Un grupo de catorce personas internas en el Centro Penitenciario de Huelva, compuesto por doce hombres y dos mujeres, ha iniciado esta semana una emotiva peregrinación con destino a la aldea de El Rocío, en una experiencia que combina espiritualidad, integración social y esperanza. Esta singular marcha, que alcanza ya su vigésimo sexta edición, está promovida por la Asociación Rociera ‘La Libertad’, y se consolida como una de las iniciativas más significativas en el ámbito de la reinserción mediante la fe y el simbolismo del camino rociero.
Con un itinerario que se extiende durante dos días, los peregrinos partieron desde el recinto penitenciario en la mañana del martes, haciendo su primera parada en el municipio de San Juan del Puerto, donde fueron recibidos con cariño y cercanía por autoridades municipales, representantes de la Hermandad del Rocío de la localidad y vecinos que les ofrecieron un cálido desayuno de convivencia. Acompañados por miembros del equipo de gobierno y el hermano mayor del presente año, Eduardo Domínguez Raposo, los caminantes visitaron la iglesia parroquial y la ermita de los Remedios, antes de retomar la ruta hacia enclaves tradicionales del camino como Moguer, el Coto de Montemayor o El Milanillo.
La travesía culminará este miércoles en la aldea almonteña, donde los internos vivirán un momento especialmente esperado: el encuentro ante la Virgen del Rocío, en su Santuario. Allí tendrá lugar una misa de despedida con la que se cerrará el itinerario, cargado de emoción, simbolismo y segundas oportunidades.
Este año, coincidiendo con la celebración del Año Jubilar Rociero, la organización ha incorporado un momento de carácter espiritual especialmente significativo: los participantes que lo deseen podrán confesarse y obtener el Jubileo, en un gesto que refuerza el carácter transformador de la experiencia.
La peregrinación de los internos de Huelva es ya una tradición consolidada, que aúna valores humanos, solidaridad y crecimiento interior, permitiendo a quienes forman parte de ella vivir, al menos por unos días, el Rocío como lo haría cualquier romero: con los pies en el polvo del camino y la mirada puesta en la Blanca Paloma.





