El 18 de mayo de 1978, el insigne Ignacio Gómez Millán exhalaba su último suspiro en la que fuera su tierra natal, Sevilla, ciudad a la que legó una amplia obra como diseñador de bordados para enseres de Semana Santa. No fue un artista aislado, ya que desde pequeño mamó el arte andaluz en el hogar, pues fue hijo de José Gómez Otero, afamado arquitecto del regionalismo sevillano del siglo XX, y hermano, por tanto, de los también arquitectos José, Antonio y Aurelio Gómez Millán. Incluso fue cuñado del celebérrimo Aníbal González, que había contraído matrimonio con su hermana Ana.
Licenciado en Farmacia, tras la realización de unos Ejercicios Espirituales en 1931 y a raíz de los problemas sociales y religiosos del momento, en 1933 decide fundar las Escuelas del Rocío en la trianera calle San Jacinto junto a su cuñada Amparo Herrera y un grupo de hermanos de El Cachorro, contando con el asesoramiento de Manuel Siurot. Ya en 1937 crea con algunos antiguos alumnos la Asociación de Ejercitantes de Nuestra Señora del Rocío, financiando actos culturales, sociales y religiosos por toda la ciudad. Tras ello, decide construir Casa Ballena para colonias veraniegas y ejercicios espirituales de la asociación en la localidad gaditana de Chipiona. En 1972 vendería una parte del inmueble para levantar una Residencia de Ancianos en Palomares del Río, que a su muerte donó a Cáritas Diocesana.

Durante su enfermedad en el Hospital de la Cruz Roja de Capuchinos, antiguos alumnos le velaron por parejas hasta el día de su fallecimiento, hace ahora cuarenta y un años. Sus restos mortales, a petición de la Asociación de Ejercitantes de Nuestra Señora del Rocío, descansan en la Parroquia de Nuestra Señora la O de Sevilla desde el 18 de mayo de 1994. Al igual que en Palomares del Río, el Ayuntamiento de Sevilla, en sesión plenaria de agosto de 1983 y a instancias de la asociación y con cientos de firmas, acordó rotular con su nombre un adarve del barrio de Triana.
Ignacio Gómez Millán contaba con amplias dotes de dibujante, facultad que aprovecharía para diseñar importantes obras para las hermandades y cofradías de Sevilla. Además, llegaría a colaborar con el Taller de José Caro, concibiendo numerosos bocetos de enseres, como el Sine Labe y el Senatus de Las Cigarreras o el estandarte y las bocinas de Santa Cruz. Entre las obras que llevan su firma aparecen los palios de los Desamparados y de las Angustias, así como los mantos de Regla, Castillo de Lebrija y Regla de Chipiona.
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También singular es el palio renacentista de la Virgen de la Palma del Buen Fin, estrenado en 1930. Fue diseñado por Ignacio Gómez Millán, con crestería bordada, que incluye unas pequeñas jarras a modo de perilla y caídas igualmente bordadas, en oro a realce, sobre terciopelo azul, en el taller de Sobrinos de José Caro. Las cartelas principales representan la Asunción de la Virgen María, el escudo del cardenal Ilundaín -que perteneció a la corporación y que era el máximo mandatario en la Sevilla del momento y el escudo de la cofradía. Los ángeles de madera tallada y policromada fueron realizados por Castillo Lastrucci. Del techo cabría destacar que está elaborado con un diseño con motivos arquitectónicos que recuerdan a un palacio. En el centro del mismo podemos observar representado al Santo Sudario, titular de esta corporación.
También destacan la célebre saya de los volantes de la Esperanza Macarena o el Simpecado de la Hermandad del Rocío de Triana. Además, son características las corbatas que cuelgan de las bambalinas del paso de palio de Los Panaderos, estrenadas en 1930. Para este diseño, Gómez Millán se inspiró en un frontal del altar de la Catedral de Santa María de la Sede, siendo la pieza bordada en oro y plata sobre terciopelo rojo en el Taller de José Caro.





