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El Capirote, Opinión, Sevilla

La camiseta y la imagen

En la céntrica calle San Eloy uno puede encontrarse con multitud de comercios. Uno de ellos exhibe esta camiseta donde aparece la Virgen del Rosario Doroloso, como saben, titular de la corporación del Polígono de San Pablo. Fue José de León, uno de los más críticos contra aquellos que hiperventilaron por la difusión de las imágenes en procesos de restauración quien subió una imagen a su perfil en una conocida red social.

Esta tarde, paseando por el centro me encuentro con que este comercio —del cual solo diré que se encuentra entre los primeros si uno accede desde la Calle Bailén—.  Y bien visible, pues está en plena calle. Lo de “Esperanza de Triana” en la parte inferior poco tiene que comentar, aunque quien haya visto “La Casa de Papel” conocerá las referencias que los protagonistas hacen sobre “el verde esperanza” en alusión al dinero que conseguirán si llevan a cabo sus propósitos. Porque el error de acompañarlo con la imagen de la Virgen del Rosario se queda en nada si lo comparamos con el ataque que nuevamente vuelve a producirse.

Pero dejando de lado a la primera serie española ganadora de un Emmy Internacional, ¿qué pinta en esta camiseta el rostro de la dolorosa? ¿Hasta cuándo vamos a tener que soportar que las imágenes se utilicen en beneficio de unos cuantos, en este caso para ganar dinero, y se conviertan en objeto de burla? No son pocos los ejemplos que se llevan produciendo en los últimos años y todo parece indicar que seguirá siendo así, sobre todo si finalmente acaba triunfando una ola de laicismo que amenaza con arrasar todo lo que encuentra a su paso.

Flaco favor hacemos ante los ataques si no se consigue estar unido y condenar este tipo de ofensivas. Por un lado están quienes niegan que sean creyentes ante sus amigos y evitan hacer referencias a ello porque consideran que acabarán siendo protagonistas entre risas y burlas y, por otro, aquellos que sencillamente se avergüenzan de creer. Del mismo modo que hay actores pésimos, también los hay entre los creyentes. Y cada vez son menos aquellos que defienden sus pensamientos y creencias, bajo un tsunami que amenaza con devastar siglos de historia y la única verdad irrevocable.

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