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Hay que suspender las procesiones de Semana Santa ya

Los acontecimientos derivados de la crisis del Coronavirus, así como la dejadez de funciones, cuando no negligencia, por parte de las autoridades competentes, algo que ha repercutido en el agravamiento exponencial de la situación, han puesto a todos los ciudadanos en una situación jamás antes vista. Una problemática que, de haberse atajado con firmeza en el momento oportuno, habría sido radicalmente más leve. Hace dos semanas la situación comenzó a complicarse en Italia. Entonces, y no ahora, era el momento de adoptar medidas severas, como las que han empezado a adoptarse cuando ya se superan los 4.000 contagiados, y creciendo a pasos agigantados.

Teniendo en cuenta la época en la que estamos, los cofrades nos hemos visto plenamente afectados por la crisis. De golpe y porrazo han comenzado a suspenderse todo tipo de actos de cuaresma, ya sean cultos internos o externos, y las bandas han cesado su actividad de forma igualmente repentina y sobrevenida. 

Sin embargo, la dilación en la decisión de suspender las salidas procesionales Semana Santa es algo que, pese a ser ciertamente entendible para el cofrade de a pie, que aún apura las ilusiones de ver pasos en la calle, no tiene sentido para las instancias encargadas de tomar las decisiones. 

A quien corresponda: consejos locales o agrupaciones de Cofradías, Obispados, Junta de Andalucía. Resulta absolutamente indiferente. Suspendan ya la Semana Santa. No tiene ningún sentido prolongar una decisión que, antes o después, va a resultar inevitable tomar. Hay que suspender ya, aunque duela. Los cofrades tenemos que ser los primeros en dar ejemplo y exigir lo que no es más que un ejercicio de sentido común.

Hay que ser realistas, los expertos estiman que el punto álgido de contagiados se alcanzará la primera quincena de abril, coincidiendo de lleno con la Semana Santa. Un punto álgido que, de haber procesiones, podría ser más agudo aún, contribuyendo de esa manera a que nuestro sistema sanitario, el andaluz, que nunca ha brillado por la riqueza de medios, quede más colapsado, algo que podría ser devastador para el ciudadano, pudiendo tirar por tierra el esfuerzo que estamos comenzando a asumir. Los propios ciudadanos, y nosotros los cofrades, hemos de tener meridianamente claro que lo primero es la seguridad y la salud de todo el mundo. Aunque a algunos -ciertos dirigentes incluidos- les cueste entenderlo, hay muchas vidas en juego… ¡vidas! Esto no es ningún juego, por mucho que sea recomendable no perder nunca el sentido del humor, hay que ser plenamente consciente de a qué nos enfrentamos.

Mención aparte requiere la premura de tiempo que conllevaría un anuncio de salir en procesión en Semana Santa a falta de escasos días. Aunque no todo el mundo lo sabe, preparar una salida procesional implica niveles de organización de gran calado, así como tiempo para montar los pasos de forma adecuada. La actividad en las Hermandades está absolutamente parada hasta nueva orden, y así debe ser, por lo que no tiene pies ni cabeza que de la noche a la mañana pueda organizarse todo cuando la situación, lejos de estar controlada, va a ir a peor.

Es un sinsentido prolongar la decisión de cesar cualquier tipo de culto público o interno hasta nueva orden, incluyendo por supuesto las procesiones de Semana Santa. Viéndolo desde la perspectiva de una Hermandad, y llevando al extremo el argumento de la practicidad, ahora que vienen vacas flacas, puede implicar un cierto alivio en los gastos típicos de una salida procesional, que tendría poco o ningún sentido acometer dada la situación.

En la vertiente más espiritual y religiosa, también carece de sentido que, si las salidas procesionales son el final de un camino llamado cuaresma, y ésta se ha visto prácticamente interrumpida, salgan los pasos a la calle sin que el cofrade haya vivido el tiempo cuaresmal como merece. Es un camino que no se ha recorrido. Que nadie lo olvide, pese a que se utilice de manera recurrente desde el ámbito periodístico la frase, la Semana Santa no se suspende, se suspenden las procesiones. Quizá este acontecimiento histórico que contaremos a nuestros nietos -porque lo es, ¿qué duda cabe?-, sea una oportunidad para vivirla de otro modo, de forma interior, recuperando esa relación íntima con la fe que tantas veces se diluye entre la parafernalia superflua que acompaña a las Cofradías. Recemos, recemos juntos, para que esta terrible tempestad amaine lo más rápidamente posible. Y no olvidemos que Él, el de verdad, está siempre ahí, 365 días al año, a nuestro lado. Siempre… confiemos en Él.

Por todo ello, a las autoridades que correspondan, repito, las que sean, por favor, suspendan las procesiones de Semana Santa de inmediato, en Sevilla, en Córdoba, en Málaga, en Jerez, en Huelva, en Jaén, en Granada, en Cádiz, en Almería… en toda España. Una tradición de siglos no se tambaleará por una crisis que será superada en cuestión de meses, porque está cimentada sobre pilares mucho más importantes que una salida procesional, que no es más que la punta del iceberg de todo un año. Seguirá existiendo con más fuerza si cabe, como siempre ha sucedido tras superar guerras entre hermanos, epidemias, invasiones, revoluciones, desamortizaciones… Este año, simplemente no toca que haya pasos a la calle -imaginemos que ha llovido y miremos con ilusión y esperanza al futuro-. A estas alturas, resulta una obviedad que no va a haberlos. No alarguen más la agonía ni ilusionen a nadie. La realidad es la que es y no se puede cambiar. Dentro de años recordaremos este 2020 como un acontecimiento histórico que nos hizo ser más fuertes.

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