La Hermandad de Jesús Caído ha informado a través de una nota que durante la tarde-noche de este martes se trasladó a Nuestro Padre Jesús Caído de nuevo a su capilla en la iglesia de San Cayetano tras unos días en el taller del restaurador Enrique Ortega. La intervención de Enrique Ortega (Regespa) se inició a raíz de unas pequeñas grietas y manchas surgidas en la pierna de Jesús Caído y en el torso. Según el restaurador, las fisuras se deben a algún movimiento con la imagen y la propia dilatación por los cambios de temperaturas; la mancha en la pintura vendría dada por algo de humedad. El proceso ha sido rápido y apenas ha tenido repercusión sobre la imagen, concluye el comunicado.
Cabe recordar que el marzo de 2017, Jesús Caído regresaba, precisamente desde el Taller de Ortega, a su hogar de San Cayetano después de una larga pero necesaria ausencia de varios meses, una semana antes del Quinario que la hermandad del Jueves consagra a su sagrado titular, en virtud del Cabildo celebrado por la corporación el 22 de septiembre de 2016, que concedió el respaldo a la decisión adoptada por el equipo de gobierno de someter a una necesaria restauración a los dos titulares de la hermandad.
Jesús Caído fue sometido a una restauración de su policromía retirando capas de suciedad y de policromías del siglo XX para descubrir las más antiguas y de mejor calidad, que se encuentran en buen estado; de hecho el rostro de la imagen conserva la policromía original. Además, se restauraron ensambles interiores y piezas afectadas por el movimiento mediante la sustitución o uso de resinas. La restauración no modificó (que en eso consiste una restauración) los rasgos de la imagen que ha quedado en un perfecto estado de conservación.
La imagen de Jesús Caído data del s. XVII, cuando fue donada al Convento de San Cayetano por el maestrescuela de la Catedral, D. Francisco Antonio Bañuelos y Murillo, aproximadamente en 1660. En un primer instante se le conoce como Jesús Nazareno, aunque, al poco, paso a denominarse con su advocación actual. Representa una de las tres caídas de Jesús en su tránsito por la Vía Dolorosa, tal como relatan las estaciones del Vía Crucis. Jesús se muestra con una mano apoyada en una piedra, mientras con la otra sujeta la cruz. Vuelve la cabeza hacia la derecha y postra en tierra sus dos rodillas.
Los expertos atribuyen la talla al círculo granadino de Pedro de Mena; son muchos quienes piensan que existe una similitud evidente con la imagen cordobesa de Nuestro Padre de la Oración en el Huerto, por lo que cabría datarlas y situarlas en entornos próximos. La imagen ya había sido restaurada en dos ocasiones anteriores conocidas: una en 1898 por Rafael Jiménez y otra en 1979 por el tallista cordobés Miguel Arjona.
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