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El Rincón de la Memoria, Sevilla

Jesús Caído, una devoción olvidada

Quizás sea una imagen tan popular entre los ecijanos como olvidada. En la Iglesia de la Inmaculada Concepción, perteneciente al antiguo Hospital de los Galindo y conocida comúnmente por ello como El Hospitalito, recibe culto la imagen de Nuestro Padre Jesús del Mayor Dolor. Se trata de una representación de Cristo después de la flagelación, recogiendo el instante tras ser desatado de la columna, tema que aparece ya en la plástica italiana del siglo XVI. Ensangrentado, el Mesías se desploma y cae al suelo, disponiéndose a buscar la túnica de la que ha sido despojado para recibir los azotes. Dada la posición, la imagen es denominada popularmente como «Jesús Caído». Esta iconografía recuerda la efigie del Cristo de la Púrpura, recuperada recientemente por la Hermandad de las Cigarreras de Sevilla, donde salía en procesión desde hacia 1650 y 1807.

La columna tenida por la pieza de la flagelación se conserva desde 1223 en la Basílica de Santa Práxedes de Roma, cuando el cardenal Giovanni Colonna la traslada desde Jerusalén.  Sin embargo, algunos eruditos apuntaron que esta columna de pequeñas dimensiones sólo podía ser un fragmento, ya que San Jerónimo había contemplado en Jerusalén la columna de la flagelación, aún manchada de sangre y sosteniendo un pórtico. Tras el Concilio de Trento, se introdujo este elemento en el arte sacro, si bien ya desde el gótico fue representado en las manifestaciones pictóricas.

Cualquier ecijano que pase por la céntrica calle del Conde un día de mañana se detiene un instante ante las puertas del Hospitalito y clava unos segundos su mirada en esa talla cristífera que aparece a los pies del altar mayor de la capilla renacentista. Una talla capaz de conmover a todo ser por la ternura de la escena y la actitud doliente de Cristo. Se trata de una imagen fechada en el año 1814 y bendecida el 19 de mayo de dicho año, considerándose una obra inédita del escultor Lorenzo Cano. Fue costeada por Francisco Muñoz y su mujer, María Manuela Sáez. Recibía culto en el sagrario de la Iglesia de Santa Bárbara y, según consta en varios archivos del templo, lucía de forma habitual corona de espinas y potencias de plata.

Se trata de una escultura en madera policromada, de 0.82cm por 1.35cm, sobre peana rectangular. La anatomía, de tosca factura, algo más estudiada en el torso, muestra ciertas incorrecciones en piernas y pies. No obstante, la cabellera, el sudario y las manos están bien tratados, acentuándose el dramatismo de la imagen a través del rostro de Cristo, del que emana una tristeza sin fin. Sobre el pavimento aparece la túnica inconsútil, mientras que a los pies de Cristo se halla el orificio para encajar la columna abalaustrada de la flagelación, hoy perdida. La túnica, en origen blanca, fue repintada de negro, habiéndose recuperado su policromía original.

Nacido en Jaén en 1750, Lorenzo Cano se afinca en Córdoba a fines de siglo, donde fallece en 1817. En la ciudad califal alcanza una notable fama popular, erigiendo taller propio en las cercanías del Convento de San Francisco, donde se puede apreciar uno de sus muchos trabajos: la figura en piedra que representa al santo, situada en la parte superior del compás. Es también el autor de la imagen de Santiago del templo homónimo y de la Virgen de la Salud que se puede ver en su ermita. Algunos de sus trabajos, como la Virgen de Belén, los realizó en colaboración con su hijo José, también escultor.

Debido a la devoción que suscitó entre las clases populares, Jesús Caído hubo de ser trasladado a la Parroquia de Santa María Nuestra Señora en 1970, siendo depositada en la capilla bautismal, puesto que Santa Bárbara apenas abría en fechas muy señaladas a lo largo del año. Esteban Santos Peña, por entonces párroco de la collación, tomó la decisión de restaurar la talla, tuerta y con la policromía en un paupérrimo estado de conservación. La intervención fue efectuada en 1971 por Francisco Buiza Fernández en su taller del sevillano barrio de San Juan de la Palma, ascendiendo el importe de la misma a siete mil pesetas, que fue costeado íntegramente por José Luis Ostos Martín, feligrés de Santa María.

Sin embargo, la imagen fue nuevamente trasladada en 1981, recibiendo culto desde entonces en El Hospitalito. Además, vuelve a ser restaurada en el año 2000 por el ecijano David Asencio Padilla debido al ataque de xilófagos, quien devuelve a la talla todo su esplendor. No obstante, la imagen de Jesús Caído ha regresado en numerosas ocasiones a la Parroquia de Santa María, si bien en estos momentos continúa recibiendo a sus devotos a los pies de la Inmaculada Concepción, atribuida a Gaspar Núñez Delgado en 1600, en la iglesia del antiguo Hospital de los Galindo.

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