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Córdoba, El Rincón de la Memoria

Historias de la Magdalena

Como ya habíamos recordado en multitud de ocasiones, a pesar de la sensación de vacío que aun reformada no deja de transmitir la Iglesia de la Magdalena, el magnético templo hizo en su día de cuna y renacimiento de antiguas devociones entre las que caben destacar a Nuestra Señora de las Lágrimas – antiguamente los Dolores Chicos –, Nuestro Padre Jesús del Buen Suceso e incluso la pequeña Virgen de los Remedios que hoy en día se encuentra en San Pedro junto a la pila bautismal.

Por supuesto, dentro de ese entramado encontramos también al Santísimo Cristo de la Misericordia, cuya actual hermandad – la cual cumple 80 años de historia – hundiría sus raíces en la curiosa iglesia fernandina. Allí, en la denominada Capilla del Sagrario para ser más exactos, fue donde Francisco Melguizo – fundador de la clásica cofradía del Miércoles Santo – hallaría al abandonado crucificado que, tiempo atrás, había sido conocido como el Santísimo Cristo de la Salud.

El resto ya lo conocemos sobradamente, sin embargo, dentro de la historia de la corporación de San Pedro y, más en particular, de la del titular de la hermandad, es obligado detenerse a analizar la, por otra parte, popular fotografía del esbelto crucificado. En ella – la cual fue realizada antes del año de 1939 – se aprecia al Santísimo Cristo de la Misericordia cuando aún no había sido objeto de la significativa modificación del rostro que, precisamente, se le practicó en el citado año. Aquella restauración a cargo del recordado Rafael Díaz Peno, remodeló la hasta entonces profusa barba, la corona de espinas así como los ojos, considerablemente más cerrados en su origen.

La trayectoria de la Hermandad de la Misericordia, en sus primeros tiempos, transcurrió con las consabidas idas y venidas entre la Iglesia de San Pedro y la de la Magdalena y así fue hasta que, en 1956, el Santísimo Cristo abandonó definitivamente su primitiva sede cuando esta fue clausurada en estado ruinoso para continuar deteriorándose, sigilosamente, durante largos años.

Fuente Fotográfica CÓRDOBA 2007

Justamente, todavía en 1956 permanecía visible, a través de una singular reja de la Magdalena, el grupo escultórico de los Santos Varones que, más tarde, fue trasladado al Museo Diocesano de Bellas Artes. En lo referente a ello, hemos de mencionar nuevamente a Teodomiro Ramírez de Arellano que, en su célebre Paseos por Córdoba no dejó pasar la ocasión de referirse a la vieja y extendida costumbre de los feligreses de detenerse a rezar frente a la escultura, pidiendo favores por intercesión de Nicodemo y José de Arimatea.

Por otra parte, la tradición decía, además, que si el devoto en cuestión, escuchaba por mera casualidad las palabras “sí” o “no” en una conversación ajena, esto debía ser tomado como la respuesta a las súplicas elevadas a los Santos Varones, lo que, por lo tanto, debía interpretarse como que la petición sería concedida o no. Una práctica y creencia que, al igual que tantas otras de profunda religiosidad popular cordobesa, el tiempo se encargó de sepultar para jamás ser recuperada.

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