La Hermandad de La Milagrosa ha celebrado durante este fin de semana el Besamanos a Nuestro Padre Jesús de la Esperanza, una cita que volvió a situar a la imagen titular en el centro espiritual y devocional de la corporación, propiciando un clima de silencio, oración y cercanía en torno al misterio representado. El acto permitió a numerosos fieles contemplar de manera directa y reposada una de las iconografías más elocuentes del panorama cofrade contemporáneo.
Una convocatoria marcada por el recogimiento y la sobriedad
El desarrollo del besamanos estuvo caracterizado por una puesta en escena austera y medida, pensada para favorecer la experiencia íntima del encuentro con la imagen. La disposición del Señor reforzó la lectura catequética del pasaje que representa, subrayando la humanidad doliente de Cristo en el momento previo a su Pasión, sin artificios superfluos y con un marcado acento penitencial.
Testimonio gráfico de un acontecimiento devocional
El acontecimiento ha quedado magníficamente documentado gracias a la excelente galería fotográfica realizada por nuestro compañero Benito Álvarez, cuyo trabajo ofrece una lectura visual precisa y sensible del besamanos. Sus imágenes captan no solo los detalles formales de la talla, sino también la atmósfera espiritual que envolvió el acto, convirtiéndose en un valioso testimonio gráfico de estas jornadas.
Una obra de madurez artística
La imagen de Nuestro Padre Jesús de la Esperanza en el Puente del Cedrón es una creación realizada en 2008 por José Antonio Navarro Arteaga, concebida en un momento de plena madurez artística del escultor. Ejecutada en madera de cedro real, la talla se presenta completamente anatomizada y policromada, ofreciendo una lectura realista y profundamente expresiva del cuerpo de Cristo maniatado.
La cabeza, girada hacia el lado derecho, muestra un rostro de facciones hebreas en el que se conjugan la resignación serena y el dolor contenido, acentuado por la lágrima que resbala desde sus ojos acuosos, preludio silencioso del sacrificio venidero. La melena oscura, abundante y dispuesta en mechones afilados, cae con naturalidad hacia el lado izquierdo y se derrama sobre la espalda del Señor.
Dramatismo contenido y dinamismo narrativo
La anatomía del Cristo revela un estudio minucioso de músculos, tendones y venas, especialmente visible en pies y manos, trabajados con precisión casi obsesiva. El hombro derecho y parte del torso descubiertos, unidos a la austeridad de la túnica y la ausencia de preseas, intensifican el dramatismo del conjunto, reforzando la sensación de vulnerabilidad y entrega.
El dinamismo de la imagen se potencia mediante su concepción itinerante, con los pies adelantados y calzados con sandalias hebreas, gesto que imprime decisión al avance y dota de mayor fuerza narrativa a la escena representada.
Origen de la advocación y arraigo en el barrio
La advocación de la Esperanza responde a un claro vínculo histórico con el entorno, recordando la denominación del barrio como “Ciudad Jardín de la Esperanza” en 1929. La bendición de la imagen tuvo lugar el 19 de octubre de 2008 en la Parroquia de La Milagrosa, y tan solo unos días después, el 25 de octubre, el Señor salió en procesión extraordinaria con motivo de su llegada al barrio, consolidando su arraigo devocional.
El misterio del Puente del Cedrón
Desde 2010, el Señor procesiona acompañado por su paso de misterio, que recrea el episodio evangélico recogido en San Juan 18,1, cuando Jesús cruza el torrente Cedrón junto a sus discípulos. Tras Él, avanza con solemnidad la guardia judía del Sanedrín, completando una escena de gran fuerza narrativa y teológica, que encuentra en actos como este besamanos un espacio privilegiado para su contemplación pausada.
El Besamanos al Señor de la Esperanza ha vuelto así a erigirse en una manifestación de fe serena y profunda, cuya memoria queda ahora preservada gracias al riguroso y sensible trabajo fotográfico de Benito Álvarez, acercando el acontecimiento más allá del templo y prolongando su eco en el tiempo.




















