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Juan José Asenjo: «Aceptando cordialmente las disposiciones de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, no deberíamos aceptar que propuestas y presiones fuera de lugar en este momento, nos desvíen de nuestras verdaderas prioridades»

«Son centenares los muertos, es ingente el dolor de los padres que mueren en los hospitales sin el aliento de sus hijos, la sociedad confinada, la ansiedad de los médicos sobrepasados de trabajo y con escasos medios… Ahora es el momento de enterrar a los muertos, de rezar por ellos, de encomendar a los enfermos, servir a los pobres, ofrecer los medios materiales modestos que tenemos poniéndolos a disposición de las autoridades sanitarias… y, lo específicamente nuestro, levantar los brazos a lo alto para que el Señor se apiade de nosotros»

El arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, ha remitido una carta, dirigida a todos los sacerdotes de Sevilla, en la que «aceptando cordialmente las disposiciones de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, no deberíamos aceptar que propuestas y presiones fuera de lugar en este momento». En la misiva el arzobispo, que habla también en nombre del señor obispo auxiliar, don Santiago, se hace «cargo de vuestro sufrimiento en estos días por las limitaciones que imponen las normas dictadas por las autoridades sanitarias para impedir la propagación de la epidemia que aflige a Andalucía, a España y al mundo. Sabemos que estáis dedicando mucho tiempo a la oración para impetrar del Señor el final de esta creciente tragedia. Por desgracia, ya vamos poniendo rostros de personas conocidas entre los muertos e infectados por el virus. Seguid alzando los brazos intercediendo por nuestro pueblo».

Monseñor Asenjo afirma haber «hablado con todos los arciprestes y con muchos de vosotros, sobre todo mayores y enfermos. Sabemos que, gracias a Dios, estáis bien. Seguid poniendo los medios para no enfermar, pues sois muy necesarios para vuestras feligresías. Con mucho dolor, pero también con mucho sentido de la responsabilidad y en conciencia, tomamos la decisión el sábado 14 de marzo de cerrar las iglesias, algo que algunos no han comprendido. Por desgracia, los acontecimientos nos están dando la razón».

«En esta coyuntura desgraciada -prosigue el prelado- sabemos de vuestra entrega generosa y creativa y os agradecemos vuestro esfuerzo por transmitir celebraciones eucarísticas, meditaciones y catequesis, viacrucis y exhortaciones cuaresmales a través de medios muy elementales (Facebook, Skype, YouTube, etc.). El pueblo cristiano os agradece vuestras pequeñas homilías y vuestros mensajes cálidos para vivir intensamente esta Cuaresma singular. Así nos lo hacen saber, lo mismo que vuestra cercanía a los más necesitados».

El arzobispo reconoce que «humanamente hablando, la coyuntura que estamos viviendo no puede ser más calamitosa y se prevé larga. Pero en el plano espiritual y pastoral puede ser un acontecimiento de gracia, que nos ayude a todos a convertirnos, a centrar nuestra vida en el Señor, a fortalecer nuestra caridad pastoral y a vivir fiel y santamente nuestro ministerio».

En relación a la posibilidad contemplada en el famoso documento vaticano, de que se celebren procesiones en septiembre, el máximo representante de la iglesia sevillana subraya que «aceptando cordialmente las disposiciones de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, no deberíamos aceptar que propuestas y presiones fuera de lugar en este momento, en el que debemos dedicar todas nuestras energías a lo fundamental, nos desviaran de nuestras verdaderas prioridades. Son centenares los muertos, es ingente el dolor de los padres que mueren en los hospitales sin el aliento de sus hijos, la sociedad confinada, la ansiedad de los médicos sobrepasados de trabajo y con escasos medios… Ahora es el momento de enterrar a los muertos, de rezar por ellos, de encomendar a los enfermos, servir a los pobres, ofrecer los medios materiales modestos que tenemos poniéndolos a disposición de las autoridades sanitarias… y, lo específicamente nuestro, levantar los brazos a lo alto para que el Señor se apiade de nosotros».

Además expone que «tenemos que considerar también lo que se nos viene encima cuando el Señor nos libere de esta desgracia, con la economía hundida, el aumento previsible del paro y la pobreza… Seamos responsables y centrémonos en lo esencial para seguir acompañando y sirviendo a nuestro pueblo y a cuantos van a quedar en las cunetas de la vida social».

«Quiero deciros, por fin, también en nombre de don Santiago, que os felicitamos por vuestra entrega y que nos sentimos orgullosos de vosotros. Desde la Vicaría General os irán informando sobre temas pendientes (Semana Santa, Misa Crismal, funerales y tanatorios, primeras comuniones, etc.), tan pronto como formemos criterio. Tendremos muy en cuenta las orientaciones de la Conferencia Episcopal y las disposiciones de las autoridades sanitarias. Cuidaos. Con nuestra oración ferviente por vosotros y nuestros fieles, os enviamos un abrazo fraterno y nuestra bendición para vosotros, vuestras familias y vuestras comunidades», finaliza la carta.

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