La galería fotográfica de Benito Álvarez recoge los momentos de devoción vividos ante la imagen que centra la fe del Tiro de Línea
Este fin de semana, la parroquia de Nuestra Señora de las Mercedes y Santa Genoveva se convirtió en un espacio de recogimiento donde el tiempo pareció detenerse ante la presencia de Nuestro Padre Jesús Cautivo, devoción fundamentales del barrio del Tiro de Línea. Durante el tradicional besamanos, cientos de fieles desfilaron ante la imagen en un acto silencioso y profundamente emotivo que fue inmortalizado por la cámara de Benito Álvarez, autor de una galería que recoge los instantes más significativos de este encuentro espiritual.
Cada fotografía refleja la intimidad de un momento único, el instante en el que cada rostro se aproxima al Hijo de Dios para mirarlo frente a frente. Ante Él se sucedieron vecinos del barrio, devotos llegados desde distintos puntos de la ciudad y personas que, en silencio, acudieron a depositar su alma como ofrenda, en un gesto de fe que trasciende lo puramente ritual para convertirse en un diálogo íntimo entre el creyente y la imagen que encarna su esperanza.
























Una devoción que trasciende el barrio del Tiro de Línea
Aunque profundamente ligada al Tiro de Línea, la devoción al Señor Cautivo se extiende por toda Sevilla, y así quedó patente durante estas jornadas de veneración. La fila de fieles avanzó lentamente, en un clima de respeto y contemplación, mientras cada visitante encontraba ante la imagen un momento de silencio para la oración, la gratitud o la súplica.
Las imágenes captadas por Benito Álvarez revelan esa sucesión de miradas, gestos y emociones, donde se entrelazan generaciones distintas unidas por la misma devoción. En cada plano se percibe la intensidad de un encuentro que, para muchos, constituye uno de los momentos más esperados del año dentro de la vida espiritual de la hermandad.
Una iconografía inspirada en el abandono de Cristo narrado por el Evangelio
La representación de Nuestro Padre Jesús Cautivo responde a una iconografía particular dentro de la imaginería pasionista. La escena remite al Evangelio de San Mateo, que relata el momento en el que Jesús, tras ser traicionado por Judas y apresado en Getsemaní, experimenta el abandono de sus discípulos.
De este modo, la imagen no se vincula a la advocación tradicional de Jesús Cautivo y Rescatado de carácter trinitario, sino que se centra en la soledad de Cristo tras su captura, cuando queda a merced de quienes lo conducen hacia su destino final.
Una obra de José Paz Vélez marcada por el naturalismo
La talla fue realizada por el escultor José Paz Vélez entre julio de 1956 y febrero de 1957, empleando madera de pino. Desde el inicio, el autor buscó un alto grado de naturalismo y verismo, motivo por el cual concibió la escultura de cuerpo completo, en lugar de recurrir al habitual sistema de candelero.
El escultor se centró fundamentalmente en la definición de los volúmenes, sin profundizar en exceso en los detalles anatómicos, una decisión que no restó fuerza a la presencia de la imagen, cuya altura alcanza los 183 centímetros, dimensiones que refuerzan su apariencia humana y cercana.
La intervención realizada por el propio autor en la década de 1980
Años más tarde, la imagen fue objeto de una única intervención posterior, llevada a cabo por el propio José Paz Vélez. Durante esta actuación, el escultor realizó un nuevo cuerpo completamente anatomizado, tallado en madera de cedro, que sustituyó al original.
Este nuevo cuerpo se presenta cubierto únicamente por un pequeño sudario y muestra un modelado mucho más minucioso en el torso y las piernas, tanto en la talla como en la policromía. La intervención se llevó a cabo entre diciembre de 1985 y febrero de 1986 en las dependencias de la casa hermandad, permitiendo mejorar notablemente la calidad anatómica de la imagen.
Una talla de profunda expresividad dentro de la escuela sevillana
La escultura se inscribe plenamente dentro de la tradición de la escuela sevillana, aunque con rasgos muy definidos del estilo personal de su autor. Destacan especialmente el modelado de la anatomía, la calidez de la policromía y una expresividad valiente y directa que dota a la imagen de una intensa carga emocional.
La sensación de cautividad se manifiesta con fuerza en las manos atadas, cuyos finos dedos se agrupan formando un delicado ramillete que parece ofrecerse al fiel. A la vez, el sentimiento de abandono se refleja en el rostro sereno y profundamente humano de la imagen.
La mirada, intensa pero dulce, se dirige ligeramente hacia abajo, mientras la cabeza se inclina suavemente hacia la derecha. La boca, apenas entreabierta, transmite la sensación de querer pronunciar una palabra o elevar una súplica silenciosa. No hay en su expresión rebeldía ni rechazo, sino una aceptación serena del destino, una resignación que se transforma en compromiso redentor.
Un rostro marcado por la dulzura y la tradición imaginera
Todos los rasgos del Señor Cautivo parecen construidos desde la dulzura y la delicadeza: el modelado del rostro, las articulaciones de manos y pies, la textura de la policromía y la disposición del cabello y la barba.
El cabello aparece cuidadosamente tallado, especialmente en la parte frontal y en los laterales, donde pequeños mechones caen sobre la frente. En el perfil destaca un tirabuzón más pronunciado en el lado derecho, mientras un pequeño mechón en el lado izquierdo deja entrever casi por completo la oreja.
La nariz, fina y alargada, se prolonga hacia un bigote partido, que desemboca en una barba también dividida y ligeramente puntiaguda, clara herencia de la barba bífida tan característica del maestro Juan de Mesa.
El entrecejo se muestra levemente fruncido, mientras unas finas cejas enmarcan los ojos abiertos y expresivos, policromados en la propia madera, a diferencia de las dolorosas, que habitualmente presentan ojos de cristal.
Un cuerpo que transmite humildad y sufrimiento
A pesar de presentarse de pie y erguido, el cuerpo no transmite una actitud desafiante. Por el contrario, la postura revela una actitud abatida y entregada, ligeramente inclinada hacia delante, como si el peso del sufrimiento se dejara sentir sobre la figura.
La escultura aparece además en actitud de caminar, avanzando con el pie izquierdo, lo que provoca la flexión de la rodilla correspondiente y refuerza la sensación de movimiento contenido.
A este lenguaje corporal se suma la representación de la hematidrosis, fenómeno médico consistente en el sudor de sangre, que aparece descrito únicamente en el Evangelio de San Lucas. Este signo expresa una situación emocional extrema en la que se entrelazan angustia, temor y sufrimiento, y añade una dimensión aún más profunda al dramatismo contenido de la imagen.
Un encuentro que trasciende la fotografía
La galería realizada por Benito Álvarez captura precisamente esa mezcla de belleza artística, profundidad espiritual y emoción devocional que caracteriza al Señor Cautivo de Santa Genoveva.
En cada fotografía se percibe algo más que una escena litúrgica: el instante en que un fiel se encuentra cara a cara con el Hijo de Dios, con la imagen que durante décadas ha acompañado la vida de un barrio entero.
Porque para el Tiro de Línea, y para tantos devotos de Sevilla, este besamanos no es únicamente un acto de veneración. Es, sobre todo, el momento en el que cada corazón vuelve a encontrarse con su Señor.





