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Gran Poder sí, Gran Poder no

Esa duda experimentarán muchos cofrades mientras colocan la sombrilla en las playas de Matalascañas, Chipiona, Marbella o Roquetas de Mar, entre tantas otras.

El Señor de Sevilla tiene programados para octubre los actos suspendidos en el otoño de 2020 por la situación sanitaria. Esos cultos extraordinarios, como muchos recordarán, iban a acercar al Gran Poder a las barriadas de la Candelaria, Blanca Paloma y Santa Teresa, algunos de los enclaves más pobres de Sevilla y toda España.

Como ya adelantaba la semana pasada, la situación es similar a la del año pasado, independientemente de que instituciones y organismos oficiales empiecen a vender un triunfalismo que no a todos convence.

El delegado de Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabrera, da por hecho que habrá procesiones en diciembre y que la Candelaria celebrará su siglo de vida en la calle y con toda la pompa y el boata que tanto nos cautiva en la capital del Guadalquivir.

No obstante, el Señor va antes. Que no lo olvide nadie. Y hablar del Gran Poder es decir Sevilla, Andalucía y España entera. O en otras palabras, la salida de una de las devociones más conocidas y veneradas del país puede hacer que se reuna en Sevilla a miles de personas provenientes de diversos puntos de la geografía nacional.

Recabando las cifras de su última salida extraordinaria en noviembre de 2016, el Dios de San Lorenzo congregó a 100.000 personas en su traslado de ida a la Catedral; y a 220.000 en el regreso.

Teniendo en cuenta estos datos y el testimonio gráfico de aquellos días, cabe preguntarse si estamos realmente preparados para la salida del Señor.

Es evidente que la visita del Gran Poder a los barrios humildes de la ciudad se va a producir, pero la fecha aún forma parte de una niebla opaca.

Y es que no está tan claro que esa ansiada inmunidad de rebaño, que llegará en agosto o septiembre previsiblemente, de vía libre a manifestaciones religiosas de esta magnitud.

Quizás nadie haya reparado en eso, pero estamos hablando que la primera imagen que, a día de hoy, va a procesionar tras una grave, dolorosa y arrolladora pandemia, va a ser la del Señor de Sevilla, con todo lo que eso conlleva.

Es cierto que ahora cualquier Cristo o Virgen que salga a la calle va a llamar la atención por las circunstancias y el tiempo que llevan las cofradías sin culto externo, pero aquí se habla ya de otra escala.

La devoción del Gran Poder traspasa fronteras, y las medidas adoptadas por Cecop y los cuerpos de seguridad, en el caso de que salga a la calle, deberán ser excepcionales.

Ya ocurrió el 1 de noviembre de 2020, cuando el Señor presidió en la Plaza de San Lorenzo la Misa Conmemorativa del IV Centenaria de su hechura. Este acto no tiene comparación con lo que ahora hablamos, desde luego, pero puede aportar algo de luz.

La logística de este evento fue perfecta, redonda y efectiva, dando lugar a un acto sin precedentes que posiblemente no se repita en el futuro. Allí no había margen para la improvisación, con calles acotadas, seguridad a tope y una gran cantidad de sillas con la distancia social necesaria.

Es un buen espejo en el que mirarse porque resulta una evidencia que habrá que utilizar algunas de las medidas utilizadas en el pontifical.

Es por ello una incertidumbre la salida del Señor en octubre, y muchas las filigranas que envolverán esa procesión. La providencia será la que responda si es o no el momento de que el Gran Poder se reencuentre con Sevilla tras la epidemia más grave de los que llevamos de siglo.

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