El pintor cordobés Juan Zamora ha presentado este domingo el cartel anunciador de la festividad de Nuestra Señora de los Remedios, patrona de Antequera, una creación de profundo contenido simbólico que convierte a la ciudad en protagonista de una composición concebida como un homenaje a la devoción que los antequeranos profesan a su Patrona. La obra articula un elaborado discurso visual en el que confluyen la historia, la fe, el patrimonio, el paisaje y la tradición, estableciendo un diálogo permanente entre la identidad de Antequera y la figura de la Santísima Virgen.
Una alegoría de Antequera como hija de María
La explicación ofrecida por el propio autor sitúa el inicio de la escena en el amanecer. La Peña de los Enamorados sirve de telón de fondo mientras la primera luz del día envuelve la silueta de una joven doncella que representa a Antequera. La ciudad aparece personificada con porte noble y los pies descalzos, consciente de caminar sobre una tierra bendecida y heredera de una historia secular.
Juan Zamora presenta a una Antequera «dulcemente joven pero antigua y cargada de nobleza», revestida con los colores azul y blanco de María, sobre los que destaca un manto rojo de terciopelo, evocando el regalo que, según la descripción del artista, un Infante quiso entregarle.
El escudo de la ciudad proclama su amor a la Patrona
La composición avanza hacia un amanecer inundado por una intensa luz dorada, momento en el que Antequera presume de Madre. La ciudad aparece desbordada de amor hacia su Patrona hasta el punto de que su escudo abandona toda su simbología habitual para convertirse en la manifestación de una hija que proclama su devoción con una única inscripción: «Yo soy Antequera y Tú eres mi orgullo».
Ese mensaje constituye uno de los ejes conceptuales del cartel, donde la ciudad no solo aparece representada como un espacio geográfico, sino como una comunidad que reconoce en Nuestra Señora de los Remedios el centro de su identidad espiritual.
La bóveda del templo se funde con el firmamento
Uno de los elementos más destacados de la obra es la fusión de la bóveda de la iglesia de los Remedios con un cielo repleto de estrellas. En esa inmensidad celeste, el lucero del alba comparte protagonismo con el intenso resplandor de la Virgen, representada vestida de oro y cubierta de azules sedas, apareciendo Inmaculada, vida y dulzura sobre unas nubes encendidas por la luz del amanecer.
En torno a la imagen mariana se despliega un universo de constelaciones, astros, auroras y destellos cósmicos que acompañan la escena y subrayan el carácter celestial de la composición.
El 8 de septiembre escrito entre las estrellas
El artista incorpora además una referencia directa a la festividad del 8 de septiembre, fecha que aparece reflejada simbólicamente en la disposición de las estrellas del firmamento. Junto a ellas, una estrella fugaz o quizá un cometa recuerda, según la explicación del cartel, que María fue el primer Sagrario, motivo por el que sus entrañas aparecen revestidas de oro y flores, presentándolas como el lugar más santo de la tierra.
La inscripción «Yo soy Antequera y Tú eres mi orgullo» vuelve a cobrar protagonismo mientras la Alcazaba rinde pleitesía a la Virgen, el león se postra ante su belleza y las azucenas irradian la luz del amanecer, evocando la pureza y la esencia virginal de María.
Un recorrido espiritual por toda Antequera
La explicación artística se convierte también en un recorrido por la geografía devocional de la ciudad. El nombre de Remedios aparece descrito con reflejos tornasolados y tonalidades azules, como expresión de su Concepción Inmaculada, mientras el autor define a la Virgen como el consuelo anhelado por generaciones de antequeranos, que, según expresa el texto, han bordado su nombre en las entretelas del alma desde la noche de los tiempos.
La obra proclama a la Patrona como Madre del Torcal, de la Peña, del Coso Viejo, de Santa María, de la Cruz Blanca, de la Puerta de Granada, del Romeral, de Menga y Viera, de los cimientos y de las entrañas de esta tierra, de la vega, de los Franciscanos, de los Capuchinos, de los Dominicos, de los Carmelitas, de la Victoria, de los Agustinos, de las Filipenses, de las Catalinas, de los Trinitarios, de las Mínimas y de las Clarisas, además de Madre de la Fuente eterna de Salud que es Cristo y Madre de todos los recónditos rincones de su feudo.
Una exaltación de la Patrona de Antequera
La descripción concluye evocando a la Virgen reinando en el Portichuelo y bajo las cúpulas barrocas que la cobijan, destacando también el pellizco de su manto, interpretado como una caricia maternal que ofrece cada amanecer a sus hijos.
Finalmente, el texto presenta a los antequeranos como esclavos de la belleza de su Patrona, culminando con una invocación que resume el sentido de toda la obra y la profunda vinculación de la ciudad con Nuestra Señora de los Remedios: «Tú, ofrenda sagrada y milagrosa del Apóstol de España. Tú fuiste, eres y eternamente serás… el mayor orgullo de Antequera».











