Córdoba

Javier Romero y el pregón que nos representa

Este nueve de marzo, será un día emocionante para los jóvenes cofrades. Volverá a brillar la palabra en honor a tantos y tantos jóvenes que frecuentamos nuestras hermandades. Ayer, tuve el placer de conocer y entablar conversación con nuestro pregonero, Javier Romero. Mi primera sensación, que pude comprobar que era cierta minutos después, fue de un chaval cercano, honesto, humilde y culto. Un muchacho desconocido para muchos de los que frecuentamos diversas tertulias cofrades, que con bastante asiduidad nos acercamos a las casas de hermandades de esta preciosa ciudad.

Como decía, Javi Romero, me era desconocido en el mundo cofrade. Y es cierto, no es una persona que se entremezcle con gente de la agrupación, ni en muchos vínculos cofrades más lejos de su propia hermandad. Pero, eso sí, es un tío de hermandad. Es una persona llena de fe y amor por su titular, y más en este año cargado para la cofradía de Cristo de Gracia. Un año que se quedará, sin duda, en su peculiar baúl de los recuerdos. No todos los pregoneros pueden exaltar la Semana Santa en el misma primavera que su imagen cumple cuatrocientos años de su venida. Como me decía, entre nosotros dos, «las palabras hacia mi señor me salen solas».

Lo acompañé a su hermandad en un intento, poco fortuito por causa del tiempo, de ver el ensayo de su hermandad. Poco fortuito porque se suspendió. Bien sabemos todos los que somos costaleros, que no han sido las mejores semanas para tener ensayos por culpa de la lluvia. Aunque, quizá con un poco de suerte, esto sea un preludio mojado de una semana seca. Ojalá, así Dios lo quiera.

Volviendo al tema de antes, descubrí que Javi, como le dicen en su cofradía, era muy querido. Se hacía de notar, cuando nada más entrar casi todo el mundo le pregunta si estaba nervioso o, mismamente, como lleva el pregón o si estaba listo. Javi es una persona querida en su hermandad, porque se desvive en ella. Porque se ha formado entorno a esa familia de la plaza del Alpargate de la que nunca, pero nunca, saldrá un mal calificativo para nombrarla.

Este viernes, querido amigo mío, será tu día y el de la joven Semana Santa. Mañana la música que haces detrás de tu señor cada jueves santo que sale de tu corazón, esa música que tanto nos gusta, esa misma música, se hará palabra. Se hará palabra y ojos. Tus ojos. Para vivir, como tú vives, la Semana Santa.

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