Pentagrama, Portada, Sevilla

Histórico: El Gran Poder a sones de la Centuria Macarena

Sevilla ha brindado hoy muchas estampas que quedarán para la posteridad, merced al retorno del Gran Poder a su Basílica desde la Catedral tras haber realizado la Santa Misión en Tres Barrios durante las últimas semanas, en las que ha permanecido en otros templos en una impecable labor evangelizadora y de hacer visible lo que en ellos ocurre.

Uno de los momentos más esperados era el transitar del Señor del Gran Poder por la Plaza de la Campana a sones de la Banda de Cornetas y Tambores de la Centuria Macarena. Algo histórico, toda vez que el venerado titular cristífero nunca había caminado a sones de una banda de cornetas y tambores, si bien ya en 2016 la Banda de Música de la Cruz Roja hizo lo propio en Montesión, el pasado 5 de noviembre sucedió lo mismo en el camino del Señor hacia la Catedral, con la música de Soria 9, y hoy también ha sucedido en su transitar por el Ayuntamiento a sones de la Banda Municipal de Sevilla.

Comenzaba a asomar la delantera por la calle O’Donell, cuando la formación musical sevillana, que ya no ofrece ningún tipo de dudas en su alta calidad musical de la actualidad, comenzaba a interpretar los inconfundibles acordes de «La Soledad de San Pablo», de Pascual Zueco Ramos, una de las marchas primigenias del estilo de la corneta y el tambor originado en Málaga de la mano de la Banda de los Bomberos.

Posteriormente sonaba «Defensión«, compuesta por el director de la Centuria, Paco Moraza, y dedicada a la Hermandad de la Defensión de Jerez de la Frontera, a la que la formación acompaña cada Martes Santo, con motivo del 225 aniversario de la llegada del crucificado a la ciudad jerezana.

Sin solución de continuidad sonaba la marcha «Señor de Sevilla», de Jorge Martín Puerto, con la que precisamente el Gran Poder recorría la parte final de O’Donell para terminar arriando el paso justo frente al lugar en el que la Centuria Macarena se postraba interpretando sus sones. Tras los tres toques pertinentes del martillo por parte de los Villanueva, se levantaba el titular cristífero de la corporación de la Madrugá y la Centuria interpretaba la marcha «Hispalis«, también de Paco Moraza, con la que el Señor reviraba hacia la izquierda buscando la Plaza del Duque, arrancando a compás de la música y despertando en el público asistente una ovación en La Campana que se antojaba inevitable, merced a lo histórico del momento. Y es que pese a que alguno que otro siga abrazado al clasismo más rancio, la ocasión, Sevilla y, sobre todo, la intercesión del Gran Poder tras la época más oscura que nos ha tocado vivir, lo merecía. Era una procesión de Acción de Gracias. No pasa nada. Como tampoco ha pasado nada porque el Señor haya visitado los barrios más desfavorecidos de la ciudad, aunque algunos, los mismos a los que antes me refería, persistan en invisibilizar lo que allí sucede, como si fueran vecinos de otra categoría o directamente no existieran.

Finalmente, el Señor del Gran Poder se alejaba a los sones de «La Sentencia de Cristo«, de Manuel Pérez Tejera, y posteriormente «Mi Cristo Caído«, de Javier Navarro Blanco, despidiéndose así las cornetas de la Centuria del Señor de Sevilla, que a buen seguro habrá grabado a fuego en la mente de sus componentes un momento único, irrepetible y cargado de emoción.

Dos de las grandes devociones de la ciudad de la Giralda -el Gran Poder y la Macarena-, cuyas respectivas hermandades además comparten unos fuertes lazos de unión, se abrazaron una vez más, esta vez a través del pentagrama en unos minutos que se recordarán en Sevilla durante décadas. El Señor del Gran Poder caminó a sones de la Centuria Macarena, y qué bonito fue