Córdoba

La candidatura de Juan Rafael Cabezas anuncia la conmemoración del 75 aniversario del fallecimiento de Manolete, antiguo hermano mayor de Jesús Caído

Una celebración que se une al VII Congreso Nacional de hermandades de Jesús Caído

La Candidatura que encabeza el actual hermano mayor de la Hermandad de Jesús Caído, Juan Rafael Cabezas, continúa desvelando proyectos y propuestas con vistas al Cabildo General de Elecciones que tendrá lugar el próximo mes de septiembre. La última de ellas hace referencia a la efemérides que tendrá lugar el próximo año 2022, cuando se cumplirá el 75 aniversario del fallecimiento del antiguo hermano mayor de la Cofradía, Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, mundialmente conocido como Manolete, en la plaza de toros de Linares, fecha que la Hermandad recordará «dada la importancia que tuvo tanto como matador de toros, cristiano y hermano mayor nuestro». En este sentido, la candidatura de Cabezas ha desvelado que ya está «pensando -e hilvanando- los actos a realizar para recordar una fecha que, como cristianos, creemos que no debemos dejar pasar».

Una celebración que se une al VII Congreso Nacional de hermandades de Jesús Caído que debió haberse celebrado en octubre de 2020. Si bien la situación sanitaria lo prohibió, este «es otro proyecto pendiente que esperamos poder convocar lo antes posible siempre con el permiso de las autoridades sanitarias y demostrar, una vez más, la valía que nuestra hermandad tiene de cara al exterior», ha explicado la candidatura.

Jesús Caído, «la hermandad de los toreros»

Tenemos que remontarnos a los últimos lustros del siglo XVII para encontrar los primeros antecedentes de la Hermandad del Caído de Córdoba, cuando el canónigo catedralicio Francisco Bañuelos y Murillo dona la efigie del Nazareno al Convento de los Carmelitas hacia 1676. No obstante, la fundación de la cofradía no llegaría hasta 1765. Aunque convertida entonces en una de las cofradías más importantes de la ciudad, la invasión francesa de principios del siglo XIX propició una larga crisis en la hermandad que la llevaría a desaparecer, situación agravada en 1820 cuando el obispo Trevilla publica un reglamento que abole las procesiones para unificarse en el Viernes Santo.

Tras una recuperación en 1851, la corporación volvería a entrar en decadencia entre 1859 y 1874. La restauración monárquica propició un auge de las celebraciones religiosas, lo que llevó a la Hermandad del Caído incluso a realizar estación de penitencia en solitario el Jueves Santo, además de participar en la procesión oficial del Viernes Santo. En 1880 se hará cargo de la cofradía el primero de los diestros que después le darán su fama de Hermandad de los Toreros: Rafael Molina Sánchez, Lagartijo. En esta época se estrenan la túnica de Jesús Caído, donada por el propio hermano mayor, y unas andas para Jesús Caído.

En 1880 se hará cargo de la cofradía el primero de los diestros que después le darán su fama de Hermandad de los Toreros: Rafael Molina Sánchez, Lagartijo. En esta época se estrenan la túnica de Jesús Caído, donada por el propio hermano mayor, y unas andas para Jesús Caído.

Años después será otro personaje vinculado al mundo del toro quien tome las riendas de la corporación: Rafael Flores, que realizaría unas nuevas andas doradas para el Nazareno. Tras el apogeo de la época de los marqueses de la Mota del Trejo a partir de 1922 y la decadencia provocada por la Segunda República y la Guerra Civil, en 1939 El Caído elige un nuevo hermano mayor del barrio de Santa Marina, cuyo futuro parece empezar a vislumbrarse como el de uno de los matadores de mayor fama y renombre en la historia del toreo: Manuel Rodríguez Sánchez, Manolete. La llegada del diestro cordobés a la hermandad viene propiciada por la relación entre Rafael Flores, miembro muy activo de la hermandad, y Manuel Flores Camará, su hermano y apoderado de Manolete. Nombres ilustres relacionados con la hermandad se incorporan a la directiva: los hermanos Flores, Patricio Hidalgo, Antonio Anaya, Hermenegildo Friaza, Enrique Tienda o José C. Quero, entre otros.

La persona que gobierna en efecto la corporación día a día es Rafael Flores, pero la llegada de Manolete supone un nuevo impulso que se plasma en la realización de un nuevo paso para la imagen de Jesús Caído y que, por otra parte, representa la consolidación de la popularidad de la cofradía. Las nuevas andas fueron estrenadas en la estación de penitencia de 1943, siendo el paso más antiguo de la Semana Santa de Córdoba. Su ejecución se inspiró en el paso del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, titular de la Hermandad de los Estudiantes de Sevilla. En recuerdo y agradecimiento a la intensa labor de Manolete, la corporación dedicó una misa solemne el pasado 2 de diciembre de 2017 en conmemoración al primer centenario del nacimiento del torero.

Durante el mandato de su antecesor, Francisco Hidalgo, se realizarán los faroles del paso de Cristo, coincidiendo con la muerte de Manolete en los ruedos de Linares en 1947. Será sucedido por Rafael Gálvez, que prolongará su mandato desde 1948 hasta 1966, durante el cual se culmina el paso de Jesús Caído con la incorporación de diversos elementos ornamentales.

Ya en 1997, bajo el mandato de José Jiménez Pérez, se restaura el paso de Jesús Caído en los talleres de Andrés Valverde, a tenor de los fondos recaudados por la organización de un festival taurino, cuyo peso lo llevó el diestro Enrique Ponce, joven torero al frente del escalafón durante varias temporadas y que comienza a vincularse a la hermandad, con la que procesiona cada Jueves Santo acompañado de otros como su subalterno Antonio Tejero o el matador Rafael González Chiquilín.

Nuevamente, entre los últimos meses de 2017 y los primeros de 2018, se ha llevado a cabo una nueva restauración del paso de Nuestro Padre Jesús Caído, labores que se han desarrollado en el taller de Juan García Casas, ubicado en La Rambla y especializado en carpintería religiosa. La intervención consistió en la realización de una nueva parihuela en pino de Flandes, bastidores, trabajaderas y zancos; repaso y barnizado de canasto y respiraderos; y refuerzo de los soportes de los cuatro faroles. Según el carpintero, el estado de canastilla y respiraderos era excelente, conservando aún el charolado original gracias a los cuidados continuos de la corporación. Se diseñó para ser empujado con ruedas, por lo que se resiente la estructura interna; en la última intervención ya se había reforzado dicha estructura interna.

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