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Francisco Romero Zafra: «La imaginería es algo más que una moda en el arte»

Lleva años dejando su huella en el mundo de la imaginería. Romero Zafra es uno de los referentes en un mundo que está viviendo una etapa dorada gracias a la producción de obras y el incremento del número de escultores que se dedican a engrandecer el patrimonio sacro.

Del taller de Francisco Romero Zafra acaban de salir cuatro angelitos de Coronación de Espinas de Córdoba, dos originales de Buiza y otros dos, copias de los del imaginero carmonense, que van en la delantera y trasera del paso. Pero también una dolorosa de talla completa para el Ecce Homo que ya realizó para Valladolid. Al respecto declara que «se está gestando un misterio donde irá San Juan acompañado a la Virgen de Consolación y Pilatos, además de un romano, haciendo la presentación de Cristo».

Todavía permanece en su taller el Señor del Perdón de Córdoba, que llegó un mes antes de Semana Santa para que pudiera terminar la restauración antes del inicio de la semana grande. Sin embargo, la declaración del estado de alarma provocó que permaneciera allí todo estos meses. «Nadie nos esperábamos esto, pero ya que ha ocurrido, me he sentido orgulloso de tener después de 27 años a mi segundo cautivo, ya que el primero, está en Villargordo, un pueblo de Jaén. Cuando lo desnudé, lo vi por primera vez desde su creación y me sentí muy bien emocionalmente, ya que no podía ponerle ninguna pega, en cuestión de anatomía, ya que es completa, excepto los brazos que son articulados y policromía, me siento orgulloso de él», afirma. En cuanto al motivo principal de la restauración, «ha sido la incorporación de los soportes de las nuevas potencias, que solo tenía agujeros desde su creación en 1993 y ya que estamos, una leve limpieza y dar tono en desgastes que tenía en el pelo».

El imaginero Francisco Romero Zafra

Romero Zafra sigue siendo un referente indiscutible en la imaginería. ¿Cómo lo ha conseguido? Según él, «mirado desde la distancia, yo en aquel momento no era consciente de nada, ni siquiera he pretendido ser imaginero, ha venido todo rodado, lo que si ha sido un punto de referencia en mi carrera es hacer siempre lo que sentía emocionalmente y reflejar esos sentimientos en mis imágenes, en mis principios me han servido de referencia los maestros del pasado, pero una cosa que siempre he tenido clara es, no limitarme a copiar y saber que si una cosa se hace así, yo puedo hacerlo de otra forma». Entre aquellos maestros, «muchos porque en toda España ha habido muy buena imaginería», se encuentran en sus principios Mesa y Montañés, a quienes conocía por sus cercanas obras, pero después fue conociendo a Salvador Carmona, Gregorio Fernández, Ruiz Gijón, Mora, Roldán, etc. observando que «cada uno tenía su personalidad y su forma de ser. Así te vas dando cuenta de que cada uno tiene que hacer las cosas como le gusta hacerlas y no como las ha hecho otra persona».

Escultores llegados al mundo de la imaginería han seguido sus pasos, muestra inequívoca de que sigue estando entre los más imitados. ¿A qué se debe que forme parte de los más reconocidos? «Pienso que se debe a que mi obra tiene personalidad propia y siempre me ha gustado la belleza, la ternura, la dulzura y sobre todo expresar sentimientos en las miradas. Me tachan de hiperrealista, pero yo no me considero así, lucho por lo natural, que no se vea forzado, pero en mis imágenes, hay mucha idealización».

De toda la producción de imágenes siempre hay algunas que marcan al imaginero. Confiesa que le tiene un cariño especial a Rocío y Lágrimas porque fue la primera y a la que denomina la culpable de que sea imaginero. «En realidad aquello fue un experimento, pues yo antes no había modelado nada. Después hay varias que son referentes en mi vida como el Despojado de Cádiz, Ecce Homo de Valladolid, el busto del Santo Ángel, Victoria de Bollullos, etc., que son muy valoradas en el mundo entero».

«Me tachan de hiperrealista, pero yo no me considero así, lucho por lo natural, que no se vea forzado»

Francisco Romero Zafra en su taller

El futuro

El panorama de la imaginería actual lo ve con futuro, con muchos jóvenes que quieren ser imagineros, la mayoría de ellos pasando por escuelas de arte, y aunque piensa que no todos serán unos fuera de serie, «entre tantos seguro que algunos destacarán». La Historia nos ha enseñado que después de tiempos de crisis ha habido una ruptura con lo anterior, como muestran por ejemplo las Vanguardias. Por ahora, la situación existente, aunque queda por ver, no cree que al gremio afecte demasiado, «siempre se ha dicho que la fe mueve montañas y en este caso seguro lo hará». ¿Asistiremos al nacimiento de una nueva imaginería? Considera que esta siempre ha evolucionado, pero en matices, en formas de vestir, pero piensa que no mucho más «porque tenemos que entender que le tiene que gustar a una gran mayoría de católicos y que les transmitan emociones. Hubo una época reciente que, para las iglesias recientes se hicieron imágenes modernas que están pasando sin pena ni gloria. La imaginería es algo más que una moda en el arte».

Por delante tiene demasiados proyectos a pesar de no tomar encargos desde 2015. «Son muchas las peticiones que recibo de todo el mundo. Después de seis años de persistencia y ya de amistad he dicho sí al modelado de dos imágenes de un grupo de cuatro, Cristo y Santiago para el Lavatorio de Cartagena. Mis discípulos Juan y Pablo se encargan de la madera y policromías y de las otras dos al completo, modelado incluido y también del modelado del San Juan del Ecce Homo de Valladolid. Ellos se harán cargo de terminar la madera y las policromías. Ha llegado el momento de no seguir el ritmo de trabajo que he llevado durante muchos años. La vida es también otra cosa además del trabajo», concluye.

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