«No queremos salir, queremos que se haga justicia«
La voz de un colectivo apartado del proceso
Ante los micrófonos de la Radio Pública de Andalucía, en el programa Evocación que presenta Francisco José López, José Páez, veterano costalero de la Virgen de la Macarena, comparece como portavoz de un grupo de hermanos que ha quedado excluido del proceso de configuración de la cuadrilla llevado a cabo este año. Su intervención no se presenta como una reclamación individual, sino como la expresión de un sentimiento colectivo compartido por quienes, según sostiene, no han podido igualar «por una falta de confianza que no se ha explicado ni justificado».
Páez insiste desde el inicio en que el grupo al que representa no pretende forzar su presencia bajo las trabajaderas, sino reclamar explicaciones y un procedimiento ajustado a derecho. «No queremos salir —afirma—, queremos que se haga justicia».
Trayectoria personal y vinculación con la Hermandad
José Páez expone su recorrido bajo las andas de la Macarena con un tono contenido y preciso. Explica que el pasado año cumplió 25 madrugadas como costalero de la Virgen, a las que suma ocho años previos bajo el paso del Cristo de la Sentencia. Define esta etapa como la culminación de un sueño personal largamente perseguido: «Este es un sueño mío desde niño, luché mucho por cumplirlo y he podido disfrutarlo durante 25 años, hasta el pasado jueves».
Aclara que su exclusión no se produce por una decisión adoptada tras la igualá, sino antes incluso de su celebración, ya que el día previo recibió una llamada telefónica en la que se le comunicaba que no debía acudir.
La llamada previa y el argumento de la exclusión
Según relata, la comunicación se produjo el jueves anterior a la igualá, por parte de un auxiliar del capataz. El mensaje, asegura, fue idéntico para todos los afectados: «No acudas mañana a la igualá porque no contamos contigo por criterios técnicos». Posteriormente, añade, se introdujo un matiz aún más controvertido: «Por criterios técnicos, por falta de confianza».
Páez cuestiona de forma directa ese argumento, especialmente en los casos de hermanos jóvenes con apenas cuatro o cinco años en la cuadrilla. «No entendemos cómo se puede perder la confianza en personas que no se conocen», subraya, recordando que algunos afectados ni siquiera habían tratado personalmente con el capataz actual.
La igualá y la exclusión física
Pese a la llamada, Páez y otros hermanos decidieron acudir a la igualá celebrada en la iglesia de San Gil, al considerar que habían presentado su solicitud «en tiempo y forma». Relata que el proceso comenzó llamando por orden alfabético únicamente a quienes habían salido el año anterior, estableciendo una distinción previa entre miembros “actuales” y aspirantes, algo que, a su juicio, contradice el reglamento y la afirmación de que el proceso partiría «desde cero».
Cuando comenzó la entrada de aspirantes en grupos reducidos, el colectivo intentó acceder, pero se les impidió físicamente la entrada. Páez destaca que mantuvieron en todo momento una actitud correcta y respetuosa. «No se nos atendió en ningún momento. Pedimos hablar con el capataz o con algún miembro de la junta cada diez o quince minutos, de buenas maneras, y nadie salió».
El episodio concluyó, según su testimonio, con el cierre de las puertas del templo una vez finalizada la igualá. «Nos sentimos desamparados, humillados y con un trato que no creemos merecer».
Un colectivo amplio y una protesta formal
Páez detalla que el grupo que suscribió el escrito dirigido a la junta de gobierno está formado por alrededor de 40 hermanos, aunque los llamados inicialmente para no acudir a la igualá habrían sido 44, de los cuales ocho terminaron reincorporándose. Insiste en que se trata de cifras manejadas por el propio colectivo y que los datos oficiales corresponden a la hermandad.
Rechaza de plano que se trate de una protesta inducida o forzada. «Estábamos todos los que firmamos. Hubo algunos compañeros que no pudieron acudir por motivos laborales o de viaje, pero no desviemos el foco: aunque fuéramos cinco, la injusticia sería la misma».
Renovación de la cuadrilla y crítica al fondo del proceso
Interpelado sobre si la protesta se dirige contra la renovación de la cuadrilla, Páez es tajante: «La renovación es necesaria, ahora y hace ocho años también». Sin embargo, niega que ese haya sido el criterio aplicado. «No ha sido la edad. Hay gente más joven que ha quedado fuera y otros mayores que continúan».
A su juicio, el problema no es el fondo, sino la falta de criterios objetivos. Llega incluso a calificar el proceso como una «limpieza ideológica», basada —según su percepción— en «el rencor y la venganza», amparados bajo una genérica falta de confianza.
La carta de 2017 y la sombra del pasado
Páez reconoce haber sido uno de los firmantes de un escrito presentado hace ocho años, en el que se cuestionaban las formas del capataz Antonio Santiago durante una etapa anterior. Aclara que aquel documento pedía, precisamente, que no se ejecutara la exclusión de un grupo de hermanos y que se reclamaban criterios objetivos.
«Durante ocho años hemos sido prudentes, aguantando mentiras y señalamientos», afirma, subrayando que el contenido de aquella carta defendía también la necesidad de una renovación generacional. Para Páez, el hecho de que hoy se vuelva a hablar de aquel episodio demuestra que «lo que pasa ahora tiene que ver con aquello».
El caso de Álvaro Luna
Entre los ejemplos que considera más significativos, Páez menciona expresamente a Álvaro Luna, con su consentimiento, hijo de Diego Luna, antiguo aspirante de la Macarena cuya historia ha sido relatada públicamente por el propio capataz. Explica que Álvaro, joven y no veterano, figuraba inicialmente en la cuadrilla, pero fue excluido el mismo día de la igualá.
Según relata, el motivo comentado internamente fue que Álvaro había firmado el escrito presentado días antes. «No eres libre de firmar un escrito y seguir dentro», denuncia Páez, interpretando el hecho como una represalia directa.
Reglamentos, criterios y falta de explicaciones
Páez fundamenta gran parte de su argumentación en el artículo 31 del reglamento de la hermandad, que establece criterios objetivos para la selección: condiciones técnicas y físicas, antigüedad como aspirante e implicación en la vida de hermandad. Afirma que ninguno de estos aspectos se ha evaluado correctamente.
«Me gustaría saber cuándo y quién nos ha hecho esa valoración técnica y física», señala, insistiendo en que nunca se realizó tal evaluación. Añade que la implicación en la vida de hermandad, «que también recoge textualmente el reglamento», tampoco ha sido considerada.
Qué reclaman y hasta dónde están dispuestos a llegar
El portavoz insiste en que el colectivo no busca judicializar el conflicto ni exigir la readmisión automática. «Queremos explicaciones, que se nos diga qué criterios se están aplicando y que se cumpla el reglamento». Confirma que han solicitado una reunión formal con el hermano mayor, sin haber recibido respuesta, y que han remitido copia del escrito al director espiritual, con quien esperan reunirse para exponer la situación.
«La respuesta que tuvimos el día de la igualá fue que nos cerraran las puertas en la cara», resume.
Valoración del capataz y del andar de la Macarena
En cuanto a Antonio Santiago, Páez distingue entre el plano técnico y el humano. «Es un gran capataz en lo técnico», afirma, recordando que ha trabajado con él y con otros responsables históricos de la cuadrilla. Sin embargo, considera que presenta carencias en la gestión de grupos y en la gestión emocional.
Sobre el debate recurrente en torno al andar de la Macarena, se muestra crítico con la simplificación del discurso. «Yo considero que siempre ha ido espectacular». Rechaza identificar alegría con cambios o florituras y defiende un andar elegante, solemne y sin estridencias. «Lo importante va arriba», subraya.
Una herida abierta en un año convulso
Páez reconoce que este conflicto se suma a un periodo especialmente delicado para la hermandad tras el proceso de restauración de la imagen. «No nos gusta ver otra vez a nuestra hermandad en boca de todo el mundo», confiesa, pero justifica su intervención pública por la magnitud de lo que considera una injusticia.
Concluye reiterando el sentimiento que articula toda la entrevista: «Tenemos un compromiso enorme con la hermandad. Callarse sería más cómodo, pero la gravedad de lo que está pasando nos obliga moralmente a hablar. No queremos nada malo para la Macarena, pero tampoco podemos permitir injusticias tan grandes».





