La iglesia ha resultado dañada en un ataque que sacude a la comunidad cristiana gazatí, ya mermada y asediada por la violencia
La parroquia de la Sagrada Familia, único templo católico en la Franja de Gaza, ha sido alcanzada por un bombardeo del Ejército de Israel en la mañana de este jueves, según ha denunciado públicamente el Patriarcado Latino de Jerusalén a través de su cuenta oficial en la red social X (antes Twitter). La ofensiva, que habría causado al menos dos fallecidos, también ha dejado varios heridos, entre ellos el propio párroco del templo, el argentino Gabriel Romanelli, figura pastoral de referencia para la pequeña y castigada comunidad cristiana de la zona.
El ataque ha producido daños visibles en la estructura de la iglesia, que se había convertido en refugio de los últimos fieles que aún permanecen en Gaza tras meses de intensificación del conflicto. El suceso se produce en un contexto de creciente desesperación entre los cristianos gazatíes, que han visto cómo la violencia y el cerco han reducido dramáticamente su presencia en el enclave.
La situación resulta aún más conmovedora al conocerse que el sacerdote herido, Gabriel Romanelli, mantenía contacto telefónico diario con el Papa Francisco, quien le transmitía aliento y cercanía desde Roma desde que se intensificaron los bombardeos en la región tras el estallido del conflicto el 7 de octubre de 2023.
Denuncias previas sobre la situación límite
Pocos días antes del bombardeo, el propio Romanelli había ofrecido un testimonio desgarrador de las condiciones extremas que afronta la población civil, especialmente la comunidad cristiana, bajo el asedio y la escasez. En declaraciones concedidas al medio español COPE, el sacerdote describía una situación humanitaria crítica: “La harina cuesta alrededor de 18 euros el kilo, los tomates 23, una sola cebolla entre 12 y 15 euros. Pero ni siquiera podríamos tomar café amargo: un kilo de café no cuesta menos de 250 euros”, relataba.
Además de la asfixiante crisis alimentaria, el religioso alertaba sobre el desamparo sanitario, la falta de suministros básicos y el temor constante a nuevos bombardeos, mientras se hacinaban alrededor de 500 personas en las instalaciones de la parroquia, única zona relativamente segura para los cristianos que han decidido resistir.
Antes del recrudecimiento del conflicto en octubre de 2023, la presencia cristiana en Gaza alcanzaba los 1.017 fieles. Sin embargo, desde entonces, se calcula que alrededor de 300 lograron huir a Egipto a través del paso de Rafah, cuando aún se encontraba abierto. Otros 54 cristianos han perdido la vida en este período de violencia, incluidos 16 fallecidos en el bombardeo que destruyó parcialmente la iglesia ortodoxa de San Porfirio.
Un enclave simbólico bajo fuego
La parroquia de la Sagrada Familia no solo constituía un símbolo de la fe católica en Gaza, sino también un punto de acogida para quienes han perdido sus hogares, un espacio de asistencia médica y distribución de alimentos, y un reducto de esperanza para una minoría religiosa en vías de desaparición en el enclave palestino.
Con este nuevo episodio, el cerco sobre los cristianos de Gaza se estrecha aún más. El impacto moral y espiritual de lo sucedido trasciende las fronteras de la Franja, sacudiendo también a la comunidad internacional y a la Iglesia universal, que ve con profundo dolor cómo uno de sus últimos bastiones en Tierra Santa se convierte en escenario de muerte y destrucción.





