De cuando en cuando la información cofrade se trufa de tristes noticias que nos hacen regresar a todos a la amarga realidad y a la crudeza de la vida por la que nos ha tocado deambular, forjar sueños, soportar tempestades, construir proyectos y sufrir pérdidas. Noticias que suenan como un aldabonazo en el corazón de quienes las leen y nublan el alma de propios y extraños.
Es el caso del fallecimiento del mítico capataz Alberto Gallardo que ha dejado tras de sí un reguero de dolor y múltiples muestras de condolencias que se han multiplicado por todos los rincones de Sevilla. Gallardo se ha marchado en la víspera del Día de la Virgen. 14 de agosto. Alberto Gallardo nació el 5 de abril de 1934 en la ciudad de Sevilla, concretamente en la calle Sol. Comenzó su andadura en el mundo del costal de la mano de Alfonso Borrero Pavón en la década de los 50, andadura que duraría más de tres décadas.
Su labor como capataz es incuestionable. Su voz de canela y clavo delante de la Virgen de las Angustias, Titular de la Hermandad de Los Gitanos, será difícil de olvidar. Y es que fueron veinte años hablándole a Ella cada Madrugá. O su hechura delante de la Pastora de Cantillana, que dejó de llevarla en 2004. También tuvo entre sus manos los llamadores de las cofradías de Las Aguas, El Valle y el Buen Fin.
Son numerosos cofrades y sevillanos los que se han unido al dolor de la familia. El propio alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, ha manifestado su pesar por el triste fallecimiento lo que da cuenta de la dimensión de esta figura esencial del mundo del costal de la ciudad de la Giralda.
Una dolorosa pérdida, como siempre ocurre cuando se marcha una persona cercana, que ha llenado de consternación a sus familiares y amigos y a todos los afortunados que compartieron parte de su vida con él.





