El Capirote, Sevilla, 💙 Opinión

La campanada

La historia que les voy a contar a continuación comenzó cuando Ramón de la Campa expresó en su cuenta de Twitter el error ortográfico que observó en una obra reciente. A mediados de enero de este año se desvela el cartel que conmemora el quinto centenario del Cristo de la Amargura de Carmona. Su autora, Nuria Barrera, plasma una frase latina tal y como se recoge en las reglas de la corporación.

Ramón de la Campa, reconocidísimo filólogo, expresa el error contenido a través de la red social del pajarito. Y es cuando el mensaje emitido por el licenciado en Filología Clásica, profesor de Lengua Castellana, ministro acólito, lector de la diócesis de Sevilla, investigador de temas históricos y un largo etcétera comienza a comentarse en los círculos cofradieros.

Un eminentísimo estudioso detecta un error y lo comparte públicamente —sus tweets son visibles— y pronto la hermandad emite un comunicado. Quizá hubiera sido recomendable que el citado ilustrísimo hubiera contactado con la Amargura de Carmona privadamente en vez de avisar a través de un altavoz a la ciudadanía del fallo cometido. Pero no fue así. Quién sabe si hubiera sido otra corporación si la actuación habría sido diferente.

Lo que sorprende no es que nos deleite con su sapiencia —que agradecemos humildemente el resto de los mortales— sino que no se continúe en una línea en la que solo se reafirme en ocasiones. Por ejemplo, para expresar las equivocaciones que en ocasiones se han cometido por parte del sacerdote en la misa a la antigua usanza que se celebra los domingos en la Santa Escuela de Cristo, lugar al que he acudido y donde estaba presente el señor don Ramón. Porque este que suscribe, que tiene escaso conocimiento de latín, ha captado cómo se alteraban gramaticalmente oraciones durante la celebración y nadie mostraba en redes sociales tal desacierto.

Observo en el libro de su amigo Manuel Jesús Roldán que faltan algunas mujeres notables en su última obra, como es el caso de María Eugenia de Beer, hija del pintor Cornelio de Beer, y una de las escasas mujeres grabadoras de la época, la primera en la corte española. Supongo que no habrá detectado la ausencia de la misma.

Polémicas hay dentro de las redes y fuera. Recuerdo cuando un usuario expresó que la Virgen de los Reyes no le agradaba: «Ni con rostrillo ni sin rostrillo», y el docente Jesús Romanov, amigo de Ramón, escribió: «Tiene que haber gente para todo. ¡Pobre ignorante!». Historias trasladadas a la calle me vienen la de aquel señor que compró un título nobiliario y hace unos años tuvo que enfrentarse a un juicio por impago a uno de sus extrabajadores.

Pero algunas serán destapadas en las redes sociales y otras no. Recuerdo aquella frase que decía: «Lo que vale para uno tiene que valer para todos y lo que no valga para alguno, que no valga para nadie».

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