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Sevilla, 💚 El Rincón de la Memoria

Juan Manuel Rodríguez Ojeda, el mejor legado de la hermandad de la Macarena

El maestro del bordado tiene el nombre de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, y su musa, la Esperanza Macarena. Nacido el 13 de noviembre de 1853, y marcado por la devoción a la dolorosa sevillana dedicó su vida al arte del bordado, desarrollando un sello personal en su oficio basado en el arte popular tradicional y en el estudio y aplicación de temas decorativos renacentistas y barrocos que hicieron de sus piezas unos trabajos únicos.

Muchos de estos trabajos fueron realizados para su hermandad, donde compaginó acometer grandes proyectos con su función de prioste, mayordomo y consiliario durante casi cuatro décadas. Su labor se desarrolla en dos etapas, una primera de carácter restauracionista, de 1875 a 1900, donde el modelo romántico de sus palios y mantos (Lágrimas, Estrella, Victoria) fueron ejemplo a seguir y tuvo el culmen en el manto de malla de la Macarena en 1900.

En una segunda, se vincula más con el regionalismo y costumbrismo, desde 1900 a 1930. En esta etapa surgen los mantos macarenos de malla y tisú, el clasicismo del palio del Mayor Dolor y Traspaso del Gran Poder o de Ntra. Sra. de la Presentación de la Hermandad del Calvario. También de gran importancia los palios de la Macarena, la Hiniesta o Dulce Nombre para culminar con el de la Amargura.

Además de su maestría como bordador fue un predilecto del diseño cofradiero, no solo diseñando palios, sino ataviando por primera vez a las dolorosas de hebrea, añadiendo las capas al hábito de nazareno, diseñando el uniforme de los armaos, el de la corona de la Macarena o vistiendo a las Vírgenes con unos tocados llenos de magia.

Su producción fue muy extensa tanto para Sevilla como para Andalucía. Pero sin duda, las mejores joyas las dejó en Sevilla, en particular en el barrio de la Macarena donde se pudieron ver grandes obras como el manto verde, también conocido como el de malla o camaronero. Fue estrenado en el año 1900. Cuenta como base del bordado una red de oro sobre la que se fue bordando todo el dibujo. 

El palio granate bordado ocho años más tarde. Es el arquetipo de palio sevillano que conjuga lo popular con lo erudito, pieza clave por lo novedoso e influyente para creaciones futuras, y que por primera vez combina en las caídas del palio la malla y el terciopelo. Sintetiza lo mejor de su obra con proporcionados elementos ornamentales y estudiadas separaciones de espacios y masas. En ese mismo año bordó los faldones del paso de la Virgen, que al igual que aquél célebre palio han desaparecido, adaptados sus bordados a otras prendas de la Hermandad, conservándose íntegra sólo la bambalina delantera.

Una tercera y última etapa llevan a una mayor concentración de bordados en superficies de mantos y palios, con los mismos diseños habituales de este artista. Entre las obras de esta etapa destaca el palio y manto de la Virgen del Subterráneo de la Hermandad de la Cena es de 1924 o el manto de la Virgen del Valle, de 1920, se crea a juego con las bambalinas del palio, único ejemplar de los bordados del siglo XVII de la Semana Santa sevillana. Para la Virgen del Dulce Nombre realizó Rodríguez Ojeda su palio en terciopelo azul en 1921, en cuyas caídas combina el palio de figura con el de malla, en cuya bambalina frontal aparece el escudo de la ciudad de Sevilla, y en la posterior las armas de Castilla y León. Este palio fue pasado a nuevo terciopelo en el taller de José Manuel Elena entre 1984 y 1989. El manto, también en oro sobre terciopelo azul fue realizado por Juan Manuel en 1924.

En este mismo año estrena la Virgen de la Candelaria su original palio bordado en plata sobre terciopelo azul y malla. En 1919 realizó una túnica bordada sobre tisú de plata para Nuestro Padre Jesús en el Desprecio de Herodes de la Hermandad de la Amargura, con decoración a base de rocallas. Años más tarde, en 1926, estrenó la Virgen su soberbio palio granate; y un año después el manto de la Virgen, la túnica de San Juan y los faldones del paso, unas piezas excepcionales en terciopelo carmesí bordadas en oro, de gran delicadeza en su decoración.

En abril de 1928 la Madre de Dios de la Palma de la Hermandad del Cristo de Burgos estrena un bello palio bordado por Rodríguez Ojeda, en oro sobre terciopelo granate, cuyo modelo -que no incluye malla-, se aparta de otros anteriores de esta etapa y remata de una forma peculiarmente ondulada. Del mismo año es el manto de la Virgen del Refugio de la Hermandad de San Bernardo; al siguiente año el palio de la Virgen, y en 1931 los faldones del paso, estrenados después de muerto su autor. Todas estas piezas desaparecieron en 1936, durante las revueltas de la Guerra Civil, siendo reconstruidas en la siguiente década en los talleres de José Caro siguiendo con rigor los bocetos de Rodríguez Ojeda.

Hijo de Juan Manuel Rodríguez de la Rosa y de María de los Dolores Ojeda Gómez, en 1868 la familia se traslada a la actual calle Duque Cornejo de la capital hispalense, ingresando Juan Manuel en el célebre taller de las hermanas Antúnez, Ana y Josefa, situado en la vieja huerta del Zapote, en cuya casa y collación desarrollaría toda su labor creadora, con una línea personal que transformaría el concepto de los bordados cofradieros, tanto en Sevilla como en otros puntos de Andalucía.

De su genialidad creadora salieron novedosos diseños que, basado en el arte popular tradicional y en el estudio y aplicación de temas decorativos renacentistas y barrocos, logró un sello personal que hace de sus trabajos piezas reconocibles y diferentes del resto. Su arte estuvo marcado por su pasión por los bordados y por la Semana Santa de Sevilla, así como su especial devoción por la Esperanza Macarena, a cuya imagen y hermandad dedicó gran parte de su vida, ostentando el cargo de prioste en su cofradía entre los años 1877 y 1884 y cambiando su «forma de vestir» a la Virgen.

Como colofón a una vida dedicada a espléndidos bordados, en 1930, el mismo año de su muerte, creó para la Esperanza Macarena el emblemático manto de tisú que la Hermandad quiso tener para la madrugada de ese año, coincidiendo con la Exposición Iberoamericana de Sevilla; un manto sin precedentes en la ciudad, donde el tisú suma los reflejos del oro de los bordados al suyo propio; un rico manto que fue pasado a nuevo tejido en 1975 y 1995 en el taller de bordados Fernández y Enríquez. Posteriormente este manto fue nuevamente restaurado por el mismo taller de Fernández y Enríquez, en Brenes en el año 2013, quedando expuesto durante unos días para su contemplación, ya restaurado, en la Fundación Cajasol en el mes de marzo de ese año. Falleció el 29 de noviembre de 1930, a la edad de 77 años.

 


Bibliografía: Esplendor y simbolismo en los bordados. Antonio Mañes Manaute. En: Sevilla Penitente, Volumen III. Editorial Gever, S.A., Sevilla, 1995.

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