“He recibido más de lo que jamás podría devolver”: así es la emotiva despedida del hermano mayor de la Merced al finalizar su mandato

La Hermandad de la Merced vive un momento de transición marcado por un profundo agradecimiento, después de que Pablo Rafael Jiménez González cerrara oficialmente su etapa como hermano mayor con una carta en la que volcó, sin reservas, su sentir tras la elección de la próxima responsable de la corporación.

Agradecimiento sincero y una transición que define una etapa

En su misiva, el ya expresidente de la corporación mercedaria subraya que se dirige a los hermanos “con el corazón lleno de gratitud y alegría”. Recuerda que el martes 25 de noviembre la hermandad celebró el cabildo en el que los miembros eligieron a la persona que asumirá el liderazgo durante los próximos cuatro años. A falta de la confirmación eclesiástica, será Ana Gema Torrico, a quien describe como una mujer de “seriedad, compromiso y hospitalidad”, la encargada de conducir el rumbo de la institución.

Una etapa que concluye, pero que permanece en lo personal

Pablo Rafael Jiménez González afirma que cerrar esta fase supone despedirse únicamente del cargo, nunca de la comunidad. “Me despido del cargo, pero ni mucho menos de vosotros”, asegura, dejando claro que continuará colaborando en lo que la hermandad necesite. En su reflexión destaca que servir de nuevo como hermano mayor ha sido “un honor inmenso”, una vivencia que permanecerá “siempre en el alma”.

Una hermandad que avanza unida

El ya exhermano mayor dedica un espacio significativo a agradecer la confianza y el apoyo recibidos. Subraya el valor de la “entrega silenciosa”, los gestos de respaldo en los momentos difíciles y “esas miradas que sin hablar dicen tanto”. Resalta que, pese a los obstáculos cotidianos —el trabajo, las enfermedades o las dificultades propias del día a día—, la corporación ha sabido mantenerse unida en torno a la fe, a la responsabilidad con sus tradiciones y, sobre todo, al amor por sus titulares: “el Señor imponente de la Coronación de Espinas, la “guapa y dulcísima Santa María de la Merced” y “el Dios verdadero y siempre presente en el Sagrario”.

Sin balances, pero con horizonte

En su despedida evita deliberadamente hacer un análisis de gestión. Considera que lo esencial es que la corporación “sigue viva y fuerte” y que ahora toca mirar hacia adelante, ilusionados ante los próximos años, que anticipa “bonitos”, siempre desde la unidad y los valores que identifican a la hermandad: fe, servicio y fraternidad. Subraya que cada hermano constituye una pieza “esencial” en la construcción del futuro común.

Petición de perdón y memoria agradecida

Con plena sinceridad, pide disculpas por los errores que pudiera haber cometido durante su mandato. “Gobernar es tomar decisiones”, expresa, y admite que algunas, sin duda, no habrán estado a la altura de lo esperado. Solicita comprensión por aquello que “no supo hacer mejor”.

La carta, impregnada de emoción, culmina con una declaración de humildad: “Me despido con la alegría y la deuda de haber recibido más de lo que haya podido dar”.

Apoyo a la nueva etapa

Antes de cerrar el escrito, solicita a los hermanos que brinden su respaldo total a la futura hermana mayor y a la junta que le acompañará. Desea que “el Señor y nuestra bendita Madre nos sigan guiando y fortaleciendo” para continuar creciendo en fraternidad y servicio.

La despedida concluye con la frase que él mismo reconoce como un lema propio de la casa: “Hasta el final Contigo / con vosotros”.