Fallece Emilio Almenara Castaño, hermano mayor emérito y uno de los fundadores de la Hermandad del Rocío de la Macarena

Emilio Almenara Castaño, hermano mayor emérito y hermano número 6 de la Hermandad del Rocío de la Macarena, ha fallecido en la tarde del 16 de julio, coincidiendo con la festividad de Nuestra Señora del Carmen. Su muerte se produjo mientras se celebraba la eucaristía en honor de la advocación carmelita en la Parroquia de San Gil.

Su desaparición supone la pérdida de una de las figuras vinculadas a los orígenes de la corporación rociera, a cuya historia permaneció unido desde sus primeros pasos. Almenara Castaño desarrolló una labor especialmente relevante en la difusión de la devoción a la Virgen del Rocío entre los hermanos de la corporación, siempre desde una posición marcada por la discreción y alejada de cualquier vanidad.

Una figura esencial en los primeros años de la corporación

La trayectoria de Emilio Almenara quedó estrechamente vinculada a la construcción de la identidad de la Hermandad del Rocío de la Macarena. Quienes compartieron con él aquellos primeros años lo recuerdan como un hombre de presencia firme y profunda sensibilidad, cuyo ejemplo contribuyó a transmitir una manera concreta de entender el camino hacia la Virgen.

Durante los orígenes de la corporación, llegó a reunir en un café de las cinco de la tarde a los hombres vinculados a la Virgen. Entre ellos se encontraba Pedro Rodríguez Villa, su buen amigo y eterno guardián de la Patrona de Almonte. En aquellas conversaciones, Almenara hablaba de la devoción rociera que comenzaba a extenderse por el Barrio de la Esperanza, un sentimiento que terminaría adquiriendo una identidad propia y que ya entonces se representaba en las ocho letras verdes y oro bordadas con el nombre de María Santísima.

El fallecido fue hermano mayor de cercanía, de los que ejercían su responsabilidad desde la proximidad y la entrega cotidiana. Su trayectoria quedó igualmente ligada a la memoria familiar de la corporación, como esposo de Mercedes, padre y tío de hermanos muy queridos y amigo veterano de varias generaciones de rocieros.

El Simpecado, eje de su memoria rociera

Entre los recuerdos vinculados a su trayectoria se encuentra también el momento en el que esbozó una medalla de Garduño en la antigua Casa de Parras, una escena que forma parte de la memoria de los primeros años de la Hermandad.

El Simpecado de la Hermandad del Rocío de la Macarena ocupó un lugar esencial en su vida. Cada una de sus puntadas permaneció presente en su memoria y en su relación con la corporación, como parte de un legado que contribuyó a transmitir a las nuevas generaciones.

Almenara Castaño fue también uno de los hombres que acompañaron emocionalmente a sus hijos en momentos fundamentales de su vida rociera, como el paso bajo un ajolí de madera o la presentación del sábado ante la Virgen. Una trayectoria que le hizo merecedor de un galón de oro marcado para siempre en la historia de la corporación.

Uno de los episodios más significativos de su recorrido se produjo cuando portó el Simpecado de la Hermandad en presencia de San Juan Pablo II, cuya mirada quedó dirigida hacia la insignia. La imagen permanece como parte del legado inmaterial de la corporación: el Simpecado elevado hacia el cielo, la vara apoyada en el suelo y la insignia convertida en altar andante y expresión de la Salve de la Virgen.

La despedida de uno de los hombres de referencia de la Hermandad

Con la muerte de Emilio Almenara Castaño desaparece uno de los hombres que participaron en la construcción de la Hermandad del Rocío de la Macarena desde sus orígenes. Su figura representa la de un hermano mayor cercano, un hombre de fe y un referente para quienes aprendieron de su forma de vivir la devoción rociera.

Ayer comenzó su último camino, después de una vida vinculada a la Virgen del Rocío y a la corporación macarena. En su trayectoria quedan la memoria de los primeros años, la transmisión de una devoción entre generaciones y el testimonio de una vida entregada a una Hermandad que lo recordará como parte inseparable de su propia historia.

Su legado permanece en la memoria de la corporación y en la de todos aquellos que compartieron con él el camino hacia la Virgen.