La Crónica: El Jueves Santo es la esencia de la Semana Santa

​El Jueves Santo es un día irracional. No valía ir a ver cofradías. Se debía dejar llevarse por ellas. Gran elenco de hermandades seleccionadas con gusto. El aire tornaba festivo y las mujeres vestidas de mantillas provocaban un aleteo en el corazón junto a las Vírgenes. El día no podía ser más romántico.

Desde Recaredo venía la cofradía de los negros. El respeto de llevar a Cristo muerto tenía como marco el incienso, el sol y la caoba. En Sagasta se comprendía que la muerte puede ser hasta hermosa. La Virgen de los Ángeles portaba uno de los mantos más extraordinarios de la Semana Santa recién restaurado. Era uno de los estrenos más esperados. Mientras, el paso de palio siguió luciéndose de una manera sin el servicio de Antonio Santiago que fue sustituido por los Hermanos Gallego.

El sol volvía a lucir esplendorosamente bello desde su calle homónima. Pudo ser la última vez que Sevilla vio salir a la Exaltación desde los Terceros. El misterio atrapaba las miradas de los niños que se sorprendían de la cara de angustia del Señor. Paso pesado llevado con paso largo y primoroso que este año estrenaba parihuela. La Virgen de las Lágrimas se lució con sin igual elegancia con un repertorio variado y medido interpretado por la relevante Banda de Música Municipal de Arahal. La formación estrenó la marcha Lágrimas de Sevilla ante una dolorosa muy bien ataviada.

Muchas horas de calor fueron las que tuvieron que soportar los nazarenos de las Cigarreras. Desde los Remedios las calles no permitían la sombra en las primeras horas del recorrido. El misterio, uno de los más conseguidos y gustosos de Sevilla fue un regalo verlo en los alrededores del Alcázar. Mientras, la Virgen de la Victoria era el centro de un monumento del bordado que se apreció con nitidez en las calles del Arenal, llenas de mucho público.

En la calle Feria la cofradía de Monte-Sión devolvió a la ciudad el aire más fresco y puro de la Semana Santa. El Señor de la Oración en el Huerto volvió a salir después de presidir el vía crucis del consejo el primer lunes de marzo. Esta vez con los apóstolos que este año han sido restaurados. El misterio supo lucirse y aprovechar los sones de la Agrupación Musical de la Redención. 

Cuando el cielo mostraba su tono más romántico, en las calles más céntricas de la ciudad la Semana Santa evocaba su sentido más solemne. Desde la Magdalena salía la Quinta Angustia. Cofradía que sabe andar por la calle delante de un Cristo en continuo movimiento que deja su rostro grabado ante las personas que los ven. Inolvidable siempre el paso por el Arenal de esta cofradía.

La Hermandad del Valle puso el tono más romántico de la Semana Santa. Las calles de Cerrajería y Cuna fueron un auténtico verjel. No paraba de sonar la marcha Virgen del Valle ante el paso de palio a parte de otras grandes composiciones como La Madrugá interpretada por la Banda de Música de Tejera. Delante, los dos pasos de misterio apretaban el corazón de los sevillanos cuando se disponían a alargar la zancada. El Valle fue otra dimensión.

La última cofradía en salir a la calle fue la de Pasión. Nazareno eterno y divino. De muchos rezos y miradas en la calle. La perfección en una ciudad que no lo acogió como debía por la gran multitud de basura que se concentraba en Javier Lasso de la Vega. La Virgen de la Merced fue un regalo para los sentidos, la excusa perfecta para que la gente siguiera con la última cofradía del Jueves Santo antes de dar paso a la Madrugá. La Banda de Música de la Oliva de Salteras supo tocar con gran maestría un repertorio espléndido para el palio de la Virgen de la Merced.