Córdoba

La Crónica: Jueves Santo de contrastes

Gente en la calle desde las primeras horas en que este Jueves Santo quiso arrancar, simultáneamente, en tres barrios diferentes de la ciudad. El pueblo cordobés no quiso dejar sola a ninguna de sus viejas devociones y se hizo presente tanto en los distintos templos de la ciudad para asistir a los Sagrados Oficios así como a la celebración de la Pasión del Señor en sus calles.

La calle de la Feria fue todo bullicio y algarabía desde mucho antes de las cinco de la tarde, hora fijada para el inicio de la estación de penitencia de la Cofradía. Igual que todo el recorrido que siguió el Señor de la Caridad. Cofradía donde todo siempre es igual. Cortejo de señoriales nazarenos de túnica negra y cubrerrostro rojo, mismo color del calvario de claveles del Crucificado de San Francisco. La profunda restauración a la que ha sido sometido el Señor ha sido todo un acierto y magnífico se presentó ayer al pueblo de Córdoba, acompañado siempre de esa Virgen, que no tiene advocación, pero que sí posee una categoría y una belleza que la hacen única en la ciudad.

Jueves Santo de contrastes. Silencio y majestuosidad para el Señor de los señores de la ciudad. Jesús Nazareno caminaba en silencio camino de la Catedral por la calle San Pablo. Igual que debía hacerlo en siglos pretéritos. Cruz de plata sobre peana de plata y la añeja túnica roja con bordados en oro. Las túnicas estrenadas el pasado año dan muy buena presencia a un cortejo que no podría cerrarse mejor que con la presencia de María Santísima Nazarena. Otra joya de Córdoba que muchos solamente tienen ocasión de ver una vez al año. No podía lucir más hermosa una de las mejores Dolorosas de Andalucía.

Y luego vino Jesús Caído. La talla del portentoso Nazareno devoción de los carmelitas que se posa en el suelo desplomado por el peso de la cruz. La talla ha vuelto hace poco a San Cayetano. Justo a tiempo para no faltar a la cita con sus devotos de cada Jueves Santo. La Cofradía trabaja duro y recoge en su cortejo los frutos del peso de la tradición con el acompañamiento de los que antes y ahora han formado y forman parte de la comunidad educativa del Colegio Virgen del Carmen. El barrio de Santa Marina no quiso ser menos que el de San Francisco y, a la ida y a la vuelta de la Cofradía, fue un auténtico hervidero de gente. La banda del Caído y Fuensanta vino a corroborar que la música procesional de la ciudad goza de un momento de forma extraordinario. Por su parte, Nuestra Señora del Mayor Dolor en Su Soledad cerró la exigua presencia de Dolorosas bajo palio de la jornada con su añejo palio negro bellísimamente exornado.

La Hermandad Sacramental de la Cena está llamada, en un futuro inmediato, a aumentar la citada nómina de palios del Jueves Santo. Pero eso será otro año. De momento el único paso de la Cofradía de Poniente procesiona con majestuosidad de principio a fin. Conjugando alegría y clasicismo, el paso de Jesús de la Fe es uno de los que mejor andan de la ciudad. Impresionante la imagen de este barco dorado caminando por las naves de la Catedral.

Y luego llegó el paso de Nuestra Señora de las Angustias. Y nuevamente nos volvimos a retrotraer en el tiempo. Y nuevamente, igual que siempre, la mano tendida del hijo muerto que cobija su bendita Madre en su regazo. Y nuevamente emoción a flor de piel. Y el sudario que se abrazaba a la cruz movido por el viento bajo la Puerta del Perdón nos dejó otra estampa única para guardar en el rincón de la memoria.

El calvario que conforman las Sagradas Imágenes del Cristo de Gracia avanzaba valiente de camino a los Trinitarios. Se repitió la imagen del cartel de esta Semana Santa salida del pincel de Nuria Barrera. San Juan, María Magdalena y la Virgen de los Dolores y Misericordia contemplan el cuerpo muerto del Hijo de Dios clavado al madero. Todo se ha cumplido y el divino Esparraguero parece bendecir con sus manos atravesadas por los clavos a todo el pueblo de Córdoba.

Madrugada de Silencio. En San Hipólito se abren las puertas a las doce de la noche para dejar salir al Silencio. Silencio en el magnífico calvario del Cristo de la Buena Muerte. Silencio entre túnicas negras de ruán. Silencio que solamente rompen las bellotas al impactar en los varales del paso de la Reina de los Mártires. Y así comenzó una Madrugá de contrastes: con el Silencio de la Buena Muerte en Gran Capitán con el alegre caminar del Esparraguero por la calle de la Feria ya de vuelta al viejo Alpargate.

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup