La Hermandad de San Gonzalo ha celebrado durante este fin de semana el Besapiés a Nuestro Padre Jesús en su Soberano Poder, una convocatoria que volvió a reunir a numerosos fieles en torno a la imagen titular en un ambiente de silencio, oración y contemplación pausada. El acto permitió una aproximación directa a una de las representaciones cristológicas más singulares del siglo XX, favoreciendo una lectura espiritual y estética de gran hondura.
Una cita marcada por el recogimiento y la sobriedad litúrgica
El desarrollo del besapiés estuvo presidido por una puesta en escena contenida y respetuosa, orientada a subrayar el carácter penitencial del momento evangélico que representa la imagen. La cercanía física con el Señor propició una experiencia devocional intensa, en la que el fiel pudo detenerse ante los gestos, la mirada y la poderosa corporalidad del Cristo, sin distracciones ni artificios superfluos.
Testimonio gráfico de un fin de semana de devoción
El acontecimiento ha quedado reflejado en una excelente galería fotográfica realizada por nuestro compañero Benito Álvarez, cuyo trabajo destaca por su capacidad para captar la fuerza expresiva de la imagen y la atmósfera espiritual del besapiés. Sus fotografías ofrecen una narración visual rigurosa y sensible, convirtiéndose en un valioso documento del acto y prolongando su eco más allá del templo.
Una obra capital de la imaginería contemporánea
La imagen de Nuestro Padre Jesús en su Soberano Poder ante Caifás, ejecutada por Luis Ortega Bru entre 1975 y 1976, está considerada como una de las piezas más señeras de la imaginería sevillana del siglo XX. Desde una primera observación, la talla revela una concepción profundamente innovadora, tanto en lo formal como en lo expresivo, alejada de los modelos tradicionales.
La cabeza aparece inclinada hacia abajo y hacia la izquierda, siguiendo el ritmo compositivo del actual paso de misterio, sin dirigir completamente la mirada hacia Caifás. El rostro presenta facciones marcadas y equilibradas, con especial protagonismo de los ojos tallados y policromados directamente en la madera y de los labios carnosos, que configuran una boca entreabierta donde se insinúan dientes y lengua, reforzando con absoluto realismo la acción de hablar.
Un cuerpo en movimiento ajeno a los cánones clásicos
El análisis global de la imagen pone de manifiesto una actitud física valiente e incluso desafiante, fruto de la voluntad de Ortega Bru de romper con los esquemas iconográficos tradicionales de los Cautivos, habitualmente concebidos de manera frontal. El escultor opta por un cuerpo en movimiento, dispuesto en una postura casi imposible dentro de las normas no escritas de la imaginería procesional.
En la figura se percibe la fugacidad de un impulso contenido, un gesto dinámico que se equilibra con la serenidad expresiva del rostro. No se trata de un Nazareno portando la Cruz: la zancada no es amplia ni forzada, y el compás de las piernas resulta medido. Este tipo de movimiento encuentra paralelos en la Historia del Arte, especialmente en obras del Renacimiento tardío y el Manierismo del siglo XVI, sobre todo en ámbitos como la pintura y el grabado.
Descripción anatómica y tratamiento escultórico
La imagen, totalmente anatomizada, alcanza aproximadamente 1,85 metros de altura sin la peana. La pierna derecha se adelanta, con el pie firmemente asentado en el suelo, mientras que la pierna izquierda queda retrasada desde la rodilla, apoyándose sobre los dedos flexionados, casi alineados con el eje longitudinal del otro punto de apoyo.
El tronco, de formas poderosas, acompaña el movimiento de las piernas, elevándose el hombro izquierdo, mientras que la cabeza gira levemente, unos cinco grados sobre su eje natural, en sentido contrario a la evolución corporal, reforzando el dramatismo contenido de la escena. Las manos, de talla potente y expresiva, responden al lenguaje habitual de Ortega Bru, apareciendo en actitud cautiva, con la derecha sobre la izquierda.
Materiales y policromía
A falta de estudios más exhaustivos sobre los materiales, puede señalarse que la imagen, exceptuando la actual peana de cedro, está tallada íntegramente en madera de pino de Flandes. La policromía se realiza al óleo, aplicándose veladuras de acuarela antes del uso de los barnices, un proceso que aporta profundidad cromática y realismo a la encarnadura.
El Besapiés a Nuestro Padre Jesús en su Soberano Poder ha vuelto así a poner de relieve la fuerza devocional y artística de una imagen única, cuya contemplación cercana permite comprender plenamente la audacia creativa de su autor y la vigencia de su mensaje, ahora preservado y difundido gracias al cuidado testimonio gráfico de Benito Álvarez.


















