Lo ha vuelto a hacer. El imaginero lucentino Francisco Javier López del Espino ha vuelto a concebir una nueva maravilla nacida de su gubia, para volver a hacer enmudecer al universo cofrade en virtud de su inagotable creatividad y su incuestionable capacidad artística. En esta ocasión se trata de un espectacular grupo escultórico que tendrá por destino la ciudad de Murcia y en concreto la Cofradía de la Salud, en la que María, Consuelo de los Afligidos, compartirá un lugar de privilegio en el altar de cabecera de sus hermanos con imágenes de autores esenciales que forman parte de la historia de la imaginería.
Y es que la cofradía de la Salud cuenta con un total de cinco hermandades, una de gloria y cuatro que salen en procesión el Martes Santo, Nuestro Padre Jesús de la Merced, atribuido a Nicolás Salzillo (1713), San Juan Evangelista. obra de Roque López (1795), la Santísima Virgen del Primer Dolor, realizada por Francisco Salzillo (hacia 1740) y el Santísimo Cristo de la Salud, obra anónima, de finales del siglo XV o inicio del XVI, atribuida a Gutierre Gierero. Con obras de estos genios compartirá espacio vital María, Consuelo de los Afligidos, lo que da buena cuenta del renombre que el contrastado imaginero cordobés ha alcanzado por todo el orbe cofrade que se evidencia en todos y cada uno de los encargos que acomete.
Las imágenes del misterio de fueron bendecidas este domingo en la Plaza de la Catedral de Murcia. Una obra que, en palabras de Eduardo González Cano, Catedrático de la real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid «nos envuelve en un halo de misticismo desarrollado con una técnica depurada que nos hace fácil a la vista y a la compresión, algo que tiene una envergadura artística sin precedentes en la obra del escultor que nos ocupa. Un misterio que muestra algo insólito en la imaginería como es la escena de la consolación de la Virgen María dolorosa a Santa María Magdalena englobando una escena cargada de sentimiento y con unos tintes alegóricos que han sido un desafío permanente a la hora de elaborar esta gran obra procesional». González explica que «las dos imágenes son de bulto y su compleja disposición hacen más bella la escena. Todos los ropajes son tallados y gubiados con una técnica depurada y elegante en las formas. Pero cabe destacar la portentosa imagen de la Virgen consoladora, Madre de los Afligidos, que absorbe por completo la atención del espectador por su belleza, ternura en las expresiones y perfeccionamiento en la aplicación de las policromías que engrandecen aún más el conjunto.
López del Espino estudia minuciosamente la expresión de Santa María Magdalena, alejándose de los prototipos clásicos y dejándonos una Imagen atractiva, atrayente, protagonista de su propio desconsuelo, bellísima y cargada de emotividad tanto en sus manos, cabello y posición dentro del misterio. El suelo dónde reposan las sagradas imágenes, tiene simbolismos como la calavera o el cardo que nos trasladan al Gólgota momentos previos al Descendimiento de Nuestro Señor. La obra nos ofrece una visión muy personal de López del Espino con respecto a este singular misterio al pie de la cruz del martirio. De esta manera, el escultor vuelve a plantearnos una escena única, dando pasos importantes en su proyección escultórica dentro de la geografía nacional».
El escultor Francisco Javier López del Espino es una de las figuras más importantes entre las nuevas generaciones de imagineros. Domina las técnicas necesarias para la realización de imágenes sagradas, como el modelado en barro, la talla y la policromía al óleo. Su completo conocimiento de la anatomía humana y del estudio de proporciones le permiten esculpir imágenes religiosas de gran equilibrio visual y de altísima calidad. Su producción artística posee un marcado carácter personal, debido al riguroso estudio de los sentimientos del ser humano antes de ser trasladados a la madera y a la excepcional capacidad expresiva de sus imágenes. Sus obras de imaginería son cada vez más apreciadas y solicitadas, y ha recibido multitud de críticas elogiosas que le animan a proyectar su carrera como escultor- imaginero con aún más energía de cara al futuro.
Nacido en el seno de una familia humilde y trabajadora, cursó estudios primarios en Lucena y su sensibilidad artística fue evidente desde pequeño, pues desde que tuvo uso de razón recuerda haber dibujado y pintado infinidad de imágenes, hasta que en la adolescencia empezó a sentir atracción hacia la escultura y en especial hacia la imaginería. A los 17 años, con la intención de empezar a formarse como imaginero, se trasladó a Córdoba para realizar los estudios de grado medio de talla artística en madera. Con posterioridad, inició los estudios de grado superior en escultura, a la vez que entró a trabajar con importantes imaginemos cordobeses. Para enriquecer su aprendizaje como imaginero, también trabajó durante dos años y medio en la escuela taller La Merced VI, encargada de reconstruir el retablo mayor de la iglesia de La Merced en el edificio de la Diputación de Córdoba, desarrollando su labor como oficial en el modulo de imaginería, ejerciendo labores de policromía, dorado y restauración.
Finalizado el periodo de estudio y aprendizaje, se trasladó a Lucena, donde abrió su propio taller en la calle Julio Romero de Torres nº 21. Enseguida comenzaron a llegar los encargos, y la buena reputación adquirida entre sus clientes ha posibilitado que los encargos se multipliquen. Tiene el orgullo de tener una de sus obras más queridas, la escultura de San Juan Pablo II bendecida por el Papa Francisco I, en la Plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano desde febrero de 2014; y de contar con obras en Sevilla, Almería, Conil (Cádiz), Córdoba, Tarancón (Cuenca) Ciempozuelos (Madrid), Ciudad Real, Elche (Alicante) Albacete, Malagón (Ciudad Real), Écija (Sevilla), Lucena (Córdoba) Huesca, Valencia, Porcuna (Jaén), Guadalajara, etc.
Afirma buscar como escultor es que sus imágenes transmitan un sentimiento determinado, igual que lo transmite una persona. Para ello, trata de imprimirles la divinidad que cualquier imagen religiosa debe tener, la tristeza, la belleza, el sufrimiento y el dolor, con la intención de que parezca que la imagen que estamos contemplando posea el mismo sentimiento que nosotros. “Para mí, como escultor-imaginero, desabrocharme el alma y volcar todos mis sentimientos sobre el barro o la madera resulta, aparte de algo indescriptible, una obligación”, afirma el escultor, que ha regalado al mundo una nueva obra que, sin lugar a dudas, marcará un antes y un después para la Semana Santa de Murcia.

















