Irene Dorado invita a la reflexión en su nueva obra para Los Palacios y Villafranca

Irene Dorado ha vuelto a realizar un magnífico cartel de cara a la próxima Semana Santa. Una obra que sirve de anuncio a la Tertulia Último Varal de la localidad sevillana de Los Palacios y Villafranca. Se trata de un óleo sobre tabla, preparado a la vieja usanza, estuco, cola de conejo, etc. cuyas medidas son 80 x 60 cm., en el que el absoluto protagonista es el Santísimo Cristo de la Vera Cruz, Titular de la Hermandad de la Vera-Cruz y Ntra. Sra. de los Remedios.

Inspirado en una fotografía de Manuel Gallego Rincón, Dorado ha sabido plasmar a la perfección este crucificado de Castillo Lastrucci. Una escultura en madera policromada de 1,78 metros de altura encargada el 23 de marzo de 1939 por la Hermandad de la Vera Cruz.

Cartel de Irene Dorado

Observamos a Cristo muerto en la cruz con la cabeza inclinada hacia el lado derecho, pupilas dilatadas, boca entreabierta, manos abiertas con dedos levemente flexionados. Pocos signos de violencia en su cuerpo y sudario cordífero. Una cruz arbórea con tres clavos.

El dulce tratamiento anatómico, la suavidad de su silueta y la serenidad que emana de la expresión de su rostro son características propias de la plástica del escultor. Se trata de un Cristo muerto, con corona de espinas tallada en su cabeza.

«Un encuentro que va desde lo tangible, representado por medio de la propia imagen pintada, y lo intangible, representado en formas que se desvanecen como una especie de cristal que nos deja ver a través de Él, pues si nos fijamos en el rostro podemos observar como este va desde el detalle más minucioso hacia la abstracción y pasando casi a la desintegración de las formas, las potencias se desvanecen dejando atrás su brillo, la corona se descompone dejando ver sólo algunas espinas».

«La imagen aparece en penumbra, con una luz ascendente, donde el punto álgido se encuentra focalizado en el rostro del Señor». La cruz arbórea y el sudario se encuentran bañados en color rojo, como símbolo de la sangre brotada en el martirio que sufrió Jesús; pero también la fuerza del Espíritu Santo.

Con esta obra, en la que sólo aparece Cristo en la cruz, con el nombre de la tertulia en el patibulum, Irene Dorado busca la esencia de la Cuaresma, la reflexión. Una reflexión que podemos encontrar con el encuentro a solas con Dios, ya sea a través del arte o en un templo.