La columna de Josema | Adiós, cofrade…

Hace un par de semanas fallecía en Granada Francisco (Curro) Andrés. Cantaor y abanderado de una de las peñas más importantes de Andalucía y -por supuesto- de Granada: la Peña la Platería. Con Curro se va un cofrade -por encima de su amor al cante- que, con otros más, tomó las riendas de la depauperada Semana Santa de Granada de los años setenta para elevarla a las alturas que vive en la actualidad.

Curro estuvo en las fases embrionarias de la Hermandad de Jesús del Amor y la Entrega y María Santísima de la Concepción y en la de Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Merced. Nunca dejó de cantar y nunca -al menos así me consta- dejó de ayudar donde se le pidió. Independientemente de los conflictos -que todos los tenemos- Granada pierde un buen hombre, un gran cofrade y un extraordinario cantaor. Director, que lo fuera, de la escuela de saetas de la Hermandad de la Santa Cena Sacramental, mantuvo a flote este palo de cante tan complicado para que en la ciudad de la Alhambra no se perdiera.

Las curiosidades de la vida llegan cuando fallece el día de Nuestra Señora de la Merced, a Ella a la que amó tanto y le cantó. Por el albaicín le echarán mucho de menos, próximos a cumplir los primeros 50 años de vida de “su Concha”, y en el realejo siempre recordarán sus saetas desde el balcón encima del “Bar Santo Domingo” entre otras noches, la del martes Santo, en la recogida de la Cañilla.

Su sitio siempre estará en el Bar León, cualquier día de la semana a mediodía, serio, recto, formal, “mu granaino”, Curro se fue, queda su obra, su trabajo, su cante, su legado. DEP