La conexión entre el Nacimiento y la Pasión centra la función principal del Gran Poder presidida por el arzobispo

​En la tarde del martes 6 de enero, coincidiendo con la Epifanía del Señor, monseñor José Ángel Saiz Meneses presidió la función principal de instituto de la Hermandad del Gran Poder. La ceremonia, celebrada en la Basílica, contó con la pública profesión de fe de todos sus miembros y finalizó con una procesión claustral con el Santísimo Sacramento, que recorrió la plaza de San Lorenzo.

​»El Niño de Belén es el Varón de Dolores»

​Durante su homilía, el arzobispo explicó que la palabra Epifanía significa «manifestación del Señor» y recordó que los Reyes Magos fueron los primeros en reconocer a Dios en un niño. Monseñor Saiz Meneses subrayó que el Señor del Gran Poder representa la plenitud de ese misterio, afirmando que «el Niño de Belén es el Varón de Dolores«, aquel que carga con la cruz y se entrega totalmente. Según el prelado, en la imagen del Nazareno se encuentran la potencia y la humildad, mostrando cómo la fuerza de Dios se manifiesta al rebajarse hasta el hombre.

​El Gran Poder de Dios en los barrios más necesitados

​El arzobispo destacó que la hermandad ayuda a Sevilla a entender la Epifanía como una realidad viva. Señaló que el Gran Poder de Dios se ve en Jesús que nace pobre para salvarnos y que sigue presente hoy en la Eucaristía, en las imágenes sagradas y, sobre todo, en los pobres, enfermos y los que sufren. Monseñor elogió la acción caritativa de la cofradía en los barrios más castigados, comparando su labor con los regalos de los Magos: el oro de la caridad, el incienso de la oración y la mirra del sufrimiento compartido.

​Las tres claves de la profesión de fe

​Sobre la protestación de fe, el arzobispo recordó que este compromiso tiene tres partes que no pueden ir por separado. Primero, una fe profesada, que acepta todo lo que la Iglesia enseña sin elegir solo lo que nos gusta. Segundo, una fe celebrada a través de los sacramentos y los cultos. Y tercero, una fe vivida, basada en la caridad activa y el testimonio en la sociedad. Advirtió que, si no se vive de esta manera, la fe termina por secarse.

​Un año para que Cristo se manifieste

​Para terminar, el arzobispo deseó a los hermanos y a las familias una fe más pura y misionera. Pidió que, al igual que los Magos, todos puedan decir que han visto su estrella y vienen a adorarlo. Su deseo final fue que este nuevo año sea un periodo «epifánico» para la hermandad y para toda la Archidiócesis de Sevilla, logrando que Cristo sea más visible a través de una fe que se confiesa, se celebra y, sobre todo, se pone en práctica cada día.

​Este acto de culto y reflexión supone un importante ejercicio de evangelización, al recordar que la fe debe transformarse en una vida de servicio a los demás.