Fátima, la devoción más íntima de todo un barrio

Hay tradiciones que sobreviven al paso del tiempo sin necesidad de grandes reclamos de cara a la galería ni mayores añadidos que la sincera devoción que por determinadas advocaciones, profesa el pueblo llano, ese que no precisa de etiquetas ni categorías para acercarse a la divinidad a través de su oración. Es el caso de la procesión que cada mes de mayo recorre el corazón de Fátima, presidida por la imagen de la Madre de Dios que da nombre al barrio. Una procesión íntima y sencilla que es símbolo inequívoco de que el amor sincero a la Virgen no precisa de accesorios para latir con fuerza en el corazón de los fieles.

Por eso, un año más, la Virgen de Fátima ha reinado por una horas bajo el cielo de Córdoba anunciada por un cortejo que ha estado acompañado un año más y ya son veinte, por los sones de la Banda de Cornetas y Tambores Coronación de Espinas, acaso el único lujo, más allá de lo que de verdad importa, la presencia de Ella, que la hermosa, humilde y tradicional procesión se permite cada año.

Todo ello en un año singular, dotado de un especialísimo significado para la devoción a la Virgen de Fátima. No en vano se cumplen cien años de las apariciones a los pastores Lucía dos Santos, Jacinta y Francisco Marto de la Madre de Dios, Nuestra Señora del Rosario, en Cova de Iria y con total seguridad, tal circunstancia, la celebración de tan importante efemérides, ha sobrevolado en los pensamientos de sus devotos que han acompañado su peregrinar por el barrio que la acoge y la venera.