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La capilla sacramental de Santa Catalina, barroco y asombro

La Exaltación celebra este 2021 los tres siglos de un espacio sorprendente

Corría el año de 1721 cuando la sacramental de Santa Catalina solicita al Consistorio la cesión de unos terrenos para erigir una capilla mayor que la que poseían. Esta, ocupada actualmente por Nuestra Señora del Rosario se había quedado pequeña ante el crecimiento de hermanos y el patrimonio que atesoraba. Nació así un espacio que trescientos años después deslumbra a quien la visita.

Leonardo de Figueroa dirigió una construcción cuyas obras se alargaron hasta 1736. Fallecido este prosiguieron la gesta Juan Serrano y los canteros Fernando Jordán y Miguel Quintana, autor de los zócalos y la representación de la Fe visible desde el exterior. La capilla, de planta rectangular está situada en el testero de la nave del Evangelio, desarrollando en su interior un amplio programa iconográfico que quedó recogido en la obra de Juan Carlos Hernández Núñez, en 1997, cuando fue restaurada gracias a la colaboración de la Fundación Argentaria y la Consejería de la Junta de Andalucía.

Al barroco se le incorporaron nuevas molduras que siguen el estilo rococó. En los años treinta del XVIII coinciden José García, autor de las pinturas murales, y Duque Cornejo, creador de los cuatro ovalados situados en la bóveda del presbiterio. Aquella centuria alumbró también la «Apoteosis de la Inmaculada» y los lienzos «La caída del maná» y «Moisés haciendo brotar el agua de la roca del Horeb», de Vicente Alanís.

El retablo

Entre 1748 y 1756 oscila el periodo en el que el retablo principal va tomando forma hasta convertirse en un manifiesto ejemplo del retablo sevillano del XVIII. Una efigie de la Inmaculada preside la capilla del Sagrario, y flanqueada por Santo Tomás y San Juan Nepomuceno. En el ático, San Sebastián, cuya presencia se debe a su titularidad como copatrón de la sacramental. Junto a él, las santas Justa y Rufina. Destacables son los ángeles y pinturas que realizó José García.

Una obra de valor incalculable

Si la capilla sacramental es toda una obra incomparable el contenido de sus obras aumenta aún más su valor. Es el caso de la tabla de Pedro de Campaña que preside el retablo del muro izquierda de la misma, en el retablo de ánimas. En 1757 Felipe Fernández finaliza la factura de este retablo, en cuyo interior se encuentra una obra pictórica fechable a mediados del XVI. Cristo atado a la Columna aparece acompañado por un donante y Santa Mónica, madre de San Agustín, y San Pedro arrepentido. Flanquean la tabla San Isidoro y San Leandro. Bajo ella, el Purgatorio, ubicados en el banco inferior.

La hermandad sacramental llegó a mediados del siglo XX con una merma considerable en su nómina. A punto de desaparecer, en 1964 se fusiona con la Exaltación y varias décadas después sufren el cierre del templo durante tres lustros. Abierta al público, lucía remozada la iglesia de Santa Catalina, ofreciendo al visitante el esplendor recuperado de sus estancias. Y de una capilla sacramental que no pasa desapercibido para quien en su interior se ve envuelto en un programa iconográfico donde el arte nos acerca al misterio de la Eucaristía.

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