarino, con Dolores y Esperanza, con un gran “Taco”, pero repito, en la soledad de un Submarino.

Yo soy defensor absoluto de las mujeres en los Tronos. No quiero que a mi hija le limiten sus libertades por ser mujer. Pero si hay algo peor en una cofradía que el machismo añejo recalcitrante, es el feminismo impostado.

Yo durante nueve horas haciendo el ridículo debajo de un trono, que no llevé nunca, porque nunca noté el peso de la fe en mi hombro, me di cuenta de que algunos no nacimos para ser portador. Pero no por ser hombre o mujer. Simplemente es cuestión de talla.

Recuerden que las velas, las insignias y el capirote también son adictivos si se prueban.

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