Jose Antonio Fernández Cabrero: “Últimamente se han repetido muchas mentiras, pero eso no significa que fueran verdades. No lo son”

Una reflexión pública sobre la escucha, el lenguaje y la verdad

El ex hermano mayor de la Macarena, José Antonio Fernández Cabrero, ha compartido en su página personal de una conocida red social una reflexión de amplio calado intelectual y moral, articulada en torno a la escucha como valor esencial, la degradación del diálogo y la confusión contemporánea entre verdad y repetición interesada del error. El texto, planteado en forma de interpelación constante, combina introspección, crítica social y autocrítica, construyendo un discurso que interpela tanto al emisor como a la colectividad.

La duda como punto de partida del pensamiento

La reflexión se abre con una pregunta reiterada y deliberadamente incómoda: “¿Tú escuchas bien?”, a la que el propio autor responde con escepticismo al afirmar “Yo, ¿escucho bien? Lo dudo”. Desde ese primer momento, Cabrero sitúa el eje de su pensamiento en la incapacidad contemporánea para escuchar con profundidad, contraponiendo dos actitudes vitales al sentenciar que “de hablar viene el arrepentimiento y de callar la sabiduría”, sin que ello implique, matiza, una verdadera disposición a escuchar.

Escuchar no es callar: una distinción esencial

Uno de los núcleos conceptuales del texto reside en la diferenciación entre educación y escucha, que el propio autor aclara de forma expresa: “Callarse cuando el otro habla no es escuchar, es solo una cuestión de educación”. Frente a ello, subraya que “escuchar es otra cosa”, y es precisamente esa carencia la que, a su juicio, define el presente. Cabrero sostiene que “escuchar bien debió ser el origen de todo”, lamentando que hoy se haya invertido el proceso hasta llegar a “decir lo que otros querían escuchar”.

El silencio contemporáneo y la sordera colectiva

La reflexión adquiere un tono más crítico al describir una sociedad sumida en lo que define como “un inmenso, solitario y ensordecedor silencio”, en el que resulta indiferente “que nos digan, nos expliquen, nos cuenten, nos avisen, nos chillen o nos susurren”. Según Cabrero, “no escuchamos, solo guardamos breves silencios para esperar impacientes a que el otro acabe”, una actitud que conduce a estar “más sordos que mudos”, preocupados únicamente por el propio pensamiento y no por la palabra ajena.

Dolor, esperanza y advertencia

Lejos del pesimismo absoluto, el autor introduce una reflexión de carácter espiritual, afirmando que “el dolor es la campana que Dios usa para despertar este mundo de sordos”, al tiempo que aclara que no se considera agorero y que inicia el año 2026 “muy esperanzado”. La advertencia, por tanto, no nace del derrotismo, sino de la convicción de que la falta de escucha tiene consecuencias que aún pueden ser corregidas.

Lenguaje, límites y posibilidad de cambio

Cabrero introduce también una reflexión filosófica sobre el lenguaje, al señalar que “los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo”, insistiendo en que deberíamos “escuchar más al lenguaje porque suele dar acertadas pistas sobre el uso de la palabra”. En este marco, defiende que “escuchar no hace daño a nadie”, aunque reconoce que implica un riesgo: “la peligrosa posibilidad de que alguien te pueda hacer cambiar de opinión”, algo que rechaza considerar negativo al afirmar con rotundidad “en absoluto”.

Autocrítica, error y verdad

El texto avanza hacia una confesión personal, en la que el autor admite que “mientras hacía esta reflexión, ya he cambiado un par de veces de parecer”, preguntándose si escucha demasiado a sí mismo y no lo suficiente a los demás. En este punto, introduce una afirmación provocadora: “si cuando hablas nadie se molesta es que no has dicho absolutamente nada”, aceptando al mismo tiempo la posibilidad de estar equivocado. Para Cabrero, “equivocarse no es un estado, ni de un ser imbécil, sino un paso adelante para serlo menos”.

Mentira repetida y verdad desfigurada

La reflexión culmina con una denuncia clara de la distorsión de la verdad en el discurso público, sintetizada en una afirmación contundente: “estamos tan ‘mentidos’ que incluso la verdad nos parece mentira”. En ese contexto se inserta la frase que titula su texto y su intervención pública: “Últimamente se han repetido muchas mentiras, pero eso no significa que fueran verdades. No lo son”, una declaración que resume el sentido último de su reflexión.

Una reflexión abierta al lector

El texto se presenta, en su conjunto, como una invitación a la escucha consciente, a la revisión del propio lenguaje y a la aceptación del error como vía de crecimiento, planteando una reflexión que, desde lo personal, adquiere una dimensión colectiva y ética, abierta a la interpretación y al diálogo crítico de quienes se acerquen a ella.