Córdoba

Humildad y Paciencia se traslada a la Catedral en un ambiente de sobriedad y recogimiento

La sobriedad ha sido la nota predominante del traslado de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia a la Santa Iglesia Catedral, en la noche de este festivo viernes de octubre, para presidir la solemne eucaristía de acción de gracias con que la Corporación capuchina ha querido celebrar, en el mayor templo de la diócesis el 75 aniversario de la bendición de la imagen que tallase Juan Martínez Cerrillo.

Un traslado para el cual la Junta de Gobierno que preside Enrique Aguilar ha obviado enclaves tradicionalmente relacionados con la historia de la Hermandad, como San Zoilo, para decantarse por un itinerario directo, circunscrito al barrio de Capuchinos, a través de la plaza del Cardenal Toledo, tradicionalmente conocida como Plaza del Císter, y tras abandonar su barrio, por la plaza de la Compañía y la calle Santa Victoria, para sumergirse por la encrucijada de callejuelas de la Judería donde se han vivido los momentos de mayor intensidad, saeta al Señor incluida. 

El Señor ha estado precedido por un nutridísimo y elegante cortejo, curiosamente integrado prácticamente en su totalidad por hombres, que ha dejado traslucir la inequívoca esencia de barrio que atesora la Corporación capuchina. Tras el Humilde Rey de los Cielos, el Coro de la Hermandad, ha interpretado adaptaciones de cantos litúrgicos a lo largo de todo el recorrido.

Ataviado con túnica blanca lisa, el Rey de Capuchinos ha sido portado en parihuela por sus costaleros entre un ambiente de gran recogimiento y moderación, como la situación imponía, nada que ver con el derroche, en todos los sentidos, que se espera para la tarde-noche del sábado, en la que el espectáculo se adueñará de las calles de Córdoba por obra y gracia de una cuadrilla única en este sentido y de sendos acompañamientos musicales que prometen muchos instantes de fantasía. 

A la espera de que todo eso llegue, el Señor ya espera en las naves catedralicias, tal vez soñando con la mirada embelesada de sus hijos, de su pueblo, y descontando las horas para regalarle a la ciudad de Córdoba una nueva jornada memorable.