Galería | Merced. Destellos de Pasión

Un año más llegan sus días grandes, y la reina enjoyada de ofir baja del altar para acercarse al hermano, al cofrade que acude en busca de consuelo, de reconfortamiento o de una simple mirada de alivio por el peso de la cruz de la vida. 

Nuestra Madre y Señora de la Merced de Pasión preside el presbiterio de la capilla Sacramental del Salvador, justo bajo el sobrecogedor altar de plata de su hijo, el Señor de Pasión. 

La estampa parece un dejavu de siglos pasados, de aquel, sin tiempo en el que la madre se postró al pie de la Cruz en el monte Calvario, esperando la muerte del fruto de su vientre para redimir los pecados de la humanidad. 

La Santísima Virgen luce un manto azul bordado y su icónica saya de salida, restaurada recientemente. Recuerda a la Inmaculada de Murillo, revestida de pureza y abrigada del manto azul celestial, símbolo de la soberanía de la madre de Dios sobre la Tierra y el cielo. 

El besamanos a la titular mariana de Pasión llega siempre como el soplo de aire fresco para afrontar la pesada rutina, las preocupaciones, los miedos e inseguridades. 

Pues poco importan los faroles detrás de la imagen, las flores, los bordados o la cera a punto a derretirse, mientras los fieles se paran, inclinan la cabeza y besan a su Virgen tras muchos meses de espera. 

Y es que la madre del Señor nos espera esplendorosa y tierna para ofrecernos esa mano que tanta falta hace en estos momentos, y ante este acto único todo vuelve a cobrar sentido y renace la ilusión, la fe y la devoción.